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En medio de una cantidad de decesos televisivos, una noticia del entretenimiento sacudió las redes sociales. La revelación que hizo la actriz Jada Pinkett Smith a su esposo y colega Will Smith. ¡Es Hollywood! La vida de los famosos siempre se ve como el faro moral que alumbra nuestras impopulares existencias. Y un romance indebido “humaniza” aquellas relaciones que nos venden como perfectas. No es la monarquía inglesa, que allá es tan natural como la hora del té. Hablamos del mundo de las alfombras rojas donde dos figuras se toman de la mano por semanas, meses o años y confirman a la sociedad a través de los medios de comunicación que los amores son eternos. Por supuesto, acuerdan con relacionistas públicos cómo romper con sutileza esa burbuja Disney para encontrar algo de redención.

El “escándalo”, por así llamarlo, se concentró en que hubiera sido ella la infiel. Los apelativos de mal gusto se turnaban en vulgaridad para referirse a la traidora. Y la solidaridad masculina arropó a un “héroe caído”, pues cuando los infieles somos nosotros el lugar común es que “sabroseamos” a gusto, pues el compromiso desde una perspectiva machista no abandona ese pesado lastre de “castigo” o “sacrificio”.

 

Infidelidad - Imagen de Makunin para Pixabay

Infidelidad – Imagen de Makunin para Pixabay

Cuestionar ahora sobre quién sufre menos o quién es el más desalmado se convierte en material para alimentar la voracidad del dragón. Si hoy en día los compromisos nos interesan menos y nos inclinamos por relaciones con el mínimo esfuerzo, una opinión más para descalificar a Jada o solidarizarse como Will no aporta gran cosa. En lo que sí deseo hacer hincapié es en tres aspectos que no podemos perder de vista cuando asumamos gratuitamente la tarea de ser tribunal de la vida privada de los demás:

-¿Los famosos pierden control sobre sus ideas y decisiones al hacer pública su intimidad? Gran cuestión esta. No sé si persiste en los grandes estudios la organización de contratos estrictos con cláusulas sobre qué decir y qué hacer en cuanto al comportamiento de los actores y actrices fuera del set. Si ellos fueron llamados a representarnos como paradigmas del ser humano en el arte entonces tenemos todo el derecho de exigirles una absoluta corrección de sus faltas, pues sin nosotros, que pagamos las boletas de sus películas o compramos sus mercancía, simplemente no son nada. El problema de esa suposición es ¿cuál es la solución adecuada? ¿La del sentido común de los noventas o la del 2020? ¿La judeocristiana o la hippie? Si no sabemos qué hacer cuando hemos sido infieles, solo “disfrutamos el momento porque la vida es una sola”, ya vamos a ponernos en el lugar de dos personajes de la farándula que hace más de veinte años ofrecieron otra imagen a millones de personas, no solo a sus padres y amigos del barrio. Al fin y al cabo descubriremos que son, como nosotros, seres humanos (que se pueden enjugar sus lágrimas en billetes de 100 dólares), pero que también se deprimen, tienen malos días o su pareja deja de hablarles de repente.

-¿Qué ganan los famosos con exponer su intimidad? La respuesta básica sería notoriedad. El manual de resucitar carreras o hacer algo de prensa diría que llamar la atención. Si una persona con tamaña responsabilidad (que es más autoimpuesta) decide reportar a diario todos sus movimientos, subir imágenes con los niños y brindando felices, pues también asume las consecuencias del libreto que eligió seguir. ¿Pretenden que todos seremos empáticos y benevolentes? ¿Que aplaudiremos su madurez y entereza al contarnos sus problemas maritales? En algunos casos, no lo niego, resultaría aleccionador, pero en la era de las redes sociales donde los retuits o las reproducciones gobiernan el ego, queda suficiente espacio para dudar de confesiones “espontáneas” o muestras de afecto cada tres horas en Instagram.

