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Ella es arte.
Es teatro.
Teatro puro.
Nació para hipnotizar desde las tablas. A través de ellas. Y más allá de ellas…
Desde los primeros años de una infancia consentida e idílica sin ser perfecta, Carolina Virguez, con un encanto innato para enamorar, empezó a demostrar su talento. Su tarima era donde quiera que estuviese parada, su escenario: cada segundo de su existencia.
La magia de su invaluable gracia y la inocente picardía de una niña que a muy temprana edad dibujó en el rostro muchas veces huraño e indeseable de la vida, una sonrisa, un paisaje, un personaje, una ficción, un mimo polifacético e infinito, una fantasía, una fábula, un hada milenaria, una reina Margarita encerrada en la penumbra de una insondable melancolía, la magia de un arcoíris, el carácter de una esclava dueña del embrujo de un futuro precioso, un cangrejo lleno de amor y magia, la melancolía de una emperatriz que todo lo ha perdido, menos el amor o cualquiera que fuese el sello de la fantasía hacia donde su imaginación la llevara..
Regularmente, Carolina le ha dado vida y color a los espacios en donde se halla, a la gente con quien está; empezando por su nutrida y linda familia. Todo aquel que ha tenido la fortuna de compartir la vida con ella, o tan solo un fragmento o un diminuto pedazo de la existencia incluso, con certeza, puede dar fe no solo del espiral de gratas sensaciones que esta mujer transmite y la extraordinaria energía que atraviesa como el arcoirís toda su humanidad, sino de su talento espléndido y su radiante ser; tan sencillo como sublime en sus más lindas proporciones.
Ver a Carolina Virguez Serrato explotar en el escenario de las tablas todo el talento que durante más de 40 años ha ido forjando a pulso y perfeccionando con el denuedo de quien ha sido un incansable “obrero y sultán” en su profesión, tiene que ser algo hermoso como en efecto lo es. Pero más hermoso es tratar a un ser humano tan cálido, sincero, amigable, noble y certero como ella.
Carolina es colombiana de nacimiento. Pero su corazón, también de Colombia, tiene en su otra mitad el encantamiento típico del Brasil.
A muy temprana edad, Carolina partió a tierra carioca siguiendo sus primigenios designios que desde la cuna ya empezaban a dejar. La inamovible estela de quien desde un principio sabe de dónde viene y para dónde va, a dónde quiere llegar y que tan lejos puede volar.
Aventurera, exploradora de sueños y tierras quiméricas, hada, escudo y adarga de su propia fantasía y ejemplo laudable para quienes fascinados la hemos visto crecer y también para quienes no.
Emprendió vuelo aprovechando una beca que luchó y obtuvo para estudiar teatro en la Universidad de Río de Janeiro. Allá llegó muy joven para quedarse, izar la bandera de la pasión y el sacrificio, echar la raíz indeleble y sempiterna de aquella que nació para conquistar el corazón del teatro y dejar su nombre y huella perenne en el Olimpo que enmarca y envuelve a la milenaria y preciosa tradición del arte dramático.
Rito, música, danza, drama, comedia, vestuario, maquillaje, sátira, etc… Carolina ha sido durante su augusta e intrincada carrera, eso y más. Estoy seguro de no estar exagerando cuando afirmo que, en las páginas de la historia del teatro, desde las más ancladas y auténticas costumbres africanas, las delicias del teatro griego con sus pompas y artilugios maravillosos, el teatro romano y su espectáculo muchas veces circense, derivado de los variopintos y fascinantes etruscos con su arte histriónico y mil y un recursos más, pasando por el teatro contemporáneo hasta hoy, Carolina Virguez Serrato, insisto, tiene ganado un privilegiado y merecido lugar en el podio de los mejores.
(«Ser o no ser, ésa es la cuestión»). Probablemente esta, la frase más célebre de la historia del teatro, para Carolina fue un dilema fácil de resolver a muy temprana edad. Ser actriz de teatro, ser por una sola y definitiva vez. Pronunciada por Hamlet, el Príncipe de Dinamarca, en su monólogo de la primera escena del tercer acto en la tragedia escrita por William Shakespeare, cae en este momento como anillo al dedo, en el párrafo hilvanado.
