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El expresidente debe aclararle al país qué ocurrió con los dineros de la reelección. 

Este es el escenario. Un expresidente necesita reelegirse para culminar su proyecto emblema que le reconocerá un lugar en la historia. La firma de un acuerdo con la guerrilla más longeva del continente no es un hecho menor, ni que se pueda esquivar. La desmovilización de 13.000 hombres en armas que antes secuestraban, colocaban bombas, pero que también tenían el control y funcionaban como el Estado en las regiones lejanas a donde las instituciones aún no aterrizan, significaba de manera ineludible un capítulo para la historia, no solo de Colombia, sino de la humanidad. 

Hubo símbolos que conmovieron. Las metralletas convertidas en palas, los balígrafos, las palomas que todos los políticos querían colocarse en la solapa, a excepción de un solo partido, para figurar en las revistas, en la televisión y la prensa. 

Además, el mundo encontrado en una causa noble: dar un paso a la reconciliación de una sociedad violenta que se mató a sí misma durante décadas sin permitirse palabras. Hubo sapos, como dijo el expresidente una tras otra vez, que había que tragarse porque ningún acuerdo es perfecto. Lo volvió a explicar en detalle en su último libro. 

Hubo sapos como permitir que los miembros del secretariado lograran una curul en el Congreso aún sin salir elegidos democráticamente por dos legislaturas completas. Sapos también como el de reconocer el narcotráfico y el secuestro conexo a la rebelión entendiendo que tratos igual de deferentes habían ocurrido en el pasado con los paramilitares, y que valía la pena si el negocio para el país terminaba en réditos y vientos sin guerra. 

Hubo también difíciles decálogos jurídicos como la construcción de una nueva justicia que traía una concepción de reparación y no repetición por encima del castigo merecido por horripilantes crímenes y complicidad en la barbarie. 

Se logró, por ejemplo, que todos quienes participaron directamente en el conflicto, militares y excombatientes, fueran tratados con el mismo racero. Aún hay dudas sobre ese racero. Pero el sapo fue digerido lentamente hasta la última anca.

No paró ahí. Vinieron otros sapos luego de la firma del acuerdo. Arrogancia de algunos exguerrilleros que terminaron ganando fugándose a su antojo, irregularidades en las instituciones de la paz, excesivas garantías para los exguerrilleros que aún no terminan de entender que el proceso de paz, además de reconocerles un lugar en la sociedad y de tratar de hacer menos injusta la realidad agraria del país, se trata también de que acepten su responsabilidad, cuenten ellos la verdad, pidan perdón en hechos simbólicos de trascendencia nacional y, reparen, realmente que reparen a sus víctimas. Pocos lo han entendido así. La mayoría ve al acuerdo como un puente para el camino del poder. Pero el proceso lo valía. El negocio era desmovilizar a 13.000 hombres armados que eran un riesgo y se mataban con otros hombres armados iguales a ellos, en una masacre cíclica de pueblos ignorantes, a cambio de participación política, apertura, tolerancia; hacer la sociedad un poco más justa y llegar a las regiones. 

El fin era un buen fin. Aún lo es hoy con los errores. Y en el camino al fin, era evidente que el mundo iba a reconocer el liderazgo y el enfoque prioritario para lograr un cambio que produjera sensatez, al menos un poco menos de violencia, menos muertes injustas y menos sufrimiento para los que están acostumbrados históricamente a tener que convivir con el sufrimiento como con un familiar que pernocta en las noches y vuelve cuando quiere. 

Pero en el camino al fin anhelado también hubo negocios. Odebrecht capturó las campañas de América Latina. Las financió para conseguir después los grandes contratos de infraestructura. No es una novedad ni tampoco la única empresa que lo ha hecho en las últimas décadas. Pero las investigaciones de Estados Unidos le dieron impacto a la noticia. La campaña de la segunda vuelta tenía un elemento definitivo: se trataba de consolidar el proyecto de la paz y ganarse un lugar en la historia, o concluir sin más otra oportunidad única para el país. 

La primera vuelta acabó con la champaña y trajo al temor de los años de la guerra de regreso. Pero no bastaba con las intenciones. Y no bastaba con el romanticismo de la reconciliación. El testimonio de Andrés San Miguel que fue entregado a la Fiscalía y, curiosamente, enviado al Consejo Nacional Electoral en los últimos meses de la gestión de de Néstor Humberto Martínez, ternado por Santos, es aterrador. 

Se trata del recibimiento de cerca de $4.000 millones de pesos producto de un contrato ficticio de la Ruta del Sol II para la campaña de reelección en un momento clave cuando se acercaba la segunda vuelta. Esteban Moreno, el joven que entendió la política como una buena forma de hacer negocios, los recibió. Es evidente que jamás va a contar a quién se los dio y para qué fueron utilizados. Su verdad podría causar un remezón en la cúspide del poder y los poderosos que están atornillados allí tienen un mediocre diseño institucional construido a su medida. 

