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Neymar

Se alarman los medios de comunicación con las contrataciones de Neymar Jr y Mbappe al Paris Saint Germain. Récords históricos que superan cualquier estimación hecha anteriormente. 402 millones de euros ha invertido un solo equipo, en dos jugadores, para esta temporada disputar una liga de segunda clase de Europa y la Champions League. En FanVox, ya nos habíamos preguntado esto, “¿Qué le pasa al fútbol?” y la respuesta la tenían varios sociólogos ingleses desde principios del nuevo milenio. El fútbol está pasando por un proceso de hipercomoditización desde hace 15 años, pero hoy, recién, nos estamos dando cuenta.

¿Qué es la hipercomoditización?

Entiéndase hipercomoditización como excesiva comercialización.

Hace menos de 30 años, la industria del fútbol seguía un modelo deportivo característico de los deportes de competencia: fanáticos – subsidios – patrocinadores en un ámbito local. Los mejores jugadores, clubes y selecciones participaban en los campeonatos internacionales; ese era su principal reconocimiento y recompensa.

Sin embargo, a partir de los años 90 el modelo fue impactado por los cambios tecnológicos y el ingreso de nuevos actores ligados a la industria del entretenimiento. El modelo involucró nuevas esferas: los medios de comunicación, las multinacionales, los fondos de inversión y el merchandising en un mercado global. Nuevas fuentes de dinero ingresaron en la contabilidad de clubes, ligas y federaciones. Los derechos televisivos y las estrategias comerciales de grandes multinacionales rápidamente superaron las fuentes tradicionales que provenían directamente del bolsillo de los hinchas, especialmente las entradas y abonos al estadio.

¿Cuáles son las consecuencias de la hipercomoditización del fútbol?

Bajo este escenario de excesiva comercialización del fútbol, el afán desmesurado por convertir a este deporte en un mecanismo de generación de riqueza para ciertos actores del ecosistema, implica que los activos para alcanzar los objetivos económicos y deportivos se vuelvan cada vez más escasos. Los jugadores se han convertido en bienes de lujo, y los clubes se empeñan en sostener unos costos y salarios que están creciendo a ritmo desorbitante, con el fin de garantizar un entretenimiento que se vuelve cada vez más dependiente de altos flujos de capital.

 

 

Este panorama per se no se vislumbraría tan alarmante si la totalidad de los actores de la industria se viera equitativamente beneficiado. Sin embargo, aspectos como malos manejos de los directivos, especulación financiera a corto plazo, bajos niveles de transparencia, corrupción, crecimiento de la deuda de los clubes y aumento de los precios para los hinchas dentro y fuera del estadio, entre otros; son cada vez mas recurrentes y peligrosos para conservar al fútbol como un deporte competitivo y sobretodo equitativo.

Pregúntele a sus sobrinos, primos o hijos menores de 15 años si siguen algún equipo local. Se va sorprender que para ellos solo existen las estrellas de La Liga y 2 o 3 jugadores mediáticos de la selección Colombia. ¿Clubes?, ¡Depende de en qué equipo jueguen estas estrellas. Por esta razón, Nasser Al-Khelaïfi, dueño del PSG, ha invertido en Neymar Jr. y Mbappé, porque las generaciones que conocieron al fútbol como un show de entretenimiento van a gastar lo suficiente para retornarle su inversión.

De otra parte, la Premier League, el ente pionero del nuevo modelo de negocio del fútbol moderno, ha fomentado la inflación de precios desmesurada, incrementando este círculo vicioso. Tomemos el ejemplo de Kyle Walker, un jugador promedio por el que se pagaron 53 millones de libras esterlinas, es un golpe durísimo al mercado. Neymar es un caso único, pero se puede aseverar que está en la élite del fútbol. El problema residirá en el impacto que tiene una Liga con ingresos muy altos por concepto de los Derechos de Televisión, y que lleva a que se pague lo que sea por jugadores que hace unos años, estaban valorados en la cuarta parte de ese precio.

Asimismo, el efecto dominó de estas transferencias, le suma más leña al fuego. Ya sabemos que lo primero que el FC Barcelona hará con el dinero de Neymar es ir por Coutinho y Dembelé, lo cual derivará en rebeliones de los jugadores, y nuevas compras del Liverpool y Borussia Dortmund que inflarán otros mercados. ¿Hasta dónde llegará esta burbuja?    

 

El fútbol en la cúspide de su crecimiento desmesurado

Partidos amistosos entre las grandes potencias del fútbol se volvieron rutinarios durante el descanso de las ligas europeas. Por ende, un clásico Real Madrid y Barcelona, ya no sucede 2 o 3 veces en el año; se puede repetir hasta 5 y 6 veces, porque la pauta publicitaria y negocios conexos que se mueve en estos escenarios está en aumento. De igual forma, atrás, en la penumbra, sigue la idea de crear una Superliga Europea, que cada día gana más adeptos. Por algo, Charlie Stillitano, impulsor de la International Champions Cup (esos “maravillosos” partidos amistosos de pretemporada entre los equipos grandes), seguirá año tras año alimentando esa idea. 

