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Como dice en la presentación del blog, soy un docente de 66 años. Cursé mi kínder y mi primaria en la Escuela Parroquial de Plato Magdalena, mi pueblo natal. Era ésta una de las cuatro escuelas de primaria que existían en los primeros años de la década de los 60 allí. Era de carácter privado y la dueña era una tía mía. Las otras tres escuelas eran: el Colegio Inmaculada Concepción, dirigido por una congregación de monjas católicas, también privado, y las oficiales: La  Escuela Urbana para Varones y Escuela Urbana para Niñas. Al terminar mi primaria, pasé al único colegio público de bachillerato; el cual sólo tenía la básica secundaria, es decir, hasta lo que hoy es noveno. El que terminaba  ese grado, tenía que salir a Santa Marta, Barranquilla o Cartagena, a cursar la educación media, lo que hoy es décimo y undécimo, si los padres tenían recursos para pagar todos los gastos que ese traslado implicaba. Gracias a Dios, cuando me tocó estudiar la educación media, el Colegio Gabriel Escobar Ballestas, donde yo estudiaba, abrió esos dos últimos grados, porque mi familia había caído en desgracia y había perdido fincas, casas, ganado… Sólo quedó mi madre con una tienda y mi padre “marañando” con dinero y ganado prestado.

Tanto en la primaria, como en el bachillerato, mis maestras y profesores fueron personas que nunca habían asistido a una facultad de educación. Eran bachilleres. Y unos pocos abogados o químicos farmacéuticos que me dictaron algunas materias en el bachillerato. Incluso, algunos bachilleres de Barranquilla iban un año a Plato a ganarse un dinerito para comenzar a estudiar en la Universidad del Atlántico, donde me los encontré al año siguiente gracias al esfuerzo de mis padres y la tía que más nos ayudó a todos, aunque fuese durmiendo en la sala y comiendo lo que quedase después de servirle a los pensionados que pagaban su mensualidad. Nunca olvidaré a ese ángel que Dios nos mandó a mis padres, tíos, primos y lógicamente, a mí. Qué Dios la tenga en su Santo Reino, Tía Zoila.

Mi deseo era estudiar Sicología o Derecho. La primera era inalcanzable para mí, porque la tenían las universidades privadas y en la segunda, la persona que me iba a ayudar a ingresar a la Universidad del Atlántico no lo pudo hacer. Eran los tiempos de un rector-represor, a quien apodaban: ‘El Policía Figueroa’. Me tuve que quedar en Plato más de medio año. Cuando se democratizó la Uniatlántico y convocaron a exámenes de admisión, no pude presentarme a estudiar Derecho, porque éste era anual y ya llevaba un semestre corrido. Por eso y porque siempre me llamó la atención lo que tenía que ver con la lengua castellana, me presenté y pasé en la carrera de Licenciatura en Filología e Idiomas, en donde ocupé, modestia aparte, el primer lugar en todos los semestres. Me exoneraban de matrícula y sólo pagaba “los Varios”. Así me decían. Los dos semestres costaban $475. Es decir, pagaba $200 por los dos semestres.

Comencé a trabajar en un colegito privado de Barranquilla, cuando cursaba el séptimo semestre, en el año 1978. Después pasé a dos colegios más grandecitos y con mejorcitos salarios. En uno laboré 14 años y en el otro 33. En este último, le trabajé políticamente a la propietaria y rectora, quien me tuvo engañado con conseguirme el nombramiento oficial con Los Name, Los Martín Leyes, Los Acosta, pues en esa época, la entrada al sector público era por “palanca”. Sin embargo, yo veía que lo que ella conseguía era para sus familiares y para el colegio. A mí me mandaba con una carta dirigida a los políticos a los que les hizo campaña, pero, ellos nunca estaban o la secretaria me decía que se las dejara.   Después, en el año 1986, el ICFES convocó al primer concurso de méritos, en el cual participé y pasé, pero dejaron los nombramientos en manos del secretario de educación departamental de turno, Wálter Barraza, (en ese tiempo Barranquilla aún no era distrito), quien negoció nombramientos por votos con ADOSELA, una asociación que fundó el docente seleccionado, Medardo Drago y de la que no tuve conocimiento, sino cuando vi que Barraza y Drago negociaron nombramientos por votos. Cuando yo iba a las oficinas de la secretaría de educación, veía a Drago entrar y salir del despacho como “Pedro por su casa”. Vine a ser nombrado en el año 1992, a mis 37 años, por 35 votos que conseguí con familiares y amigos, para la secretaria de educación del ya creado Distrito de Barranquilla.  Aún sigo trabajando para pagar las deudas que me dejó el sector privado.