Las obras en la que ha participado se cuentan por cientos, o quizá por miles. Así como los premios ganados con el sudor de quien transpira arte, no solo dramático sino artístico en toda su extensión; y los reconocimientos alcanzados, más de los imaginados, dentro de los cuales están los codiciados Molièr, el Shell y el Questão de Crítica, premios de significativa trascendencia en Brasil.
Carolina impulsó también con éxito proyectos personales vinculados a las entrañas de Colombia. Piezas teatrales de gran factura y muy bien valoradas por la crítica, como la narrativa y personificación de Íngrid Betancourt durante los momentos más críticos de su secuestro y, una adaptación magnífica inspirada en los excepcionales cuentos de la enigmática y auténtica Amalia Lú Posso Figueroa; sin dejar de lado, una cautivante puesta en escena reflejo de las monjas del Monasterio Santa Inés de Montepulciano (sobre quienes trabajó en su proyecto denominado ‘Corpos opacos’, cuyo estreno en el Festival de Teatro de Mirada, en Brasil, llevado a cabo en el 2018, fue recibido con beneplácito por parte de la prensa y el exigente jurado.)
Estoy convencido de que, Carolina Virguez “daría su reino” no por un caballo, sino hasta el último de sus días, que ojalá le queden más de cien mil, por una función más, un acto más.
* (“Mi reino por un caballo”; William Shakespeare, «Vida y muerte de Ricardo III». Cuarta escena del Quinto acto.)
Bajo el telón de mi columna, dejando a disposición del buen lector, al final del artículo, sendos enlaces difundidos por EL TIEMPO para quienes osen ahondar un poco más en los logros de Carolina. También comparto con ustedes tres preguntas que la misma Carolina Virguez accedió muy cortésmente a responder en procura de robustecer, aun más, este más bien sencillo, respetuoso y sincero tributo que hoy (y gracias a Blogs El Tiempo) le hago, no solamente a la actriz maravillosa, sino a una tía increíble que quiero con toda mi alma…
Pregunta/
-Carolina, tu experiencia te ha llevado a pararte frente a cámaras tanto del cine, el teatro y la pantalla chica. Cuéntame por favor, para un artista, ¿qué es lo que hace que el teatro sea tan diferente al cine o a la TV? ¿Cuáles son las principales diferencias?
Rpta/
-Yo, básicamente, esencialmente… soy de las tablas; a ellas me debo y sobre ellas me he forjado. Mi experiencia proviene en un 80% o más, del teatro. A muy temprana edad me subí a las tablas y sí, definitivamente el trabajo allí es muy diferente. Si, por ejemplo, pensamos en la proyección de la voz, la diferencia es grande realmente. En el escenario, en un teatro “a la italiana”, por ejemplo, los espectadores pueden llegar a ser 500 o más; y la idea es que el actor llegue hasta el último de la fila y lograr no solamente ser escuchado, sino sentido y conectado con el público. El teatro como arte “convivencial” se constituye en la presencia, el acuerdo, la coexistencia, una muy especial de hecho.
Estos dos últimos años, debido a la pandemia del COVID, la única manera que hemos encontrado para llegar al público es trabajar de manera remota, pero seguimos resistiendo hasta que podamos volver a las tablas.
La actuación en el teatro exige, de algún modo, una actuación más vigorosa, más intensa, el gesto es más amplio, más acentuado, la voz más potente, pues -muchas veces- trabajamos en espacios grandes y para un público numeroso. En tanto que, frente a una cámara ya no se “arremete” con tanto vigor, la gesticulación debe reducirse, la expresión varía, todo es más…interno, digámoslo así.
En el cine, muchas veces, con una mirada es suficiente; mientras que en el teatro hay que expresar mucho, muchísimo más. Mi relación con la TV es muy poca, definitivamente. Pero allí todo es más técnico, debe haber, también, una relación con la cámara, la luz, etc…
Para concluir, quiero resaltar que en el cine no es que haya que hacer menos cosas, sino las que se hacen, se hacen diferente. Es fundamental entender que el público está más cerca, el espectador está a tu lado, “respirando” ahí contigo. El abrazo, por así decirlo, debe ser más delicado y en fin.”
Pregunta/
-¿Qué opinión te merece aquél fenómeno que lleva al artista a interpretar con tanto vigor un personaje, a fusionarse tanto con él, que termina afectando todas sus esferas humanas, provocando fuertes trastornos incluso?