-Si la infiel es una mujer ¿le debe caer todo el peso de la ley? En tiempos del Me Too hay que elegir bien las palabras. Pero acá no hay que inclinar la balanza por el género. Ellos asumieron un compromiso antes de que estuvieran de moda las relaciones abiertas o el poliamor. Y aún así en cualquiera de ellas lo mínimo que debe imperar es el respeto. Habrá todo tipo de atenuantes o agravantes de las circunstancias, pero el sentido común de toda la vida indicaría que si tienes líos en tu matrimonio los resuelves con la persona que te casaste. No necesitas invitar a nadie más para que los arregle por ti. Por eso el vínculo ha perdido en legitimidad. Se hacen promesas que no se cumplen ni se está en condiciones de hacerlo, cuestión que aplica a hombres y mujeres por igual. Y eso sin sumarle el drama del maltrato físico y psicológico que muchas mujeres y algunos hombres padecen por cuenta de un mal vínculo. Sin ir más lejos, los vecinos Johnny Deep y Amber Heard van para dos años en un toma y dame que solo ha contribuido a socavar su carrera como intérpretes. Acá se lucirán algunos en denostar a Heard, pero el asunto ya está en tribunales, así que la ley tendrá la última palabra. Es que bien dice el dicho que el amor es un bello sueño pero el matrimonio un agudo despertador…

Agradecimiento

Muchas gracias a las empresas que aceptaron nuestra campaña de asesorías gratuitas Conectémonos. Emprendedores de Bogotá, Barranquilla, Pasto, Popayán, Pamplona y Medellín respondieron al llamado que hicimos hace algunas semanas para compartir la semana pasada jornadas de asesorías empresariales sin costo en temas de comunicación, ventas, marketing, creación de contenidos, entre otros temas. También mi saludo a la Agencia de Medios y Relaciones Públicas GMT, quien en cabeza de su CEO, Gladys Moreno Torres, nos brindó una experiencia de vida increíble sobre cómo volver a empezar en esta época de quiebras y negocios que se cierran. Del mismo modo extiendo mi gratitud a la comunicadora social Carolina Gualdrón, quien nos compartió consejos para gestionar las redes sociales para cualquier negocio. A los asesores voluntarios que nos apoyaron desde otras ciudades del país, mil gracias igualmente. Y a mis socios en esta campaña, Art Media Planning Group y Sitma Emprende. Pronto esperamos comunicarles una nueva versión de la jornada. Pueden encontrar más información en www.ampg.com.co/conectemonos y visitar en Facebook las charlas realizadas www.facebook.com/redconocimientocol

Ya pueden seguirme en mi página www.juanchoparada.com, donde tendré más temas, vivencias y algunos escritos que compartiré durante este tiempo. Espero les agrade.

Y para finalizar, agradezco al periodista Jaime Arango del diario El Colombiano por consultarme a mí y a otros colegas blogueros de entretenimiento de este diario y de otras partes sobre cuál creemos que ha sido la telenovela colombiana más exitosa de toda la historia de la televisión nacional. En mi caso me apegué estrictamente a lo que siempre he entendido de lo que es el género, por lo que producciones recientes y seriados no entraron en mi top 10, que de hecho lo publiqué en el año 2014. Cuando me pregunten por la mejor producción de ficción de todos los tiempos en la televisión colombiana ahí si podemos hablar de nuevo.  Acá pueden leer las diversas opiniones

@juanchoparada

juanchopara@gmail.com 

 

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PERFIL
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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