Pero si las nuevas generaciones solo se interesan por un pequeño abanico de clubes y jugadores que son mediáticos a nivel internacional, ¿qué le pasará al fútbol local? 

En Colombia por ejemplo, los derechos televisivos son ya la primera fuente de ingreso de los clubes clase A. Es ya un hecho cotidiano presenciar partidos con menos de mil hinchas en el estadio, pues los modelos de negocio ya sobreviven con el creciente ingreso de la televisión. Sin embargo, con las nuevas generaciones desinteresadas por estas disputas, las marcas se alejarán del merchandising y por último de los espacios en televisión. 

La excesiva comercialización del fútbol quiere que nos acostumbremos a un entretenimiento de lujo que traerá consigo un gran beneficio económico para quienes controlan la industria en principio, pero una fuerte desilusión para su futuro en el ámbito local sobre lo que todavía podemos llamar el deporte rey. Y usted, ¿qué quiere para el fútbol? 

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Qué es lo que recordamos, y qué olvidamos, es seguramente una pregunta difícil de responder.

La mayoría de los humanos somos capaces de recordar experiencias pasadas, o fechas especiales, y hoy en día unos cuantos números de teléfono. Seguramente muy pocos.

Como quizás usted sepa, estimado lector, nuestra memoria parece "guardar" recuerdos de varios tipos; es de cierta forma clara la diferencia entre el recuerdo que se tiene de la fecha de su nacimiento, al que viene a la mente al recordar un libro especial o una película o una persona. Así que hay recuerdos más "ricos" que otros; más llenos, más complejos, si se quiere. Recuerdos que se componen de imágenes y también de sonidos, de olores, de sentimientos e incluso de recuerdos. Recuerdos de recuerdos, como por ejemplo los de los sueños; no es usual recordar directamente un sueño varias horas después de haber despertado, pero si justo al abrir los ojos el personaje se concentró suficiente en lo que acababa de soñar, entonces es probable que en la noche aún lo recuerde.

En fin. Hemos vivido muchas cosas a lo largo de nuestras vidas, pero a medida que pasa el tiempo las impresiones que podamos tener sobre ellas se van como desvaneciendo, como desgastando, y todo de forma natural y progresiva. No se puede detener. Olvidar es algo necesario, he oído decir a algunos, para poder mantenernos concentrados y con los pies en la tierra.

Borges, en su relato Funes el memorioso, nos muestra la realidad de un personaje (se llama Ireneo Funes, es argentino) que, producto de un accidente, no puede olvidar. Es uno de esos argumentos llamativos, formas de experimentos sociales con visos de realidad y casi de periodismo, que le permiten al que quiera imaginar por un momento cómo sería su encuentro con un personaje así de particular. Así imagina Borges la condición de Ireneo:

Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero (...) Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.

No sé a ustedes, pero a mí me parece una imagen literaria muy fuerte, uno de los relatos más agradables e interesantes que he leído. Por eso lo recomiendo fuertemente.

Desconozco la existencia de casos reales tan impresionantes como el de Funes. Aún así, sé de varios savants o personas con ciertas deficiencias en ciertas habilidades naturales (autistas, en la mayoría de los casos), que sin embargo parecen verse "retribuídas" en capacidades asombrosas. Es así como algunos hombres, siendo naturalmente incapaces de bañarse y vestirse por sus propios medios, pueden realizar operaciones matemáticas complejas más rápidamente que ciertas calculadoras, y con una exactitud y seguridad asombrosas. Existe también (y éste es un ejemplo bien popular) Stephen Wiltshire, un inglés al que se le diagnosticó autismo a temprana edad, y que tiene la impresionante habilidad de dibujar un paisaje con precisión casi fotográfica habiéndolo visto una sola vez. Algunos considerarán que "mostrarlo" de esta manera equivale a ponerlo en posición de curiosidad de circo; aun así, creo sinceramente que es posible admirar de corazón a este hombre por sus capacidades, sin verlo como un espécimen raro. En este video, Wiltshire es llevado a Tokio para hacer una vista panorámica grandísima de la ciudad.



Interesante, ¿verdad?. Wiltshire se gana la vida de esta forma; dibujando por dinero. Es básicamente lo mismo que hacen algunos artistas callejeros, sólo que no lo hace por física necesidad.

Fenómenos como el Alzheimer o el autismo afectan la memoria humana incrementándola o borrándola gradualmente. En su relato, Borges nos muestra de forma impersonal (y, creo yo, bastante respetuosa) la situación de una persona que se ve afectada por una de estas situaciones extremas; nos hace ver que no es lo que se llamaría una bendición, pero que en cierta forma tampoco puede considerarse algo malo. Es un punto de vista sobre una realidad que toca a pocos, pero que nos permite reflexionar y aprender algo nuevo. La literatura, entonces, nos enseña un poco de realidad a través de la ficción.


dancastell89@gmail.com

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