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Es la nueva crónica roja digital: miles de grabaciones llenas de sexo caliente y casual en centros comerciales, aviones o buses se confunden con capturas de pantallas de supuestos famosos protagonizando escenas de masturbación o toda la antología del Kamasutra.

El turno nuevamente es para Ricky Martin y el colombiano Maluma, a quien tratan de sacar del closet a como dé lugar. La única novedad es el tipo de encuentro sexual, del resto es la misma rutina de explicaciones no pedidas sobre sus preferencias y el respeto hacia la comunidad LGBTI.

Pregunto: ¿Hay alguna gratificación económica lo suficientemente jugosa como para fingir ser ciertas celebridades y montar toda esa pantomima? Peor aún si se trata de una esforzada labor investigativa por encontrar videos eróticos caseros y hallar parecidos razonables para difundir falsos rumores.

Puede ser incluso una calculada estrategia publicitaria, pero a costa de la reputación digital es un riesgo bastante alto.

En medio de todo esto subyace un fenómeno voyeur elevado a la décima potencia. El sexo escandaliza y atrae a partes iguales, ahora con la proliferación de videos artesanales de diversa índole. Y para que me entiendan el temor no es por el acto en sí, más bien con lo que sucede después de una grabación. Atrás quedó la época del video de Lully Bossa, actriz a la que suele recordarse por ese episodio. En este momento, con la facilidad de grabar cualquier tipo de actividad sexual el verdadero problema es exponer a personas que nunca supieron que las grabaron.

Esta peligrosa costumbre ha popularizado lugares como la famosa Línea Rosa del Sistema de Transporte Colectivo en México. Sí: el último vagón del metro de la capital mexicana ha originado historias como ésta. Se volvió un paisaje habitual de la zona la concurrencia de hombres de todas las edades y condiciones para la práctica del cruising (actos sexuales en lugares públicos) principalmente en momentos de baja afluencia de ciudadanos.  Entre otras consideraciones de orden de salud pública (el no uso de preservativos), de seguridad o de simple urbanidad, un aspecto que ya se salió de las manos es la libre circulación de videos y cuentas en redes sociales de los llamados “metreros”. En ellos cualquier regla del anonimato se vulnera en favor del cachondeo y el toucherismo, la excitación que produce tocar a personas desconocidas.  Muy seguramente rostros conocidos aparecen en cámara sin haber notado su presencia.

El punto es: puede que a usted le gusta grabarse y si es consciente de ello, aceptar que una pareja permanente lo haga. Pero, ¿y si se trata de un completo extraño?  ¿Si la grabación ocurrió en una circunstancia como la mencionada y usted ni cuenta se dio? No es ponerle misterio al sexo: son las implicaciones de una situación que usted ignoró y  que trae consecuencias si se descubre.

¿Qué acciones deben tomarse en este caso? La normatividad colombiana ya cuenta con algunas herramientas para proteger la reputación digital como la ley 1581 de 2012 sobre protección de datos personales.  Hasta 12 años de cárcel puede pagar los calenturientos que divulguen públicamente contenidos sexuales sin consentimiento de los que aparezcan en la imagen o grabación.

Mientras tanto… ¿quién será el próximo famoso o famosa que “confundan” en un video erótico?

Animal Kingdom: Familia criminal viene por más

La mítica actriz Ellen Barkin encabeza el reparto de una serie que plantea el peor escenario posible para la convivencia familiar: un negocio turbio del que todos buscan la mayor tajada. El clan Cody prepara un nuevo golpe, pero la traición puede estar a la orden del día. La adaptación televisiva de la película australiana homónima gustó y fue renovada para una segunda temporada que se verá por el canal AMC desde este 26 de junio a las 8:00 p.m. en cuyo reparto figura la colombiana Carolina Guerra.

Diez años de Esto Le Pasa/Distractor

Nunca pude cambiarle el nombre, pero igual, desde el 2007 escribo en este espacio que ha dado para hablar de cultura, cine, música, televisión, sexualidad o cualquier otra eventualidad de la vida cotidiana, mismas que he trasladado a radio en la emisora virtual Stereo Joint Radio. Por esa razón los invito a compartir un Facebook Live conmigo en el que contaré algunas anécdotas de esta década como bloguero en El Tiempo el próximo miércoles 28 de junio a las 10:00 a.m. a través de la fanpage del programa de radio a la que pueden acceder aquí.

Ayer terminamos la sexta temporada y la siguiente iniciará celebrando tres años del mismo, a la par con los diez del blog. De antemano mil gracias a este diario y a la emisora. Los espero entonces.