Más posts de este Blog

  • Colombia

    Los límites de la verdad en ‘The Crown’ y otros recomendados

    La vida de los ‘royals’, estas monarquías que se resisten a desaparecer, que conservan tradiciones absurdas y transpiran drama por segundos, han llegado a nuestros ojos en diversidad de formatos: películas, series, parodias, documentales y todo lo que se puedan imaginar dan cuenta de un retrato de la sociedad anquilosado en el tiempo, pero que resulta adictivo al preservar su vena aspiracional. Es el brillo del poder y el dinero: los lujos que ocultan pasiones humanas que se deben refrenar por la conveniencia social, así como la obsesión de sostener una aparente rectitud, sin importar que la realidad diste mucho de ese deseo. [caption id="attachment_3072" align="aligncenter" width="819"]the crown - Poster de Netflix The Crown - Poster de Netflix[/caption] La serie de Netflix The Crown llega a su cuarta temporada pisando callos. Sin perder un ápice de su derroche en producción y calidad actoral, vuelve a poner en el tapete la amplitud en esas “licencias artísticas” para recrear los acontecimientos de una de las épocas más cercanas a la memoria colectiva global: la presencia de Diana Spencer, cuyo matrimonio con el príncipe Carlos marcó un gigantesco punto de inflexión en la reputación de la estirada corte de la reina Isabel II. Su creador, Peter Morgan, se solaza en dejar bien claro cuál fue el papel de cada personaje en una historia que comenzó como un cuento de hadas, pero aderezado de abundante magia negra, pues las motivaciones de la prestante familia inglesa resultan tan desconcertantes como maquiavélicas. Y a la debacle sentimental se le suma el cariz político con la introducción de Margaret Thatcher, cuyo gobierno no estuvo exento de tensiones tanto con la ciudadanía como con la misma reina. Esa composición de cotilleo con intriga política hace irresistible el conjunto, casi al nivel de un placer culpable, pues no interesa si sentimos empatía por alguno de sus protagonistas. Los ricos también sufren y acá la pasamos bomba entre tanta maledicencia e intromisiones de los monarcas en la vida de sus familiares. Ni siquiera lástima: los hechos verídicos que tantos periódicos vendieron en su momento lucían tan superficiales que se devoraban como si se tratasen de una revista de chismes. Así que el riesgo que toma The Crown en esta temporada es no convertirse en un relato de pasillo, y el resultado ya se ve con la abierta incomodidad de la familia real y varios de los biógrafos que califican como una falta de respeto y un completo despropósito tanta rienda suelta en los diez capítulos que conforman esta entrega, los cuales abarcan el período de 1979 a 1990. Puede que la adaptación de los hechos sea cuestionable, y en esto no hay quien se salve. Casi nadie de los personajes reales que se mantienen vivos comparte lo visto (aunque lo hayan pensado). No obstante, debo destacar que las mujeres de este episodio se llevan los aplausos. Olivia Colman, Emma Corrin y Gillian Anderson encarnan sus respectivos roles con gran solvencia, más para Corrin, que capta la esencia de Diana tanto a nivel gestual como en aproximarse a su drama personal. Un trabajo notable de apropiación del personaje. En el caso de Anderson, si bien la caracterización y ademanes se ven exagerados, creo que logra un semblante de la Dama de Hierro lleno de altivez, nada fácil de interpretar, pero tampoco un desatino como otros lo han percibido. Sus escenas con Colman van de lo divertido a lo