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Que la serie del verano. Que el golazo de Netflix a sus más acérrimos competidores como HBO y AMC… ¡y es cierto! En un tiempo récord Stranger Things ha estado en el top de las conversaciones sociales desde el final de temporada de Game of Thrones, un absoluto hit tratándose de un debut que además se puede ver al hilo, en esta moda del binge-watching. Pero ojo, detrás de este ejercicio audiovisual hay matices para analizar tanto en el ámbito de negocio como en lo que uno puede esperar realmente de esta novedad.

1. Netflix conoce muy bien a su público. Es el big data cosido al cuerpo. Sabes lo que tu público busca y armas tinglados de creativos para diseñar productos que respondan a esas necesidades. ¿Eres mayor de 30 años y suspiras por la cultura pop de hace treinta años? Tranquilo: ellos ya lo saben, más aún si tienes este servicio en casa.

2. Es nostalgia, pero descarada. Stranger Things, creada por los hermanos Duffer, cuya mayor referencia es la escritura de cuatro capítulos del experimento de Wayward Pines (otro ejemplo de la nostalgia oportunista, un revival de Twin Peaks con más canibalismo), no se anda por las ramas. Si nos alejamos de la experiencia como serie y nos concentramos en su feeling como producto podemos entender que los guiños a escenas de series y películas como E.T, Alien, Regreso al Futuro o La Cosa es un agudo problema de lacrimales, pues la serie está plagada de imágenes que ya hemos visto en dichas producciones, y no al estilo de un homenaje o una irreverente parodia. Simple y llanamente porque les pareció muy práctico tomar los momentos más simbólicos y trasladarlos al 2016 en un empaque de melancolía para ver qué pasaba. Aclaro: no se trata de acusar originalidad, pero si quisiéramos hacer memorabilia de la época siempre será mejor atragantarse de las obras primigenias que de reboots o parpadeos enfermizos. En ese sentido la comedia Los Goldbergs se percibe más honesta, partiendo del mismo principio.

3. Es adictiva y familiar. Como dije al principio, esta forma de sentarse en cualquier pantalla y devorar hasta el final temporadas de series exige de los creativos y productores un cuidadoso detalle en los arcos narrativos, los puntos de inflexión y los giros del guión para que sea imposible despegarse. En mi caso, la vi en tres días seguidos, jalándome los últimos cuatro de un tirón. Así pude apreciar la consistencia de la historia y sus agujeros, pues toca suspirar y hacer caso omiso a flagrantes atentados a la lógica, sobre todo en el penúltimo capítulo. Y lo que han dicho varios especialistas: consigue la identificación con sus protagonistas infantiles, adolescentes y algunos adultos (bueno, a Winona Ryder le bajaría dos rayitas a su paranoia) gracias a una perfecta ejecución de manual (los arquetipos del nerd, el chico raro, la popular, el tumbalocas, el policía traumado, la mamá metiche, el villano inexpresivo) pero todo tan visto que sobraban las escenas flashback en un intento de darles profundidad a los personajes. Evidentemente es fácil de ver para toda la familia, otro punto a favor de la estrategia concebida por Netflix, pues entre tanta serie de nicho faltaba una que reuniera “a chicos y grandes”.

4. Impecable puesta en escena. Uno de los ganchos de Stranger Things es la fidelidad a lo que trata de vender. Y si nos vende una recreación ochentera tiene que ser con toda la ley. Desde sus créditos de presentación con ese adorables sintetizadores y esa tipografía (que me recordó los créditos de V La Batalla Final) hasta su prolija banda sonora. De hecho, una de las motivaciones para sumergirme en la serie fue un reclamo del presente: la banda escocesa Chvrches, que me trae loco con esta canción de su álbum Every Open Eye del 2015 ¡Ni mandada a hacer para series de este estilo!

5. ¿Ese es el camino? Si bien estamos ante un fenómeno popular habrá que darle el beneficio de la duda frente a su probable continuidad ¿Vamos a ver otro collage de siete u ocho horas con escenas que incluyan desde Los Pitufos a Porkys? De entrada les digo que no. Yo caí en esa nostalgia barata que encandiló a la industria el año anterior con Jurassic World, y desde allí advertí que esa veta de oro iba a ser una pesadilla. Ya no más guiños ni reebots ni remakes. Afortunadamente The Ghostbusters tuvo ese colapso, enviando un mensaje de mesura a ese afán de revolcar el pasado para encontrar y desgastar una fórmula de éxito en la actualidad.

Sigo a la cacería de nuevas series, más propositivas y turbadoras.

Recomendado: el estreno de la segunda mitad de temporada de Fear The Walking Dead, una serie que busca hacer méritos propios. Tiene la libertad de contar lo que quiera y explorar otros caminos que The Walking Dead no ha abordado del todo, sin convertirse en un émulo de la primera (algo que le sigue costando mucho) pero con acertados atisbos de incredulidad frente al apocalipsis desatado, todo lo cual deberá terminar en una convincente conexión con el universo planteado en el cómic y su posterior serie de televisión ¿Cuándo veremos eso? Esperemos que los ratings no nos quiten esa ilusión. Por lo pronto, este 21 de agosto a las 9:00 p.m. por AMC Latinoamérica podrán ver un inquietante capítulo. Empiezan a atarse los cabos.