@juanchopara

juanchopara@gmail.com

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PERFIL
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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

Más posts de este Blog

  • Colombia

    Los límites de la verdad en ‘The Crown’ y otros recomendados

    La vida de los ‘royals’, estas monarquías que se resisten a desaparecer, que conservan tradiciones absurdas y transpiran drama por segundos, han llegado a nuestros ojos en diversidad de formatos: películas, series, parodias, documentales y todo lo que se puedan imaginar dan cuenta de un retrato de la sociedad anquilosado en el tiempo, pero que resulta adictivo al preservar su vena aspiracional. Es el brillo del poder y el dinero: los lujos que ocultan pasiones humanas que se deben refrenar por la conveniencia social, así como la obsesión de sostener una aparente rectitud, sin importar que la realidad diste mucho de ese deseo. [caption id="attachment_3072" align="aligncenter" width="819"]the crown - Poster de Netflix The Crown - Poster de Netflix[/caption] La serie de Netflix The Crown llega a su cuarta temporada pisando callos. Sin perder un ápice de su derroche en producción y calidad actoral, vuelve a poner en el tapete la amplitud en esas “licencias artísticas” para recrear los acontecimientos de una de las épocas más cercanas a la memoria colectiva global: la presencia de Diana Spencer, cuyo matrimonio con el príncipe Carlos marcó un gigantesco punto de inflexión en la reputación de la estirada corte de la reina Isabel II. Su creador, Peter Morgan, se solaza en dejar bien claro cuál fue el papel de cada personaje en una historia que comenzó como un cuento de hadas, pero aderezado de abundante magia negra, pues las motivaciones de la prestante familia inglesa resultan tan desconcertantes como maquiavélicas. Y a la debacle sentimental se le suma el cariz político con la introducción de Margaret Thatcher, cuyo gobierno no estuvo exento de tensiones tanto con la ciudadanía como con la misma reina. Esa composición de cotilleo con intriga política hace irresistible el conjunto, casi al nivel de un placer culpable, pues no interesa si sentimos empatía por alguno de sus protagonistas. Los ricos también sufren y acá la pasamos bomba entre tanta maledicencia e intromisiones de los monarcas en la vida de sus familiares. Ni siquiera lástima: los hechos verídicos que tantos periódicos vendieron en su momento lucían tan superficiales que se devoraban como si se tratasen de una revista de chismes. Así que el riesgo que toma The Crown en esta temporada es no convertirse en un relato de pasillo, y el resultado ya se ve con la abierta incomodidad de la familia real y varios de los biógrafos que califican como una falta de respeto y un completo despropósito tanta rienda suelta en los diez capítulos que conforman esta entrega, los cuales abarcan el período de 1979 a 1990. Puede que la adaptación de los hechos sea cuestionable, y en esto no hay quien se salve. Casi nadie de los personajes reales que se mantienen vivos comparte lo visto (aunque lo hayan pensado). No obstante, debo destacar que las mujeres de este episodio se llevan los aplausos. Olivia Colman, Emma Corrin y Gillian Anderson encarnan sus respectivos roles con gran solvencia, más para Corrin, que capta la esencia de Diana tanto a nivel gestual como en aproximarse a su drama personal. Un trabajo notable de apropiación del personaje. En el caso de Anderson, si bien la caracterización y ademanes se ven exagerados, creo que logra un semblante de la Dama de Hierro lleno de altivez, nada fácil de interpretar, pero tampoco