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La piedra afuera

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Intentaré desarrollar el argumento de que el colombiano es un ser más bien maluco a riesgo de granjearme insultos. Acometo la tarea con el pleno conocimiento de que más de uno me condenará a los infiernos profundos, pero con la firmeza de quien se siente iluminado por la luz(...)

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  Reflexión acerca del carácter violento de los colombianos.   Qué placer caminar. No hay nada como caminar por la ciudad, sin afanes, tomándose el tiempo para mirar las vitrinas, los carros, a las personas… Eso hacía yo una mañana de enero, hace(...)

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Algunas palabras dedicadas a la más infame de las bestias. ¿Cómo hablar de la corrupción?, ¿para qué? Se ha escrito tanto sobre el tema que agregarle palabras parece un esfuerzo inocuo. A pesar del sinfín de estudios, diagnósticos, estadísticas, propuestas, comités,(...)

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Empeño fútil por cuantificar las desventajas de una cultura basada en el atajo. En artículos pasados reseñé brevemente los inconvenientes que acarrea la cultura del atajo en el desarrollo de la sociedad, e ilustré con algunos ejemplos las manifestaciones de dicha cultura.(...)

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Reivindicación del vapuleado batracio y su beneficioso papel en la sociedad. Hoy vamos a hablar del sapo. En la naturaleza el sapo es un animalito más bien feo, pero en su ambiente natural cumple un papel importante pues se encarga de mantener a raya insectos perjudiciales y(...)

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El por qué los colombianos no podemos respetar la institución de la fila. Acostumbro comprar los víveres en un supermercado muy conocido, de los que han dado en llamar «grandes superficies». El episodio que hoy estoy relatando ocurrió precisamente en una de esas ocasiones.(...)

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Voy a referirles una historia urbana que tuve el dudoso privilegio de presenciar en carne propia. Yo soy un ciudadano común y corriente, de esos que usted se topa cuando camina por los andenes de Bogotá; el ciudadano que no atrae su atención, salvo que sea su conocido o que le(...)

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