emotivo, especialmente en el capítulo final. Las tres estarán en el ojo de las próximas entregas de premios. En suma The Crown mantiene los elementos básicos de una bioserie que hasta este momento fue complaciente con los hechos. Ahora se atreve a contarnos una historia de la cual conocemos tantos detalles que en este caso la vemos navegar entre los intereses de sus creadores en escandalizar para atraer audiencia o el compromiso con un punto de vista de los sucesos, más cercanos a lo que en realidad ocurrió, dejando al espectador la interpretación de los mismos. Como sea, insisto en que la distancia que marca el mundo de la realeza con el de la gente común hace que se revise la serie casi a un nivel morboso, digno de un folletín, que de un momento histórico. The Crown no nos va a dar clases en la materia, pero sí un platillo lleno de grasas y carbohidratos que engulliremos sin mayores ascos. Nueva música: Eddie Stofe & Maricela ft. Mario Castillo y Jeyluz y la banda Binovich Los artistas nacionales continúan más activos que nunca. Por ese motivo esta semana comento dos trabajos. El primero de ellos es el del proyecto musical cartagenero Eddie Stofe & Maricela, quienes preparan el lanzamiento de su nueva pieza musical llamada Espejismos, del cual se desprende el sencillo Háblame, en el cual unieron su talento con el cantante Mario Castillo y la intérprete Jeyluz. Desde el 2019 vienen colaborando en este ejercicio colaborativo que los llevó a México a través de Dreamer Agencia y a sumar participaciones especiales de otros músicos que se identifican con su propuesta. Acá pueden ver el videoclip de Háblame. Pueden seguirlos en Instagram y Facebook como @eddiestofeymaricela Por los lados del rock encontrarán a la banda de rock alternativo bogotana Binovich, conformada en el 2017 por Nicolás Valencia (Bajista), Sebastián Ruiz (Guitarrista y Vocalista) y Santiago Roncancio (Guitarrista). Tras su debut en el 2019 con un EP de tres sencillos, este 2020 nos presentan Tápense los oídos, un álbum dividido en dos partes, del cual promueven el sencillo Tú, Fuego del lado B de este trabajo. Los pueden encontrar en Instagram @binovich_ y en Facebook como BinovichRock En ambos casos podrán encontrar su música en las principales plataformas de streaming como Deezer, Spotify y Apple Music. Mauricio Rosero, un promotor de la esperanza En el podcast de Radiodistractor agregamos una entrevista al colombiano Mauricio Rosero, un influenciador que dedica su atención a promover mensajes de positivismo y transformaciones personales. Su experiencia y ganas de ayudar han llevado a este joven de 29 años a hacer parte de distintas organizaciones no gubernamentales. En el 2018 su trabajo fue reconocido en la ONU (Organización de las Naciones Unidas), reconocimiento que lo llevó a ser partícipe de una importante cumbre sobre ODS. ¿Qué hace un orador motivacional? ¿Cómo desempeña su labor? Los invito a conocer su experiencia de vida en el siguiente audio.   Pueden seguir en Instagram como @Mauriciorg8. Charlando con Pachoman Para cerrar este post, les comparto una interesante charla que anticipa algo de mi acostumbrada lista de lo mejor del año 2020 en cuanto a series y películas que pude ver. Gracias a la invitación de Francisco Córdoba, Pachoman, por compartir con su audiencia mis percepciones al respecto. Lo pueden seguir en @pachoman en todas las redes sociales y seguir sus lives en Facebook, Twitter y YouTube de lunes a viernes a las 7:00 p. m. juanchopara@gmail.com @juanchoparada www.juanchoparada.com 