un desatino como otros lo han percibido. Sus escenas con Colman van de lo divertido a lo emotivo, especialmente en el capítulo final. Las tres estarán en el ojo de las próximas entregas de premios. En suma The Crown mantiene los elementos básicos de una bioserie que hasta este momento fue complaciente con los hechos. Ahora se atreve a contarnos una historia de la cual conocemos tantos detalles que en este caso la vemos navegar entre los intereses de sus creadores en escandalizar para atraer audiencia o el compromiso con un punto de vista de los sucesos, más cercanos a lo que en realidad ocurrió, dejando al espectador la interpretación de los mismos. Como sea, insisto en que la distancia que marca el mundo de la realeza con el de la gente común hace que se revise la serie casi a un nivel morboso, digno de un folletín, que de un momento histórico. The Crown no nos va a dar clases en la materia, pero sí un platillo lleno de grasas y carbohidratos que engulliremos sin mayores ascos. Nueva música: Eddie Stofe & Maricela ft. Mario Castillo y Jeyluz y la banda Binovich Los artistas nacionales continúan más activos que nunca. Por ese motivo esta semana comento dos trabajos. El primero de ellos es el del proyecto musical cartagenero Eddie Stofe & Maricela, quienes preparan el lanzamiento de su nueva pieza musical llamada Espejismos, del cual se desprende el sencillo Háblame, en el cual unieron su talento con el cantante Mario Castillo y la intérprete Jeyluz. Desde el 2019 vienen colaborando en este ejercicio colaborativo que los llevó a México a través de Dreamer Agencia y a sumar participaciones especiales de otros músicos que se identifican con su propuesta. Acá pueden ver el videoclip de Háblame. Pueden seguirlos en Instagram y Facebook como @eddiestofeymaricela Por los lados del rock encontrarán a la banda de rock alternativo bogotana Binovich, conformada en el 2017 por Nicolás Valencia (Bajista), Sebastián Ruiz (Guitarrista y Vocalista) y Santiago Roncancio (Guitarrista). Tras su debut en el 2019 con un EP de tres sencillos, este 2020 nos presentan Tápense los oídos, un álbum dividido en dos partes, del cual promueven el sencillo Tú, Fuego del lado B de este trabajo. Los pueden encontrar en Instagram @binovich_ y en Facebook como BinovichRock En ambos casos podrán encontrar su música en las principales plataformas de streaming como Deezer, Spotify y Apple Music. Mauricio Rosero, un promotor de la esperanza En el podcast de Radiodistractor agregamos una entrevista al colombiano Mauricio Rosero, un influenciador que dedica su atención a promover mensajes de positivismo y transformaciones personales. Su experiencia y ganas de ayudar han llevado a este joven de 29 años a hacer parte de distintas organizaciones no gubernamentales. En el 2018 su trabajo fue reconocido en la ONU (Organización de las Naciones Unidas), reconocimiento que lo llevó a ser partícipe de una importante cumbre sobre ODS. ¿Qué hace un orador motivacional? ¿Cómo desempeña su labor? Los invito a conocer su experiencia de vida en el siguiente audio.   Pueden seguir en Instagram como @Mauriciorg8. Charlando con Pachoman Para cerrar este post, les comparto una interesante charla que anticipa algo de mi acostumbrada lista de lo mejor del año 2020 en cuanto a series y películas que pude ver. Gracias a la invitación de Francisco Córdoba, Pachoman, por compartir con su audiencia mis percepciones al respecto. Lo pueden seguir en @pachoman en todas las redes sociales y seguir sus lives en Facebook, Twitter y YouTube de lunes a viernes a las 7:00 p. m. juanchopara@gmail.com @juanchoparada www.juanchoparada.com 

