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Siguiendo el tema de la educación de mi blog anterior, por motivo de la orden de presencialidad a los estudiantes, mientras los funcionarios de Mineducación permanecen no solo en pandemia y en trabajo virtual, sino además incomunicados, en un momento traumático de transición para los estudiantes, que a veces se olvida que son la razón de ser de la educación y no el ministerio, sus funcionarios o las universidades, sujeto de este blog, que cumplen lo que ordena Mineducación, pero en lugar de amortiguar su implementación para los estudiantes, la agravan aún más.

En una orden tan general, siempre debe haber excepciones. Es imposible un mundo sin excepciones, que se dan por situaciones especiales. Claro está, no por casos de “usted no sabe quien soy yo”, como algunas veces se han ridiculizado. Se dan por dificultades de cada estudiante: viven muy lejos, no cuentan con medios para reaccionar en una semana a la orden, han sido o están afectados por la pandemia o cualquiera de sus secuelas, ya terminó el estudio y le queda una o dos materias para cumplir con los créditos, entre otros; bueno, cada caso debe ser analizado de manera individual, sin que aparezca el burócrata, curado en salud, que diga que si hacemos una excepción hay que concederle eso a TODOS ¿Qué puede ser más absurdo?

Cosas como estas se agravan por la falta de comunicación oportuna entre la universidad y los estudiantes, el tratamiento poco humanizado que les dan y la total incomunicación que tienen las universidades con sus padres, a quienes las instituciones de educación superior solo ven como una chequera – bien grande, con el costo de las universidades -, sin ninguna responsabilidad ni inherencia en la educación que les proveen a sus hijos, hasta el día que hay que pagar.

Las universidades, al igual que los bancos y las dependencias del gobierno con quienes los colombianos deben interactuar para sobrevivir, se han desconectado. Es imposible comunicarse con un funcionario de una universidad para hablar con el fin de arreglar un problema, o simplemente solucionar una duda, hay que llamar a un conmutador que dice que en las oficinas no hay nadie y que no está autorizado para dar ningún teléfono, al mejor ejemplo de Mineducación. La única comunicación es vía mail, que tienen más seguridad que el pentágono para que los padres no se enteren. Para comunicarse directo, toca recurrir a argucias en la red o en las aplicaciones para averiguar un teléfono, un celular o un link, y en algunas ocasiones es más fácil comunicarse con el rector que con uno de sus subalternos. Estos funcionarios, a veces, con ínfulas de importancia, se protegen detrás de la coraza de la incomunicación para no resolver los problemas de los estudiantes. Mientras paguen y se atengan a las reglas draconianas, derivadas de las normas absurdas del ministerio de educación, que cada uno se defienda como pueda.

Las disculpas y excusas para este proceder son muchas: que están propendiendo por la autonomía de los estudiantes, que ya son mayores de edad (en su mayoría), que ellos deben aprender a defenderse por sí solos, sin que los padres les estén haciendo las cosas; pero, la realidad es que están aislando a los padres de la educación de sus hijos y ni les importa qué piensen o sientan. Un estudiante puede perder un semestre y, mientras cueste lo mismo, los padres ni se enteran. Si su hijo no les cuenta (culpa de los padres si no lo hacen), los mantienen aislados de cualquier información. Las universidades saben que los padres, en su gran mayoría, sino todos, son quienes pagan el estudio a la universidad, no los estudiantes, por muy independientes que quieren que sean.

Por esta razón, las universidades no deben mantener por fuera de su responsabilidad la educación de los hijos. Hacerlo es por demás contradictorio con las declaraciones cuando se presentan crisis. Cuando aparecen estudiantes, en manifestaciones, actos de violencia, paros y actividades en los cuales no deberían estar involucrados, entonces sí las universidades se sacuden y salen a declarar que es por culpa de la educación que se da en casa. Así mismo, otros casos como maltrato por bullying, los padres ni se enteran hasta que es muy tarde. Una educación que los padres dan a un adolescente que llega a dormir, después de estar todo el día en la universidad, la que nunca le ha dicho si en ella el estudiante ha presentado algún síntoma de ser una persona violenta o tener ideas que los lleven a participar en actos vandálicos o cualquier actividad fuera de la normalidad de un hijo cariñoso y juicioso en casa, o uno rebelde producto del cuento de que ellos son independientes y no deben informar de nada a sus padres.

