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El país joven tiene un problema: Le hace falta sensatez. 

Los jóvenes solemos ser más apasionados, fervorosos y con mucha energía para la indignación. Eso está bien y es un buen indicador del interés en la realidad política para medir el inconformismo y la voluntad de cambio. Pero hace falta sensatez. 

En los últimos días una de las noticias más importantes de la coyuntura nacional, además de la bochornosa presentación del presidente Duque en la ONU publicando aparentes fake news desde el atril más importante de la organización de naciones, y del escándalo de corrupción en la Gobernación de Bolívar y la Alcaldía de Cartagena, es también la protesta estudiantil en Bogotá. 

Las manifestaciones surgieron en un primer momento por los hechos de presunta corrupción del rector de la Universidad Distrital que se iba a hacer compras lujosísimas con la tarjeta de la Universidad. Lamentable. Y, la última, la de este viernes, tenía que ver con la brutalidad del Esmad por los gases que lanzaron para evitar la afectación a los bienes públicos y el bloqueo de vías. Algunos insisten en que la intervención de la policía antimotines en la Javeriana fue desmedida e inadvertida. 

Varias cosas. Es un hecho evidente en los países avanzados y en las democracias consolidadas que los ciudadanos puedan protestar por sus derechos. El año pasado tuvimos más de seis meses de protestas, en los que, a pesar de pequeños enfrentamientos entre los agentes de la fuerza pública y los estudiantes, y las agresiones a RCN, los jóvenes tuvieron libertad para protestar y lograron ejercer presión semejante para lograr un acuerdo con el Gobierno de al rededor de cinco billones de pesos para inversión en públicas y privadas, el inicio de una discusión para reformar al Icetex y un nuevo programa más inteligente que reemplazó a Ser Pilo Paga por el sobre estímulo a las privadas dejando a un lado los recursos para las públicas. 

Eso lo consiguieron jóvenes sensatos que rechazaron, cuando debían hacerlo, las agresiones de encapuchados que siempre se excusan en las manifestaciones para promover sus programas violentos inspirados en el comunismo. 

Seamos claros. ¿Quiénes son los encapuchados? En Colombia, en razón del conflicto, las guerrillas entendieron que su lucha no podía ser solamente desde el escenario rural y se dieron a la tarea de crear peligrosas columnas urbanas. Quienes se paran en plazas como las de la Universidad Nacional, en escuadras de formación, con botas militares, vestidos y uniformados y sin exponer su rostro a reivindicar las fechas de los asesinatos a los máximos líderes de la guerrilla, parecen ser pertenecientes a esas columnas y células urbanas. Para la muestra, un ejemplo de hace tan solo un año: Reaparecen encapuchados en la Universidad Nacional

Su objetivo es desestabilizar el orden en las ciudades capitales y cumplir misiones que, en ocasiones, pueden llegar a ser fatales. Esto sin esquivar la realidad de otras universidades especialmente en la costa y algunas en Antioquia en donde el control lo tienen pequeños delincuentes pertenecientes al paramilitarismo local. El mismo rasero para los criminales de cualquier bando.

Este es un momento de tensión por las elecciones de octubre, la controversia diplomática con Venezuela, (a pesar de las lamentables fake news del Gobierno) los movimientos militares de Maduro, y las disidencias de ‘Márquez’ y ‘Santrich’ en algún escondite planeando su próximo movimiento. 

Los estudiantes no pueden solo ver la brutalidad del Esmad, que actúa como actúan los escuadrones antimotines de todos los países del mundo cuando hay afectaciones a los bienes públicos, y justificar al mismo tiempo las agresiones cobardes de las células urbanas dentro de las universidades. Sí, callar ante una forma de violencia porque proviene de un sector específico, es justificar. Si hay una marcha contra la brutalidad del Esmad, debería ser también contra la brutalidad y la delincuencia de los encapuchados. Hay que tener sensatez y ser capaz de rechazar todos los actos desproporcionados y las injusticias de los bandos enfrentados. Y para eso hay que estar en el centro y en la independencia. 

Uno de esos actos de vandalismo de esta semana le destrozó el rostro a una mujer inocente en un banco que dijo haber sido víctima de una papa bomba de dos bandidos en inmediaciones a la Universidad Pedagógica. El otro desmán sucedió el viernes en donde pretendieron incendiar el edificio del Icetex, pero muy pocos jóvenes se indignaron y rechazaron con contundencia esos hechos de evidente brutalidad. De nuevo, callar es una forma de justificación. Las organizaciones estudiantiles que, por cierto, llamaron a una nueva curiosa manifestación dos días después de la indagatoria al expresidente Uribe, deben tener responsabilidad y saber leer los momentos de la historia. (https://www.eltiempo.com/bogota/mujer-fue-atacada-por-encapuchados-en-medio-de-las-protestas-417038)

Las universidades deben ser espacios para el debate, las propuestas, las reflexiones filosóficas y los semilleros de grandes profesionales que puedan cambiar los destinos del país. Pero de ninguna manera cunas para el terrorismo. La labor constitucional de la fuerza pública es proteger a los ciudadanos y garantizar el orden. 

Solo hace falta una comparación para que los estudiantes colombianos puedan entender que el Esmad no es en realidad tan brutal como dicen quienes llaman a las protestas porque accionan gases lacrimógenos.

Según el más reciente informe de Humans Rights Watch que también ha denunciado con contundencia los falsos positivos en Colombia, en Venezuela van al rededor de 18.000 muertos desde el 2016 por resistencia a la autoridad. Muchos de esos asesinatos sucedieron en protestas. 5.995 casos en 2016, 4.998 en el 2017, y otros 7.000 entre 2018 y 2019. Estamos hablando de de asesinatos. Sangre derramada. (https://www.hrw.org/es/news/2019/09/18/venezuela-ejecuciones-extrajudiciales-en-zonas-de-bajos-recursos)

Protestemos por el abuso y las injusticias en ambos lados del espectro, porque callar ante la ilegalidad y el abuso de uno de los bandos, como en el caso de los encapuchados, es justificar esa violencia tácitamente. 

En otros temas: El presidente Iván Duque, en una era de enormes riesgos digitales, llevó a Naciones Unidas sin rubor escandalosas fake news. Alguien de Palacio debe responder por el yerro vergonzoso. Este Gobierno no tiene norte. 

@santiagoangelp

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PERFIL
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Santiago Ángel es un joven periodista bogotano. Trabajó en Blu Radio, ahora en La Fm de RCN Radio y cree que el periodismo es la brújula de los pueblos. Un país que no tenga buenos periodistas es un país condenado a los caprichos de los poderosos.

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3 Comentarios
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  1. Buen post, pero de antemano se sabe que los estudiantes, sea cual sea la causa, jamás aceptarán sus propios desmanes. La radicalización de sus protestas ha alcanzado cotas inadmisibles, y parecen no advertir que la autonomía universitaria puede ser algo del pasado de seguir en esa misma línea.

  2. para nadie es un secreto que las universidades publicas de colombia están llenas de milicianos de las farc y eln. obviamente con el beneplácito de de las directivas y dirigentes de esos antros. no le creo a usted eso de que hay universidades con «paramilitares». ustedes los izquierdosos como siempre mintiendo, tergiversando las cosas y sacándolas de contexto. el que va a protestar encapuchado, a tirar explosivos, líquidos inflamables a la policía y a incendiar oficinas es un narcoterrorista. y la policía debe responder de acuerdo a esto. por otra parte el estado debe descontar del presupuesto de esas universidades publicas lo que cuesten los daños ocasionados en la ciudad

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