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Al mencionar la alfabetización, debemos precisar de qué se trata. En este texto nos referimos a ella como el dominio y conocimiento de la forma, el contenido y el uso del lenguaje oral y escrito. En la actualidad, se habla de “alfabetización tecnológica”, “alfabetización científica” o “alfabetización ciudadana”. Sin embargo, acá nos referiremos a la alfabetización en relación con el aprendizaje de la lectura y la escritura, y no nos referiremos a esas otras alfabetizaciones.

Una vez hecha esta claridad, es posible que hablar de alfabetización nos haga pensar en el colegio, en la tarea para entregar al profesor o a la profesora, o en las primeras letras de combinaciones como la de letras “m” y “a”, que juntas forman “ma”, presente en la escritura en castellano de la palabra “mamá”. La alfabetización tiene que ver con esto porque eso es parte del alfabetismo, es decir, de aprender sobre la forma de comprender y expresarnos en nuestro idioma usando su escritura. Pero también involucra muchas cosas más.

Para entender la alfabetización, es necesario que pensemos en el pasado. En el siglo diecinueve, el que cubre los años de 1800 a 1900, el mundo comenzó a ser impulsado desde la industria, movida por el comercio e impulsora de la tecnología. Esto comenzó a hacer que se necesitara comunicar con lenguaje en lugares cada vez más alejados y que esa comunicación pudiera hacerse sin la necesidad de que quienes se comunicaran estuvieran presentes. Incluso, se necesitaba que fuese a veces masiva: hacia varios destinatarios de la comunicación. Por eso avanzó el desarrollo del correo, de los sistemas de comunicación como el telégrafo o los teléfonos, y la prensa. ¡Allí se volvieron muy importantes los periódicos y las noticias, porque desarrollaron formas de comunicación pública en un mundo de lugares cada vez más alejados y lleno de ciudades!

Este nuevo mundo necesita cada vez más del desarrollo técnico. Dicho desarrollo necesita de quienes puedan impulsarlo al crear nuevas ideas, al ponerlas en marcha, y al generar con ellos productos, servicios y beneficios para muchas personas. Y todo eso también dependía de que haya personas que usen esos bienes y que puedan intercambiar entre ellas en torno a ellos. Por este motivo, algunos reconocidos economistas como Oded, Keynes, Friedman, Myrdal o Kondratev, comenzaron a plantear que el centro de la generación de riqueza individual y colectiva era el talento de las personas, más que la producción misma. Y por ello, los estados y agentes públicos debían pensar en cómo conformar ese talento en las sociedades.

Un punto central para conformar ese talento en la escala que las sociedades demandaron era la alfabetización. Con la alfabetización, se podía usar el lenguaje escrito. Con el uso del lenguaje escrito, se podía pasar a participar de la producción, del consumo y del intercambio social. Por eso, se comenzó a reconocer como algo importante el reconocimiento de características del idioma hablado en el código escrito: permitía realizar operaciones básicas en el mundo con industria, comercio y tecnología por todas partes, y permitía continuar el aprendizaje en la escuela y en la educación formal, ya que permitía leer siguiendo los libros de texto.

Sin embargo, era notorio que no todas las partes del mundo estaban en la misma posición para asumir esta misión. En algunos lugares, su participación en el mundo de la cultura del lenguaje escrito era plena, generalmente en los países con comercio, industria y tecnología más consolidadas, como en países de Norteamérica o Europa. Mientras tanto, algunos lugares no alcanzaban esa participación, pero lograban importantes intercambios con el resto del mundo por su participación en el comercio y la prensa, como en Cuba, México, Argentina, o en los de industrialización naciente a finales del siglo diecinueve, como China o Japón. Pero en muchos otros lugares de Asia, África o América Latina, su participación en este mundo era aún incipiente, y la proporción de su población alfabetizada era mínima.