Con mi experiencia, como par académico, puedo decir que en los formularios y formatos del CNA, hasta ahora se revisan las relaciones de las universidades con los exalumnos para monitorear su carrera profesional para realimentar una continua autoevaluación curricular. Pero no es calificada la comunicación de las universidades con los estudiantes, ni con sus padres. Las universidades pueden aislarse de ambos, no preocuparse de su educación integral, aislar a los padres y todavía ser calificados como una institución acreditada en la calidad de la educación que provee. Tanto ministerio como universidades, dejan de lado su responsabilidad social de educar integralmente a sus estudiantes. En caso de falla, para ellos, la responsabilidad es de la educación en casa, de los padres, la misma que obstruyen por todos los medios posibles.

¿Qué puede ser tan secreto en la comunicación de la universidad con un alumno? ¿Qué le pueden decir a un alumno que no deba o puedan saber sus padres? ¿Acaso lo están adoctrinando en algo contrario a su bienestar o integridad? ¿Están conspirando contra la unión familiar? ¿Qué información pueden incluir en un email a un estudiante que no puedan saber los padres, o que atente contra la independencia del estudiante? Se supone que en esos emails les deben dar sus tareas, comunicar los cambios de horario, asignación de grupos de estudio, bibliografía, cambios de virtual a presencial, cambios de profesores, plazos para entregas de trabajos, temas y oportunidades de tesis, ¿en que puede perjudicar al estudiante o a la universidad que esto sea conocido por los padres? Cualquier alumno de primer año de software les puede programar para que siempre que envíen un email a un estudiante vaya con copia a sus padres, ambos, que quede de ellos con base en la conducta, la responsabilidad y la comunicación de sus hijos ver si intervienen con ellos o no lo consideran necesario; o unas veces si y otras no, pero están informados.

Esa falta de comunicación hace que los padres solo puedan intervenir cuando el estudiante está en un problema que no puede solucionar por sí solo y la universidad ni le importa ni le colabora para hacerlo. Peor aún, le imposibilita hasta donde pueda a los padres hacerlo. Si a los padres nunca les han permitido participar, no sabe con quien comunicarse, ni el conmutador, ni los emails le responden. Si lo hacen es en el termino legal de 15 días hábiles y generalmente para pagar más o algo que no tenia en su presupuesto familiar.

Para un estudiante, ¿no sería mucho más provechoso una integración universidad-padres para su educación integral? Claro, que lo más fácil es no hacer nada, pero a veces es más dispendioso para la universidad misma, y sobre todo para los padres, entrar a solucionar un problema cuando se salió de madre. La educación integral de los alumnos no es solo que estudien y hagan deportes, es también un monitoreo continuo de su comportamiento, ética, valores, reacciones ante la realidad. Muchas cosas que los profesores no pueden percibir solo interactuando en un salón de 40 estudiantes, de manera que al igual que la salud, esa carencia de prevención da como resultado solo soluciones reactivas, cuando el problema está a un paso de ser insoluble.

Las universidades son unas entidades cada vez más comerciales, en que el producto final lo miden en créditos obtenidos para analizar si tienen derecho a obtener un diploma, sin ninguna importancia por la educación integral del estudiante, ni las habilidades blandas que tanto exigen las empresas. Maximizar ganancias con el menor esfuerzo y la disculpa en la mano de cualquier falla o problema en lo humano o en la realidad del estudiante es responsabilidad de los padres.

Es así como los colombianos pagan cada vez unas matriculas más elevadas y esto no se revierte en la educación de sus hijos, solo en construcciones cada vez más extensas de las universidades, que van adquiriendo edificios de muchos pisos y cuadras enteras que capitalizan sus propiedades, pero no redundan en una mejor educación, lo cual se refleja en las evaluaciones internacionales, en las cuales ninguna asoma su cabeza por una educación de calidad, ni la excelencia de sus egresados. Unas ganancias que además de no contribuir con el país a través de impuestos (me corrigen por favor si estoy errado), son una muestra de los innecesariamente costosos estudios en Colombia.

Hay mucho por mejorar en nuestras universidades. Empezando por entender que la esencia y corazón de la educación son los estudiantes, que los padres hacen de verdad parte integral de su educación, por lo que no los pueden marginar de la misma. Una responsabilidad social, en donde parte de la educación que deben impartir es el ejemplo que dan: no una educación deshumanizada, sin valores, sin ética, sin comunicación, ni orientada solo al metálico, porque eso será lo que los futuros profesionales o tecnólogos aplicaran en su vida profesional.

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PERFIL
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Ingeniero Naval Electrónico, Master of Science en Planeamiento y Gerencia de Recursos Internacionales de una universidad en Estados Unidos y Magister en Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana de Bogotá, más de 15 años en cargos directivos en organización sin animo de lucro y 10 en la empresa privada, incluyendo emprendimiento en la creación de dos empresas de tecnología. Profesor, exDecano, ex Director de Educación a nivel nacional, Ex-Vicerector y Ex-Rector de Entidad de Educación Superior

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