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Desvariando para variar

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Sentada en la misma silla unos cuantos meses después, mirando ansiosa la puerta mientras espera su llegada, recordó el día en que se conocieron. No tuvo que pedir nada, él siempre fue creativo con las ideas. Aquella noche hacía frío y él apareció con una taza de chocolate(...)

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Respiro hondo. El corazón revolucionado late a mil por hora. Hay quienes lo llaman parálisis de sueño, otros dicen que es un demonio que se nos sienta encima cuando dormimos. Yo no creo ni lo uno ni lo otro. Para mí, este ahogo es producto del insomnio y de la pesadilla(...)

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Me gusta ver correr sangre. No en las películas, no en esta guerra despiadada que está consumiendo el mundo, no en los hospitales, nada de eso. Me gusta ver correr sangre, literalmente. Cuando una herida se abre y esa gotita espesa brota y cae para reclamar su lugar en el(...)

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Es mi primer invierno. Me refiero a la estación como tal, la época del año. Muchos podrían pensar que no debería sorprenderme puesto que nací y crecí en Bogotá y la gran mayoría de foráneos que visitan la capital de Colombia se la pasan comparándola con una nevera.(...)

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Teresa tiene tal vez unos dos o tres años más que yo, pero ya me habla como una mamá. Está pendiente de mí, me prepara café, se preocupa por mi salud y porque el aquel no me rompa el corazón. Siempre me saluda con un abrazo y esa sonrisa bonita que le ilumina el(...)

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No ha sido fácil. Ni siquiera voy a tratar de suavizar las cosas ni fingir que soy muy fuerte. La muerte de mi abuela fue algo que, no solo cambió el rumbo de muchas decisiones, sino que ha sido uno de esos tragos amargos que uno no alcanza a sanar ni con un conteiner de(...)

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Si yo tuviera que elegir una canción para hablar de mi mamá, sería la que le da título a este desvarío. Siempre que la escucho me devuelve a esas fiestas de la adolescencia cuando se casaron todas mis primas y no respetaban popurrí de Los Melódicos, El Hijo de Tuta y por(...)

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No lo soy en la cuenta bancaria, en las propiedades, en la fama, en la coordinación, pero en el amor, pueden llamarme Lio. Yo en el amor soy Messi. Y fíjense bien en la ambigüedad de esa expresión. Sí, soy Lio, y sí, soy un lío. Ahora, ¿a qué viene tanto juego de(...)

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El primer gran amor de mi vida se llamaba Alejandro. Lo recuerdo bien: cabello castaño, ojos marrones… era todo lo que podía soñar. Cuando sonreía se le hacían hoyitos en las mejillas y cuando se enojaba, una prominente vena brotaba en su sien. Era inteligente, guapo y(...)

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Queridos lectores: Con gran pesar debo hacerles una confesión que puede rompernos el corazón a todos: tengo la peligrosa sensación de estar madurando. Lo sé, esto debió suceder hace mucho, mucho tiempo, pero por alguna razón que desconozco no estoy haciendo un mohín por(...)

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