He hecho este pequeño resumen de una parte de mi vida para hacer saber a los  ignorantes de lo que tiene que ver con el sector educativo, que dicen que los peores estudiantes son los que escogen la carrera docente, que en Colombia hay excelentes, buenos, regulares y deficientes trabajadores en todas las carreras profesionales, técnicas y tecnológicas. Muchos escogemos ser maestros por vocación, otros, tal vez, porque es una de las profesiones que mayor campo de trabajo tiene. Y me gustaría ver a esos que desprecian a los maestros, metidos en un aula con 40 o más estudiantes, sin aire acondicionado y muchas veces sin ventiladores, con sillas de mala calidad para estudiantes y profesores. A veces, las mejores son las que cambian las universidades privadas y las donan a nuestros colegios.

Yo trabajo en el segundo mejor colegio oficial de Barranquilla y de la Costa Atlántica, el Instituto Distrital para el Desarrollo Integral Nueva Granada (IDDI) y uno de los diez mejores de Colombia. Estamos detrás del Instituto Von Humboldt. Pero, si usted compara las condiciones de ambos colegios, se dará cuenta de que las diferencias son abismales: La Humboldt, como se le conoce en Barranquilla, es selectiva: sus estudiantes son de los de mayor coeficiente intelectual, sus cursos son reducidos, el medio ambiente es totalmente diferente: mientras que la Humboldt tiene espacio y árboles, la sede 1 del IDDI, mi colegio, donde funciona el bachillerato, tiene 7 salones viejos y reducidos y 8 que fueron construidos en la primera administración de Alejandro Char, hace más de diez años, con el Plan Alcalde. En esa ocasión, se hubiesen podido construir cerca de 30  salones con el mencionado proyecto o por Ley 21. Sin embargo, dijeron que no lo hacían porque los terrenos donde está esta sede están en litigio, pues le salió un propietario. También, se hubiese podido construir, en la sede 2, que tiene una gran cantidad de terreno y unos salones de hace más de 40 años, pero tampoco lo hacen. No sé por qué. El colegio es escogido siempre para mostrar, pero no para ayudarlo. La rectora que llegó hace pocos años, Ruth Rubio, ha mejorado ostensiblemente los ambientes escolares con los pocos recursos que gira el gobierno con los dineros de “gratuidad”, pero no alcanza para nada. Y en esto también nos aventaja La Humboldt: cuando “lloran”, el Distrito y la empresa privada los consuelan.

Imagínense, si esta es la situación de uno de los mejores colegios, cómo será la de los barrios subnormales como El Bosque, El Ferry; Siete de Abril, La Chinita, La luz, Rebolo, La Pradera, Las Malvinas, La Paz… La lista es interminable.  En todos estos barrios, hay que agregarle la situación económica de los padres: la mayoría sin empleo y la otra en la informalidad. Me cuenta mi hija, quien también es licenciada en lenguas modernas y trabaja en el colegio La Esperanza del Sur, en El Bosque, que a esos colegios se les suma el hambre, el hacinamiento, los embarazos prematuros… Por esos barrios sí que ni el viento llega. ¿Y qué tal será en las zonas rurales?

El docente oficial tiene que convertirse en sicólogo, consejero, prestamista sin pago…

Como se puede ver, es un desatino compararnos con Finlandia, Japón y los países de la OCDE. Sólo saben decir que a Colombia le fue mal en la Prueba Saber y peor en las pruebas PISA y los responsables son los “Perros Flacos”: los docentes. Y atacan a FECODE (Que somos los maestros) porque protestamos, no vandalizamos. Si con las protestas casi no se consigue nada, qué tal sería nuestra situación. Nomás miren como le pagaban en el departamento del Atlántico a los docentes hace algunos años: con cajas de Ron Blanco de la extinta Fábrica de Licores para que las vendieran. ¡Qué tristeza, por Dios!  También creen que ganamos un gran sueldo. Ojalá consulten cuánto ganan los maestros de primaria y bachillerato y comparen con lo que devenga un profesor universitario con menos carga en todo sentido.

Asimismo, hablan del resultado de las pruebas antes mencionadas; las cuales evalúan LECTURA CRÍTICA y censuran los gobiernos y los políticos que se está adoctrinando a los niños y jóvenes. Entonces en qué quedamos: ¿Qué los alumnos sean críticos o se traguen todo sin digerirlo?

Además, cuándo llegará un presidente que nombre un gabinete técnico, en donde la salud sea dirigida por un especialista en ese ramo; la educación, un magíster o doctor en educación y así sucesivamente. En Colombia se nombra por cantidad de votos puestos y la famosa “Mermelada”.

La situación es compleja. Qué Dios meta su Mano Poderosa y nos ilumine para elegir un presidente que de verdad ame y cambie positivamente a Colombia.

 

Mientras tanto, si usted no conoce la situación de la educación en Colombia, no opine sobre ella, porque la ignorancia es atrevida.

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Soy un docente de 66 años, licenciado en filología e idiomas de la Universidad del Atlántico.

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