Si entre un grupo de 7 aspirantes a un alto cargo la eligen a ella, no por ser la mejor sino por ser la primera mujer en llegar a ocuparlo, a ele, no por ser el mejor sino por ser el primer transexual en llegar a ocuparlo, y por cumplir la llamada ley de cuotas, ¿cómo es que aún hoy se atreven a reclamar  que ser mujer y/o pertenecer a una “minoría” representa una desventaja?

Ahora, si están tan seguros de que los afecta y les resta puntos, ¿por qué es lo primero que resaltan cuando aspiran a un cargo de elección popular?, y ¿por qué si los derrotan la primera razón que esgrimen es esa: “lo sabíamos, Colombia no estaba preparada para elegir a una mujer como presidente”?

Si lo sabían ¿por qué lo subrayaron como principal promesa de campaña, y lo enarbolaron como slogan?¿Para qué destacar el ser mujer en una nación, según ustedes, abiertamente misógina; el ser negro, en una nación, según ustedes, abiertamente racista? ¿ Acaso se les aflojó una tuerca?

Ni tuerca ni tornillo, si lo resaltan es porque saben que les conviene, les reporta ventaja, y les permite, entre otras cosas, victimizarse, reclamar privilegios disfrazados de derechos, e imponer sus ideales y su visión de la sexualidad como verdades absolutas.

Que buen comodín, si ganan es gracias a su condición, “Bogotá avanzó al elegir a la primera mujer alcalde”, pero si pierden es culpa de ella, “me descartaron por misóginos, no me eligieron por racistas”. Tan seguros están de esto que hoy candidato que se respete escoge como fórmula electoral o bien a una persona de raza negra, o bien a una mujer, o bien a una persona que reúna ambas características. Y al que no le gustó de malas, puede llorar.

No nos digamos mentiras, si alguien lleva una discusión a un determinado aspecto es porque sabe que tiene todas las de ganar en ese determinado aspecto. Nadie en sus 5 sentidos va a ser tan majadero de ir a una entrevista de trabajo a hablar pestes de sí mismo, o asiste a su primera cita amorosa a confesar que es un mujeriego empedernido o una mujer tóxica y celosa.

Si una mujer libra una disputa contra 4 hombres a un alto cargo dentro del terreno de las habilidades y el talento, sus posibilidades de ganar se circunscriben a un 20 %, pero si logra arrastrarla al terreno de la discriminación o el machismo sus posibilidades aumentan a un 100 %.

Alegan estar en posición de desventaja, pero pertenecer a una minoría es considerado hoy, por lo menos desde el discurso, una virtud. Escalafón en el que irónicamente los privilegiados, nosotros los hombres mestizos – en este país no existe eso de hombre blanco-, estamos varios peldaños por debajo de los hombres de raza negra, de las mujeres, y ni qué decir de los homosexuales.

Un extraño contexto de igualdad en el que condenan el sesgo en su contra pero no a su favor. En el que encuentran indignante que su condición incida para mal pero no para bien. Espantoso que constituya una desventaja, pero no una ventaja. Inaceptable que los discriminen y excluyan por su condición pero fabuloso que los elijan gracias a ella.

Un extraño reclamo de equidad en el que decir que el hombre es mejor que la mujer constituye un sacrilegio, pero decir que la mujer es mejor que el hombre, y que un mundo gobernado por ellas sería mejor, es una verdad incuestionable. A propósito, si hay más mujeres que hombres ¿por qué se considera minoría a las primeras y mayoría a los segundos?

Una extraña búsqueda de igualdad en la que por ley a un cargo de poder no accede el mejor sino el de determinada raza o sexo, y en el que el discriminador debe renunciar a favor de la discriminada a lo que por mérito le corresponde.

Una pugna en la que se compite, no por ser el mejor, sino el más desfavorecido, el, en teoría, más apaleado por la vida y la sociedad. En la que tu mayor desventaja constituye tu mayor ventaja, en la que no hay nadie más vulnerable que un no vulnerable, y en la que la mejor forma de combatir la discriminación es discriminando al discriminador, excluyendo al incluido… en pocas palabras, invirtiendo el sentido de la injusticia.

“Esto se debe a que históricamente el hombre ha oprimido a estos grupos…”, si así lo consideran no lo llamen entonces lucha por la equidad sino revancha, desquite. Una retaliación histórica en la que los hombres de hoy debemos pagar por los atropellos cometidos por los hombres de ayer, y en la que a las mujeres de hoy se les debe otorgar privilegios por las mujeres que fueron discriminadas. “Vejar al hombre y ridiculizarlo, como en la película “Barbie”, es la forma de hacerle ver cómo se siente una mujer oprimida y menospreciada”. Bajo esa lógica, no castiguemos al ladrón por robar, más bien robémoslo, para que vea cómo se siente.

Reclaman equidad, pero no se ponen bravos si los ven, o como seres inferiores que requieren de un trato especial y un empujón adicional, o como seres superiores cuyas cualidades excelsas los hacen merecedores de todo tipo de privilegios. Pareciera que ser indígena fuera, o un trastorno, o un don divino; y que ser mujer fuera, o una discapacidad, o te convirtiera inexorablemente en una mejor persona. Y no chistan ni mu porque balancearse entre estos dos extremos traduce y representa lo mismo, ventaja.

Una falsa feria de la inclusión, y de lo políticamente correcto, en la que lejos de propender por una igualdad real de derechos lo único que buscan es sacarle provecho político al tema y usarlo a conveniencia. Una absurda subasta de la vulnerabilidad en la que no van a parar hasta alcanzar el titular más rimbombante y estrambóticamente incluyente: “anoche fue elegida como presidenta de la nación la primera mujer afroamericana, inmigrante, madre cabeza de familia, desplazada por la violencia, víctima del conflicto armado, discapacitada -sorda, ciega, muda-, una mujer realmente ancestral – como si el resto no tuviéramos ancestros, hubiéramos brotado de la nada o aparecido mágicamente en este mundo-, de ascendencia indígena – hija de madre witoto y padre cimarrón-, adulto mayor; sufre además de depresión, TDAH, Asperger, síndrome de la mano extraña, y un sinfín de síndromes y trastornos más; y, para rematar, miembro honorífica de la comunidad LGTBI – cómo no serlo, si aparte de trans es no binaria, poliamorosa ( por lo que por primera vez en la historia de esta gran nación tendremos varios primeros damos y dames de la nación), y eso no es todo, pansexual, cisgénero, transespecie, omnisexual, género no fluido, pionera y asidua practicante del cruising – no se sorprendan si la descubren en algún humedal, parque o baño público teniendo intimidad-… para resumir, la nueva mandatarie le jala a todo, su apetito sexual es tan voraz y descaradamente incluyente que no le dice no a nada, ni a revolcarse con una mata de ortiga. En fin, una privilegiade de esta época”.

 

*minoría: todo lo que no sea ese ser repugnante y privilegiado  llamado hombre.