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La ciudad tiene muchos restaurantes mexicanos, pero pocos logran caminar con éxito entre la tradición y la innovación, entre la autenticidad y la osadía. La semana pasada descubrí uno que lo hace, y no puedo dejar de contarles sobre esa experiencia. Me refiero a Gallo Colorado, la nueva propuesta de Grupo Seratta en plena Zona T.

Tradición y reinvención

 

Estuve visitando el lugar la semana pasada y algo que me gustó es que no es solo un restaurante: es una declaración de intenciones para quienes creemos que la cocina también puede ser un juego o un rito.

Primero, me encontré con un menú bien pensado, que respeta los sabores tradicionales de México, pero no teme atreverse. Los esquites, por ejemplo, son un verdadero hallazgo: cremosos, balanceados, sin la sobrecarga que suelen tener en muchos sitios de Bogotá, donde confunden exceso con autenticidad. 

 

 

Y los tacos son otro asunto. Probé uno llamado “Polvo de Gallo”, un bocado rápido y certero que mezcla cochinita pibil, cebolla encurtida y piña asada.

 

Un lugar para probarse a uno mismo

Tuve la suerte de estar en la cata de picantes, y déjenme decirles que fue uno de los eventos culinarios más divertidos (y desafiantes) en los que he participado últimamente. Es un recorrido sensorial y sensacional, que va desde salsas suaves, casi inocentes, hasta el temido chile Ghost Pepper, considerado una de los más picantes del mundo. 

Lo interesante es que aquí el picante no es un castigo ni un show barato: es una invitación al juego, a probarse a uno mismo, y a descubrir que el picor también puede ser matizado, sabroso, hasta elegante. Incluso, si usted se “enchila” puede llamar al mesero, quien lo ayudará con un cantarito de leche o un poco de yogurt griego.

 

Enciende algo más que el paladar

Gallo Colorado está en el centro comercial Atlantis Plaza. Y lo que más me sorprendió no fue solo esa carta robusta y provocadora, sino también la manera en la que han decidido construir una experiencia gastronómica completa, donde el picante no es solo un ingrediente, sino casi un personaje más.

 

 

No es un restaurante mexicano “para todos”, sino sólo para los que buscan algo más: un lugar donde comer bien, claro, pero también donde vivir una experiencia distinta, sofisticada y un poco irreverente. 

Y si usted, como yo, cree que vivir bien también es atreverse a probar cosas nuevas, le recomiendo que pase por Gallo Colorado. Pida unos tacos, una margarita, y, si tiene valor, láncese al altar de picantes. Eso sí, no tema pedir que le traigan un cantarito de leche. Todos necesitamos que alguien nos rescate de vez en cuando.

 

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