@juanchoparada

juanchopara@gmail.com 

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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Qué es lo que recordamos, y qué olvidamos, es seguramente una pregunta difícil de responder.

La mayoría de los humanos somos capaces de recordar experiencias pasadas, o fechas especiales, y hoy en día unos cuantos números de teléfono. Seguramente muy pocos.

Como quizás usted sepa, estimado lector, nuestra memoria parece "guardar" recuerdos de varios tipos; es de cierta forma clara la diferencia entre el recuerdo que se tiene de la fecha de su nacimiento, al que viene a la mente al recordar un libro especial o una película o una persona. Así que hay recuerdos más "ricos" que otros; más llenos, más complejos, si se quiere. Recuerdos que se componen de imágenes y también de sonidos, de olores, de sentimientos e incluso de recuerdos. Recuerdos de recuerdos, como por ejemplo los de los sueños; no es usual recordar directamente un sueño varias horas después de haber despertado, pero si justo al abrir los ojos el personaje se concentró suficiente en lo que acababa de soñar, entonces es probable que en la noche aún lo recuerde.

En fin. Hemos vivido muchas cosas a lo largo de nuestras vidas, pero a medida que pasa el tiempo las impresiones que podamos tener sobre ellas se van como desvaneciendo, como desgastando, y todo de forma natural y progresiva. No se puede detener. Olvidar es algo necesario, he oído decir a algunos, para poder mantenernos concentrados y con los pies en la tierra.

Borges, en su relato Funes el memorioso, nos muestra la realidad de un personaje (se llama Ireneo Funes, es argentino) que, producto de un accidente, no puede olvidar. Es uno de esos argumentos llamativos, formas de experimentos sociales con visos de realidad y casi de periodismo, que le permiten al que quiera imaginar por un momento cómo sería su encuentro con un personaje así de particular. Así imagina Borges la condición de Ireneo:

Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un remo levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. Esos recuerdos no eran simples; cada imagen visual estaba ligada a sensaciones musculares, térmicas, etc. Podía reconstruir todos los sueños, todos los entresueños. Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca, pero cada reconstrucción había requerido un día entero (...) Una circunferencia en un pizarrón, un triángulo rectángulo, un rombo, son formas que podemos intuir plenamente; lo mismo le pasaba a Ireneo con las aborrascadas crines de un potro, con una punta de ganado en una cuchilla, con el fuego cambiante y con la innumerable ceniza, con las muchas caras de un muerto en un largo velorio. No sé cuántas estrellas veía en el cielo.

No sé a ustedes, pero a mí me parece una imagen literaria muy fuerte, uno de los relatos más agradables e interesantes que he leído. Por eso lo recomiendo fuertemente.

Desconozco la existencia de casos reales tan impresionantes como el de Funes. Aún así, sé de varios savants o personas con ciertas deficiencias en ciertas habilidades naturales (autistas, en la mayoría de los casos), que sin embargo parecen verse "retribuídas" en capacidades asombrosas. Es así como algunos hombres, siendo naturalmente incapaces de bañarse y vestirse por sus propios medios, pueden realizar operaciones matemáticas complejas más rápidamente que ciertas calculadoras, y con una exactitud y seguridad asombrosas. Existe también (y éste es un ejemplo bien popular) Stephen Wiltshire, un inglés al que se le diagnosticó autismo a temprana edad, y que tiene la impresionante habilidad de dibujar un paisaje con precisión casi fotográfica habiéndolo visto una sola vez. Algunos considerarán que "mostrarlo" de esta manera equivale a ponerlo en posición de curiosidad de circo; aun así, creo sinceramente que es posible admirar de corazón a este hombre por sus capacidades, sin verlo como un espécimen raro. En este video, Wiltshire es llevado a Tokio para hacer una vista panorámica grandísima de la ciudad.



Interesante, ¿verdad?. Wiltshire se gana la vida de esta forma; dibujando por dinero. Es básicamente lo mismo que hacen algunos artistas callejeros, sólo que no lo hace por física necesidad.

Fenómenos como el Alzheimer o el autismo afectan la memoria humana incrementándola o borrándola gradualmente. En su relato, Borges nos muestra de forma impersonal (y, creo yo, bastante respetuosa) la situación de una persona que se ve afectada por una de estas situaciones extremas; nos hace ver que no es lo que se llamaría una bendición, pero que en cierta forma tampoco puede considerarse algo malo. Es un punto de vista sobre una realidad que toca a pocos, pero que nos permite reflexionar y aprender algo nuevo. La literatura, entonces, nos enseña un poco de realidad a través de la ficción.


dancastell89@gmail.com

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4 Comentarios
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  1. Completamente de acuerdo con todo lo que dice. Ese cuento del “homenaje” no es otra cosa que un recurso para esconder la falta de talento. Después de un arranque prometedor la serie se fue desinflando capítulo a capítulo en un mar de incongruencias y falta de credibilidad. Por mucho que sea ciencia ficción, su construcción dramática debería ser creíble y aquí pareciera que nada importa más allá de impresionar a punta de nostalgia barata al espectador. Lamentable producto de Neflix, aunque me parece al menos más soportable a Re-birth una verdadera basura televisiva.

  2. Claudia102677 Mr. Robot tuvo una primera temporada deslumbrante, una paranoia tecnológica y conspirativa a la que también hay que achacarle ciertos guiños, pero su valía fue reconocida tanto por el público como por la crítica

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