  • Colombia

    Sobre el fin de una era periodística y documentales sobre videojuegos

    Cuando Jeff Bezos, el multimillonario presidente de Amazon, compró The Washington Post en el 2013, todos imaginaron que el legendario periódico estadounidense que –entre otros hitos- destapó el sonado caso Watergate que dio al traste con la presidencia de Richard Nixon, se diluiría en su paso al entorno digital y vería menoscabada su independencia editorial. En una carta de su puño y letra que envió a los empleados del diario, divulgada posteriormente, varios medios extrajeron una frase que hoy aún navega entre ser una oportuna visión o una astuta justificación: “Necesitaremos inventar, lo que significa que necesitaremos experimentar”. Desde entonces TWP mantiene su prestigio y reconocimiento que, en principio, poco se ha visto alterado por la alargada sombra de su dueño. Y es un escenario ideal, si bien no guste mucho la concentración de los medios en manos de empresarios poderosos. Pero esa no es la cuestión principal. El anuncio de Bezos partió, como ha ocurrido con otras adquisiciones de conglomerados en la industria de la comunicación, tanto de satisfacer alguna vanidad personal como de encontrar la fórmula de la rentabilidad que haga frente a los desafíos impuestos por el avance desaforado del mundo virtual. Traigo este caso a colación pues el caso de la revista Semana, medio que seguí durante mucho tiempo, abre múltiples cuestionamientos no solo sobre esa alquimia para elaborar la fórmula perfecta para gestionar medios de comunicación comprometidos con la divulgación de contenidos de calidad con un modelo de negocio que les permita solvencia. Traslada y aumenta la preocupación sobre la dignificación del oficio periodístico que tanto se proclama en la academia, pero que en la vida real se traduce en convertir la banalidad como cebo, el protagonismo de los comunicadores como bastión por encima de la credibilidad y la dictadura del clic como referente de calidad. Si ese es el destino de los medios de comunicación, si esa es la frecuencia en la que deben sintonizarse para aumentar unos cuantos ceros a sus cuentas bancarias, pues no vale la pena formar futuros periodistas a los que se les despierte una auténtica vocación. Si el afán por el show o la firme intención de polarizar con información escasamente analizada son los propósitos que guían ahora las empresas periodísticas, entonces que cada quien arme su tribuna en la plataforma que desee y, si tiene éxito, termine cooptado por alguien que encuentre atractivo su mensaje para servir a sus propios intereses. Al carajo la verdad, el servicio ciudadano, la investigación, los rostros de las tragedias que importan o de las acciones que cambian para bien su realidad. Bienvenida la calumnia disfrazada de valentía, los puntos de vista con personajes irrelevantes y la obsesión por alimentar las redes sociales con el veneno de ser la tendencia número uno a costa de la manipulación de los sentimientos de algunos que circundan por allí con ganas de cargarse lo que sea. No niego que estamos viviendo un cambio. Que aun resulte incierto el rumbo para los valientes que intentan apalancarse en la virtualidad para ser portavoces de distintas historias es también un hecho innegable. Pero que ese escenario digital no se convierta en una excusa para sacrificar convicciones o que estimule cambiar posiciones porque el que pone el billete manda. Lamento de verdad el fin de la era que brindó una casa periodística a la que he respetado desde que la conozco, así como a los cientos de colegas que han pasado por allí y los que acaban de dejarla como si se les hubiera venido encima. Si sus nuevos propietarios reflexionan sobre cada uno de estos aspectos, tal vez, su nueva cara no resulte tan chocante, pero si sus reacciones inmediatas son cada vez más erráticas, terminarán por enterrar inmerecidamente todo un legado y su permanencia se verá altamente comprometida. Qué triste es sobrevivir a una situación tan extrema como esta pandemia y ver cómo quedan atrás las cosas que admirábamos, o se transforman en algo irreconocible. Peor aún si nos queda la sensación de un periodismo agonizante, conectado a un respirador artificial de click bait, videos de Tik Tok o los gritos de ‘influencers’. El 2020 nos cambió, pero no pensé que se le iría la mano. ¿Qué recuerda sobre la era de los videojuegos? Aunque reconozco que mi destreza con los videojuegos es muy limitada, me ha resultado apasionante revisar el impacto en la cultura popular de esta industria creativa, que particularmente en Estados Unidos y Japón vivió un crecimiento exponencial en sus orígenes, consolidó emporios rivales y definió a los líderes en la carrera por atraer la mirada de los consumidores. Dos producciones que recomiendo ampliamente para analizar dicho impacto se encuentran vigentes en HBO y Netflix respectivamente. Les hablo de Console Wars y High Score, un documental y una serie que nos sumergen en los intríngulis que se tejieron alrededor de juegos de gran recordación, compartiendo en común entrevistas con sus creadores, dueños del negocio y, en contados casos, a verdaderos competidores. La primera, producida por Seth Rogen y Evan Goldberg, pesos pesados de la comedia americana en la actualidad, revisa con bastante sentido del humor, como se podía esperar, la confrontación entre Nintendo y SEGA en la última década del siglo XX. Un amplio material y entrevistas a todos los implicados revelan no pocos secretos corporativos, estrategias osadas de mercadeo y el precio que pagaron por decisiones que cambiaron el rumbo del negocio. De verdad es de lo mejor que he visto este año, así que la pueden ver en HBO GO o en algunas de las repeticiones del canal. Por su lado, High Score no solo revisa ese episodio, sino que se da el lujo de ir más atrás y golpear la nostalgia ochentera al contactar y entrevistar a creadores de juegos como Space Invaders, Pac-Man, o los pioneros de los juegos de rol. En esa medida se convierte en un complemento ideal del documental de HBO para armar un viaje de casi cuarenta años de desafíos galácticos, torpezas creativas e incomprensibles disposiciones que sepultaron algunas buenas iniciativas. Capítulos de 40 minutos en promedio que se devoran de una sentada en Netflix. Tonny Pro 7, el productor audiovisual de los famosos Radicado en Miami, este joven realizador venezolano ha construido un nombre alrededor de su propuesta audiovisual. Antonio Chávez, su nombre de pila, ha sido consultado por diversas personalidades del ambiente artístico, deportivo o digital para retratar algunos de sus mejores momentos, por lo que lleva su vida profesional en medio de eventos o actividades donde captura la esencia de cada personaje que lo contacta. Mientras espera venir a Colombia pueden conocer su trabajo en su cuenta de Instagram: @tonypro7, seguirlo en Facebook en @tonypro7 o escucharlo a través de Spotify https://www.instagram.com/p/B6w7crBHlPN/

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2 Comentarios
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  1. Juancho olvidó un tema no menor y tal vez el más importante, la monogamía es un concepto cultural que nos ha sido impuesto, básicamente por los discursos religiosos monoteístas enraizados en oriente próximo, desconociendo que somos básicamente los primates más evolucionados, si a esto se le puede llamar así.

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