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Profile image Publicado en: Geopolítica, poder y democracia

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El ataque repentino ordenado por Donald Trump, significa un rompimiento claro con su antecesor Barack Obama, quien siempre privilegió la disuasión con el régimen sirio. En 2013, Obama había consultado al Senado sobre la posibilidad de intervenir en Siria, por la utilización de armas químicas y biológicas contra su población. Es más, ese cuerpo autorizó una operación limitada. Se apelaba al Ejército Sirio de Liberación (ESL) que congregaba a quienes resistían contra el régimen. Parecía, además, sensato apoyar un cambio sustancial en Siria a través del (ESL), y dejar atrás a un régimen hostil al proyecto de varias potencias en Oriente Medio. Esas son: Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Turquía y Arabía Saudí. Todos han pretendido deshacerse de al-Ásad, aunque por distintos motivos. Los dos últimos, considerables potencias en la zona, lo observan como un bastión del islam chií y sienten la responsabilidad de proteger a la población sunni, sometida por la mano dura del presidente sirio. Lectura geopolítica descarnada, que ha causado muertos por decenas en Siria y en Yemen, donde la guerra fría entre estas dos grandes comunidades no se detiene.

En Siria no existen abundantes yacimientos petroleros, su economía está devastada tras 6 años de guerra, por eso es descartable que a Washington solo le interese el petróleo. Si fuera tal, años atrás, hubiese levantado todas las sanciones contra Irán, sexto productor de petróleo en el mundo, especialmente cuando el precio sobrepasó los 100 dólares el barril. Aunque parezca convincente la hipótesis expandida del oro negro, como propósito exclusivo, basta revisar algunas de las intervenciones o posiciones más recientes, para contradecirla. Por ejemplo, la intervención en Afganistán, que no produce hidrocarburos ni tiene yacimientos representativos, las sanciones que se han venido aliviando pero que subsisten contra Irán, país petrolero y condenado al ostracismo, y ahora, el ataque premeditado e inoportuno contra Siria. En ninguno de estos tres frentes, opera la lógica del petróleo.

Las claves para entender la impaciencia de Occidente, frente a al-Ásad son otras. Primero, el presidente sirio colmó la paciencia de una parte de los países europeos en 2005, cuando en El Líbano tuvo lugar la Revolución del Cedro. La muerte del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri derivó en duras protestas contra Siria, pues se especulaba que ese régimen, había dado la orden de su muerte, a través de un coche bomba. Hariri había sido crítico enérgico de la presencia de los servicios de inteligencia sirios en El Líbano.

Segundo, los levantamientos árabes desde 2010, fueron percibidos como una oportunidad para reconfigurar la región, y acercarla a los intereses del mundo sunni y de Occidente. En ese contexto, al-Ásad se volvió más problemático aún. Estados Unidos, Francia y Reino Unido cometieron el error de apoyar selectivamente algunos procesos, como el libio que terminó catastróficamente. Sobresalen también actos injustificables, como el silencio cómplice con el dictador egipcio Abdelfatah Al-Sisi,que interrumpió el gobierno democrático de la Hermandad Musulmana, y ha sido responsable de ejecuciones por decenas. Y la apuesta errónea por el Ejército Sirio de Liberación. El gran yerro respecto de este último, consistió en armarlo sin saber que terminarían fortaleciendo a grupos radicales en Irak. Esto se explica por el débil control que existe en la frontera entre Irak y Siria. Con un Estado iraquí devastado, desde 2013 avanzaba el entonces Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) grupo extremista sunnita, al que se le fueron uniendo grupos radicales al otro lado de la frontera, en territorio sirio. Cruda paradoja: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Turquía y Arabia Saudí, terminaron abasteciendo de armas al temido Estado Islámico (EI) o Daesh, así declarado desde junio de 2014.

Tercero, cambió la percepción drásticamente sobre Siria en estos meses. Bashar al-Ásad era un mal necesario, pues de su presencia y de la fortaleza del Estado sirio, dependía en buena medida la contención del Estado Islámico. Vale recordar la forma como el ejército de Siria con apoyo de Rusia e Irán, ha venido quitándole terreno a Daesh, como ocurrió en diciembre de 2016, con la recuperación de Alepo. Hecho que hoy pocos recuerdan, pero que significó un retroceso mayor para el terrorismo. No obstante, las muertes de niños y civiles en general, ha causado un repudio generalizado y justificado. Elevando una solicitud al Consejo de Seguridad, París creyó contribuir a la visibilidad del problema, pero jamás advirtió, que su causa por noble que fuera, serviría de argumento para el ataque que lanzó Estados Unidos.

Aunque no se ha comprobado la autoría de Damasco, se da por descontada. Así fue cómo británicos y estadounidenses, convencieron a varios países del mundo sobre la posesión de armas de destrucción masiva por parte de Saddam Hussein. Entre esos países que creyeron a ciegas, estuvo Colombia, único latinoamericano en respaldar la invasión el 23 de marzo de 2003. Tal como ocurre actualmente, al apoyar efusivamente la movida de Trump, acto que desdice de la condición de Nobel de paz, entre otras del pasado, como el bombardeo a territorio ecuatoriano. 

No caben dudas sobre la urgencia de una salida humanitaria en Siria. El problema con las acciones de Estados Unidos y quienes lo apoyan, consiste en dos contradicciones mayores. Rara vez las soluciones radicales y violentas logran un cometido humanitario. Para la muestra, vale asomarse a los casos de Serbia (1999), Afganistán (2001), Irak (2003) y Libia (2011). A su vez, la animadversión frente a al-Ásad, contrasta con lo poco que denuncian el sufrimiento de los palestinos en Cisjordania y especialmente en Gaza. ¿Algún día calificarán a Benjamin Netanyahu como responsable de los más horrendos crímenes contra desprotegidos palestinos, como lo hacen con al-Ásad? Así como proponen juzgar al sirio ¿los europeos tendrán el valor de hacer eco de la propuesta de Desmond Tutu de llevar ante la Corte Penal Internacional a George W.Bush, y Tony Blair por los crímenes de guerra en Irak? Poco probable, por no decir, imposible.

 

@mauricio181212

 

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Profesor de Política Exterior Comparada en la Universidad del Rosario, Magíster en Geopolítica de la Universidad Paris VIII y en Seguridad Internacional del Instituto de Estudios Políticos de Toulouse.

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8 Comentarios
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  1. Gringos siempre armando guerras para asolar esos países, pero siria no es libia ni irak.
    Los norteamericanos crearon y armaron hasta los dientes al daesh,a alnushra etc etcétera.
    Para seguir incendiando al medio oriente,pero este sapo parece que lo puede ahogar.

  2. javier455483

    El problema es q todos pelean por el dominio de ese país, pues es la única vía rentable para transportar los hidrocarburos de medio oriente al mediterraneo

  3. hercyparada0717

    Por desgracia se está comprobando que en ninguna parte del mundo la llamada salida negociada sirve para nada no más acordemos como terminaron los conversatorios de paz de venezuela

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