Luego se supo que el origen de los sobornos al Ñoño Elías estaban en Corficolombiana, según su testimonio a la Corte Suprema revelado por la periodista Silvia Charry. Elías gran amigo de Santos en campaña y a quien este último premió con el Fonade y con otros cargos burocráticos en el gobierno.

Santos no es solo un expresidente. Es el expresidente con más trascendencia en la historia de Colombia; es dignatario de un Nobel de paz. Por ese honor debería aclararle a la sociedad su papel en los sobornos que están cerca de manchar para siempre la paloma de la solapa con la que convenció al mundo. 

Los sapos que nos tragamos por la paz, no nos los tragamos por Odebrecht, tampoco por el Ñoño, mucho menos por los Gaviria. 

En otros temas:  La Corte Constitucional se habla a sí misma. Debe haber una ponderación entre la obligación de combatir al narcotráfico y el deber del Estado de proteger a las comunidades vulnerables, pero alguien tiene que pensar en los cientos de muertos generados por efecto del negocio de las drogas. 

@santiagoangelp 

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PERFIL
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Santiago Ángel es un joven periodista bogotano. Trabajó en Blu Radio, ahora en La Fm de RCN Radio y cree que el periodismo es la brújula de los pueblos. Un país que no tenga buenos periodistas es un país condenado a los caprichos de los poderosos.

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16 Comentarios
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  1. HOMBRE, MIS MAS SINCERAS FELICTACIONES. ESCRIBE, COMO SE DEBE ESCRIBIR, EN FORMA CENTRADA Y A LA YUGULAR, COMO DECIMOS EN EL LLANO. ESPEREMOS QUE EL NUEVO FISCAL, ASI SEA URIBISTA, TENGA LA CAPACIDAD MORAL DE ACTUAR EN LEY Y ETICA, DE TAL MANERA QUE PONGA DE MANIFIESTO TODOS LOS ATROPELLOS DE ESTA CLASE DIRIGENTE CORRUPTA. FELICITACIONES Y ESPERAMOS PODERLO SEGUIR LEYENDO.

  2. Santos no tiene relevancia alguna enel país, aparte del odio que suscita dada la polarización del acuerdo que impuso a machetazos y leguleyadas. Las consecuencias están a la vista: rearme de las farcsidencias, el eln tomando el lugar de escuadrón de la muerte de la ultraizquierda y bandas paramilitares sin identidad política aprovechando la bonanza coquera. Esos sapos, aún tragados, deben ser reevaluados; que no nos pase como Irlanda, que negoció con el IRA y terminó con tres organizaciones delincuenciales iguales o peores delinquiendo a lo largo de Europa, hasta que la mano dura los sofocó, o la ETA, que debió rendirse cuando Francia les negó santuario.

  3. Santiago ud tiene una escala de valores muy particular, por decir lo menos, se escandaliza por los dineros corruptos en la campaña de reeeleccion de Santos pero le importan un bledo las victimas de las FARC a las que les vieron la cara con el torcido de la Habana, obvio que recibir platas corruptas para financiar una campaña esta mal, pero de ninguna manera es peor que dejar libres y sentar en el congreso a violadores, secuestradores, extorsionistas y asesinos, por eso Colombia no va a estar en paz mientras unas vidas valgan mas que otras y el dinero sea lo mas importante…

  4. germanalfonso988964

    acabar con los cultivos usando glifosato u otro producto. no es la solución al problema del narcotráfico. para acabarlo. la única manera sensata de hacerlo es legalizándolo
    .

  5. Me temo que este bloggero habla por una minoria… porque yo y todos mis conocidos, no nos hemos tragado ningun sapo. Tan es asi, que estamos apoyando activamente el referendo de herbin hoyos para desmontar la falsa paz de JuHampon FARsantos… y de donde se saca que eran 13mil?? esta usted como los de los falsos positivos que ya van en 5mil…. eran 5mil narcogenocidas integrantes de las FAR y ahora son 4mil narcogenocidas integrantes de las disidencias… lo unico bueno de este proceso de impunidad es que ya tenemos una referencia exacta de quienes son estos disidentes y sus señas particulares…

  6. Van 7 mandatarios en la carcel o destituidos , y uno mejor se suicido, pero Timo.Santos sigue protegido por Las Cortes de las F.A.R.C. Que el mismo Ampon citó nombró y sigue almorzando con la momias, antes de los veredictos.

  7. con la misma vehemencia insiste en que zuluaga responda y duque ( actual presidente) que paso con el dinero que le dieron a la campaña de zuluaga, que paso con la famosa reunion en brasil, carajo sean coherentes con todos, ¡¡¡¡

  8. Se equivoca en lo que afirma usted. El ejército y la guerrilla no son iguales, y sus hombres mucho menos. Esa mentira es creída en mucho por los que apoyan el narcoacuerdo cubano.

  9. Ojalá el trato a los guerrilleros hubiese sido igual al de los paras como dice en su comentario. No habría el problema que hay con un poquito menos que medio país pensando como usted y un poquito más que medio país pensando que querían la paz, pero no así como la cerró el señor Santos.

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