Rpta/
-Hay varios tipos de actuación, maneras de abordar el personaje. Eso es muy personal, no podemos generalizar. Creo que este tipo de actuación a la que te refieres puede darse en series o novelas, en las que el actor trabaja durante muchos meses, con una rutina diaria e intensa de trabajo. Los actores pasan más tiempo trabajando para construir y llevar el personaje “a escena” que “cuidando sus propias vidas”. Digo esto sin haberlo vivido, es apenas una sensación, ya que no he realizado personajes que requieran grabaciones diarias durante un periodo largo.
Ya con relación a las tablas, he trabajado con el mismo personaje durante cinco años, pero, de hecho, nunca sentí estar “contaminada” – no encuentro otra palabra– con el personaje, estando fuera de escena. Yo particularmente creo que un actor está siempre “jugando a…”, es decir, el actor no se pierde en el personaje, él está allí, todo el tiempo, viviendo y observando al personaje. Siempre hay dos o más en juego, simultáneamente. Eso no quiere decir que uno a veces no tenga que acceder a cierto tipo de “energías extrañas” (por llamarlo así); hay que tener mucho cuidado con ello porque el cuerpo es cuerpo y el ser humano puede acceder en menor o mayor grado a todo tipo de sentimientos. Uno es, a su vez, todos los sentimientos. Estrechamente vulnerable. Por eso Shakespeare es tan extraordinario, porque devela todos los sentimientos humanos. Yo por lo menos siempre que voy a hacer una escena un poco “pesada”, que requiere un acercamiento sensiblemente más difícil, es decir, que uno accede a cosas que a veces no son en manera alguna “livianas”, generalmente suelo pedir un “permiso” a esos sentimientos para poder entrar a ellos y poder a su vez, salir sin problema. Hay una especie de “licencia”, para poder abordar los diferentes tipos de personajes. El teatro nos hace convivir con el mismo personaje en el periodo de uno o más años, así que uno se prepara para entrar en escena con ese tipo de cuidado. En cine, ese acercamiento al personaje es más corto (algunos meses), pero no quiere decir que sea menos intenso. De cualquier forma, siendo TV, cine o teatro, tenemos que tener técnica, mucha técnica.
Pregunta/
-Finalmente Carolina, cuéntame por favor, de todos los personajes que has interpretado durante tu carrera artística, ¿cuál de ellos te ha “marcado” como actriz?
Rpta/
“Difícil pregunta. He hecho de todo tipo. Son más de 40 años en el oficio de la actuación, en los que he tenido la oportunidad de vivir muchos personajes. Pero a ver, sí, yo hice un personaje maravilloso: la reina Margareth, en Ricardo III, de Shakespeare. La obra fue presentada en la Royal Shakespeare Company, en Stratford, Inglaterra. Un personaje muy difícil, estremecedor. Lidió con el asesinato del marido y del hijo. Sentimientos llevados al extremo. Difícil. Duro. En cada función yo tenía un desgaste energético enorme, el personaje requería una entrega total.
Pero Shakespeare escribe tan bien, es tan nítido y preciso, que proporcionalmente a ese desgaste experimenté en cada presentación una especie de “goce estético”, algo así como: la alegría de esculpir el espacio con las palabras del bardo. Es un verdadero placer trabajar con textos de él, siempre tan actuales, siempre tan vigentes. En el caso de la Reina Margareth hubo que “pedir permiso” porque es un personaje que realmente existió. Ese fue uno de los más increíbles. Ese personaje llevó mis emociones al límite. Aparte de todo, estar pisando el escenario de la Royal Shakespeare, con un nutrido público acostumbrado desde su génesis a Shakespeare, que lo conocen a profundidad, ampliaba todas las sensaciones.
Otra actuación que marcó mi vida artística, fue la que realicé en la obra “Cangrejo Overdrive”, de Aquela Cia de Teatro. En esta oportunidad no “viví” propiamente un personaje, sino varias voces habitando en un mismo cuerpo. En él, yo era Carolina Virgüez, era un Cangrejo, era una prostituta paraguaya, todo al mismo tiempo. Uno de los momentos  más importantes en mi trayectoria, en el que fui galardonada con premios importantes del teatro brasileño. Con esta obra fuimos al Festival de Manizales, dirigido por Octavio Arbeláez.
Pero eso sí Fernando, te cuento que mi sueño continúa siendo hacer una obra, una serie o una película en Colombia”.
“No importa cuán lejos vayas, acuérdate de dónde vienes (.)”
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