El mundo comenzó a demandar estos avances a todos: para manejar la información, para poder participar en la producción y para participar en la vida política. Era necesario participar en ello para poder tener control sobre el propio destino. En el mundo de los mencionados lugares de Asia, África y América Latina, la alfabetización comenzó a crecer en una dualidad que se fue convirtiendo, al pasar el tiempo, en dos posturas opuestas: la alfabetización para participar en la producción, y la alfabetización para la emancipación y el acceso a la cultura. Por una parte, los grandes programas enfatizaron alfabetizarse para ser partícipes amplios del mundo que podía hacer la economía menos dependiente de otras, pero por otra, los movimientos de masas comenzaron a proponerla como acción de liberación y emancipación, donde se destacó el trabajo del pedagogo y educador popular brasileño Paulo Freire.

En el paso del siglo veinte al mundo de la globalización, tanto en estos contextos como en los de los países de mayor industrialización, se puso en cuestión qué era la alfabetización y para qué (o a quién) servía. Por eso, la alfabetización se convirtió en centro de diferentes programas de investigación y de trabajo en sociedad, en varios lugares en todo el planeta.

Se destaca en este contexto el desarrollo de los siguientes temas en diferentes agendas:

La alfabetización en las capacidades de aprendizaje temprano en la infancia. Se desarrollan trabajos sobre el impacto de la lectura dialógica con los niños, conocer el lenguaje escrito, enriquecer el vocabulario y conocer unidades del lenguaje oral en relación con las del lenguaje escrito, como precursores e importante área de trabajo, tanto en su investigación como en aprendizajes asociados a dichas experiencias. Este campo se conoce como alfabetismo emergente, y han contribuido a él importantes especialistas como Gordon Wells, Marilyn Adams, Adriana Bus, Monique Sénéchal, Emilia Ferreiro, Ana Teberosky, Delia Lerner y María Adelaida Restrepo. En el contexto de Colombia, con el importante trabajo pionero de Rita Flórez Romero, Clemencia Cuervo y Marisol Moreno.

La escritura como objeto cultural, y su aprendizaje. En este campo, se destacan los aportes sobre el lenguaje escrito, su naturaleza y su aprendizaje en diferentes niveles educativos, así como su apropiación para la construcción de textos. Allí se destacan los aspectos de estudios del discurso, el lenguaje para aprender y la alfabetización académica, inspirados desde el trabajo de autores como Charles Bazerman, Douglas Barnes, Liliana Tolchinsky o Paula Carlino, con importante desarrollo en Colombia en investigaciones difundidas y extendidas en redes como las de aprendizaje de la escritura en profesores (con el importante impulso de Mauricio Pérez Abril) y en los trabajos impulsados y difundidos por la Red de Lectura y escritura en Educación superior, REDLEES.

La cultura dominante y la cultura local. En este ámbito se estudia la forma en que se participa en la gran cultura de conocimiento occidental, sin dejar de rescatar los conocimientos locales desde la infancia y a lo largo de diferentes ámbitos y niveles educativos. Destaca allí el trabajo de María Emilia López, Ana María Kauffman y Graciela Montes.

La afectación de la alfabetización por el desarrollo tecnológico y la falta de acceso a bienes. Por otra parte, esta área nos muestra cómo el aprendizaje ligado a la alfabetización se restringe por el acceso inequitativo a diferentes recursos materiales y simbólicos, como las diferencias en el acceso y la relación creada con la comunicación soportada en tecnologías informáticas (computadores, teléfonos y dispositivos móviles), así como la falta de acceso a estos bienes cuando pueden resultar de ayuda, como se evidenció en carencias de medios tecnológicos para educarse durante la pandemia de COVID-19.

Comprender la alfabetización en la actualidad requiere comprender cómo accedemos a medios materiales y simbólicos para hacer que sea parte de nuestra comunicación, cómo aprendemos sobre el lenguaje escrito como alfabeto y como sistema de mensajes, como aprendemos a usar el lenguaje escrito como recurso para aprender cuando comenzamos a dominarlo, y cómo podemos ser usuarios activos de la lengua que compartimos a través de la lectura, la escritura y las comunicaciones orales alfabéticamente enriquecidas. Esto es crucial para tomar decisiones con comprensión, con juicio y de manera informada, para hacernos ciudadanos verdaderos y plenos.

 

Por: Nicolás Arias-Velandia, profesor e investigador de la Escuela de Educación e Innovación, Facultad de Sociedad, Cultura y Creatividad, Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano. Correo electrónico: nariasv@poligran.edu.co

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