  • Colombia

    Sobre el fin de una era periodística y documentales sobre videojuegos

    Cuando Jeff Bezos, el multimillonario presidente de Amazon, compró The Washington Post en el 2013, todos imaginaron que el legendario periódico estadounidense que –entre otros hitos- destapó el sonado caso Watergate que dio al traste con la presidencia de Richard Nixon, se diluiría en su paso al entorno digital y vería menoscabada su independencia editorial. En una carta de su puño y letra que envió a los empleados del diario, divulgada posteriormente, varios medios extrajeron una frase que hoy aún navega entre ser una oportuna visión o una astuta justificación: “Necesitaremos inventar, lo que significa que necesitaremos experimentar”. Desde entonces TWP mantiene su prestigio y reconocimiento que, en principio, poco se ha visto alterado por la alargada sombra de su dueño. Y es un escenario ideal, si bien no guste mucho la concentración de los medios en manos de empresarios poderosos. Pero esa no es la cuestión principal. El anuncio de Bezos partió, como ha ocurrido con otras adquisiciones de conglomerados en la industria de la comunicación, tanto de satisfacer alguna vanidad personal como de encontrar la fórmula de la rentabilidad que haga frente a los desafíos impuestos por el avance desaforado del mundo virtual. Traigo este caso a colación pues el caso de la revista Semana, medio que seguí durante mucho tiempo, abre múltiples cuestionamientos no solo sobre esa alquimia para elaborar la fórmula perfecta para gestionar medios de comunicación comprometidos con la divulgación de contenidos de calidad con un modelo de negocio que les permita solvencia. Traslada y aumenta la preocupación sobre la dignificación del oficio periodístico que tanto se proclama en la academia, pero que en la vida real se traduce en convertir la banalidad como cebo, el protagonismo de los comunicadores como bastión por encima de la credibilidad y la dictadura del clic como referente de calidad. Si ese es el destino de los medios de comunicación, si esa es la frecuencia en la que deben sintonizarse para aumentar unos cuantos ceros a sus cuentas bancarias, pues no vale la pena formar futuros periodistas a los que se les despierte una auténtica vocación. Si el afán por el show o la firme intención de polarizar con información escasamente analizada son los propósitos que guían ahora las empresas periodísticas, entonces que cada quien arme su tribuna en la plataforma que desee y, si tiene éxito, termine cooptado por alguien que encuentre atractivo su mensaje para servir a sus propios intereses. Al carajo la verdad, el servicio ciudadano, la investigación, los rostros de las tragedias que importan o de las acciones que cambian para bien su realidad. Bienvenida la calumnia disfrazada de valentía, los puntos de vista con personajes irrelevantes y la obsesión por alimentar las redes sociales con el veneno de ser la tendencia número uno a costa de la manipulación de los sentimientos de algunos que circundan por allí con ganas de cargarse lo que sea. No niego que estamos viviendo un cambio. Que aun resulte incierto el rumbo para los valientes que intentan apalancarse en la virtualidad para ser portavoces de distintas historias es también un hecho innegable. Pero que ese escenario digital no se convierta en una excusa para sacrificar convicciones o que estimule cambiar posiciones porque el que pone el billete manda. Lamento de verdad el fin de la era que brindó una casa periodística a la que he respetado desde que la conozco, así como a los cientos de colegas que han pasado por allí y los que acaban de dejarla como si se les hubiera venido encima. Si sus nuevos propietarios reflexionan sobre cada uno de estos aspectos, tal vez, su nueva cara no resulte tan chocante, pero si sus reacciones inmediatas son cada vez más erráticas, terminarán por enterrar inmerecidamente todo un legado y su permanencia se verá altamente comprometida. Qué triste es sobrevivir a una situación tan extrema como esta pandemia y ver cómo quedan atrás las cosas que admirábamos, o se transforman en algo irreconocible. Peor aún si nos queda la sensación de un periodismo agonizante, conectado a un respirador artificial de click bait, videos de Tik Tok o los gritos de ‘influencers’. El 2020 nos cambió, pero no pensé que se le iría la mano. ¿Qué recuerda sobre la era de los videojuegos? Aunque reconozco que mi destreza con los videojuegos es muy limitada, me ha resultado apasionante revisar el impacto en la cultura popular de esta industria creativa, que particularmente en Estados Unidos y Japón vivió un crecimiento exponencial en sus orígenes, consolidó emporios rivales y definió a los líderes en la carrera por atraer la mirada de los consumidores. Dos producciones que recomiendo ampliamente para analizar dicho impacto se encuentran vigentes en HBO y Netflix respectivamente. Les hablo de Console Wars y High Score, un documental y una serie que nos sumergen en los intríngulis que se tejieron alrededor de juegos de gran recordación, compartiendo en común entrevistas con sus creadores, dueños del negocio y, en contados casos, a verdaderos competidores. La primera, producida por Seth Rogen y Evan Goldberg, pesos pesados de la comedia americana en la actualidad, revisa con bastante sentido del humor, como se podía esperar, la confrontación entre Nintendo y SEGA en la última década del siglo XX. Un amplio material y entrevistas a todos los implicados revelan no pocos secretos corporativos, estrategias osadas de mercadeo y el precio que pagaron por decisiones que cambiaron el rumbo del negocio. De verdad es de lo mejor que he visto este año, así que la pueden ver en HBO GO o en algunas de las repeticiones del canal. Por su lado, High Score no solo revisa ese episodio, sino que se da el lujo de ir más atrás y golpear la nostalgia ochentera al contactar y entrevistar a creadores de juegos como Space Invaders, Pac-Man, o los pioneros de los juegos de rol. En esa medida se convierte en un complemento ideal del documental de HBO para armar un viaje de casi cuarenta años de desafíos galácticos, torpezas creativas e incomprensibles disposiciones que sepultaron algunas buenas iniciativas. Capítulos de 40 minutos en promedio que se devoran de una sentada en Netflix. Tonny Pro 7, el productor audiovisual de los famosos Radicado en Miami, este joven realizador venezolano ha construido un nombre alrededor de su propuesta audiovisual. Antonio Chávez, su nombre de pila, ha sido consultado por diversas personalidades del ambiente artístico, deportivo o digital para retratar algunos de sus mejores momentos, por lo que lleva su vida profesional en medio de eventos o actividades donde captura la esencia de cada personaje que lo contacta. Mientras espera venir a Colombia pueden conocer su trabajo en su cuenta de Instagram: @tonypro7, seguirlo en Facebook en @tonypro7 o escucharlo a través de Spotify https://www.instagram.com/p/B6w7crBHlPN/

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