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Antes de finalizar el año con lo mejor de la década 2010-2019, cuyas votaciones ya van cerrando, deseo indicar mi listado de las series y películas que más me llamaron la atención en lo corrido de este año. Cada vez más resulta difícil seguir el camino a todas, por el volumen de producción que no deja de crecer desaforadamente. Aclaro que mi top en cuanto a series refiere principalmente producciones nuevas.

En Cine
10. Joker (Todd Phillips. EE.UU.) Una película cosida al cuerpo del intérprete. Joaquín Phoenix está a las puertas del Óscar por envolverse en la demencia de un villano antológico que no tiene pierde.
9. Las Niñas Bien (Alejandra Márquez, México) De lo poco que vi de cine mexicano me llamó la atención este retrato sobre el estatus, la apariencia y la crisis cuando todo lo demás falla. Ilse Salas, fascinante.
8. The House That Jack Built (Lars Von Trier, varios países) ¿Hay algo más que deba decir? Controvertido como siempre, esta película es de las que incomoda automáticamente. Tenía que verla y es en verdad alucinante, sin contemplaciones.
7. Midsommar (Ari Aster EE.UU-Suecia) Tras Hereditary, Aster no se mide en su segunda película, así que asistimos a una curiosa formulación del llamado folk-horror con bastante maldad de por medio. Confirma también el año de una de las estrellas en ascenso, Florence Pugh.
6. El Irlandés (Martin Scorsese-EE.UU) Si este fuera un año de despedidas, la de Scorsese está firmada con estilo. Tres actores casi incuestionables colman la pantalla en un relato que se salva del lugar común por su guión perfectamente hilvanado. Una película así difícil de repetir.
5. Mid90s (Jonah Hill, EE.UU) Tengo una fascinación por la década de los noventa y vaya que sí exuda nostalgia este relato sencillo pero efectivo de cuatro chicos patinadores. Era lo que necesitaba en una cartelera engolosinada con otro tipo de reivindicaciones de dicha época.
4. The Kindergarten Teacher (Sara Colangelo, EE.UU.) Más que una vuelta de tuerca a un probable trauma de la infancia, es un relato sutil que no es fácil de digerir. Aunque es del 2018 la vi en enero pasado y la recuerdo por su afilada tensión dramática.
3. A Rainy Day in New York (Woody Allen, EEUU) Sin ser una novedad en su ya larga lista de éxitos, Allen saca todo el jugo posible de una comedia romántica enredosa, de su natal New York y de la nostalgia que solo produce el ocaso de una larga carrera.
2. Litigante (Franco Lolli. Colombia) Como lo mencioné en su momento, es de las películas colombianas que me ha sorprendido gratamente por volver a esos relatos intimistas contados con cercanía, apoyados por actuaciones contundentes y un sinsabor que traspasa la pantalla. Una película realmente conmovedora.
1. Once Upon a Time In Hollywood (Quentin Tarantino EE.UU.) Quien ha seguido la carrera de Tarantino sabe que lo entrega todo en sus historias: diálogos voraces, ironía desbordante, referencias culturales a granel o violencia con y sin justificación, entre otros rasgos de su estilo. No obstante, esta película añade un valor testimonial en dos sentidos: tributo a varias de sus raíces artísticas como a una época que no tuvo piedad con lo establecido. Aunque no se vislumbre como una segura ganadora entra directamente en la categoría de clásico.

Menciones especiales: El Cuento de la Comadreja (Juan José Campanella, Argentina) por cáustica y morbosa. Monos (Alejandro Landes, Colombia) por su factura de producción, aunque la historia me quedó a deber, y Dolor y Gloria (Pedro Almodóvar, España) cuyo relato no me enganchó, aunque Antonio Banderas y Penélope Cruz encarnan a la perfección los delirios del manchego.
En Series
10. The Boys (Amazon Prime) Así me parecen más entretenidas las historias de los “superhéroes”. Mala leche y diversión a raudales.
9. You (Netflix) Adoro las historias de villanos que admiten sus fechorías en cámara. Fuera de ello, no es para nada aleccionador su tono en época del ego hiperexpuesto en las redes sociales.
8. Santos Dumont (HBO) Un buen ejemplo de lo que se debe hacer con la adaptación a la pantalla chica de la vida de un personaje real.
7. Fosse/Verdon (FX) Contar la historia del coreógrafo Bob Fosse y una de sus inspiraciones, Gwen Verdon requería moldear una puesta en escena tan vibrante como su relación. Afortunadamente se logró.
6. Sex Education (Netflix) La dosis perfecta entre drama adolescente con un sentido del humor desbordante. Altamente recomendable para ver de un tirón.
5. Euphoria (HBO) Funciona como contraparte de la anterior. Un relato más crudo y directo que habla de realidades que muchos prefieren ignorar como la salida más cómoda.
4. Years and Years (HBO) Una distopía que no parece muy alejada de la realidad. La capacidad de inquietar que desbordan sus episodios es de locura inmediata.
3. Love, Death and Robots (Netflix) Definitivamente hay que sacar mayor provecho de los formatos cortos, en diversas técnicas. Amplían las posibilidades de abordar historias con mucha personalidad y creatividad.
2. Unbelievable (Netflix) El drama del abuso sexual hacia la mujer resulta abrumador. Su primer capítulo es solo el inicio de una situación que no admite conclusiones apresuradas.
1. Chernobyl (HBO) Nada mejor contado, mejor actuado y mejor documentado que esta serie. Desde su magistral introducción asistimos al horror con los suficientes elementos que nos revelan un juego de poder en medio de una amenaza invisible. La carta tapada de HBO para mantener el interés tras el final de su serie estrella, Game of Thrones.

El evento del año en series: El final de Game of Thrones.

La producción colombiana del año: La misma que hace 20 años, si desde esa época hubiera llevado un blog. La repetición de Yo soy Betty, la fea paralizó al país como en su primera ocasión, arrasa en Netflix y es de materia obligada para entender la universalidad de su propuesta, a pesar de algunos planteamientos que hoy en día no pasan el tajo de la corrección política.

¿Cuáles fueron sus producciones favoritas del año? No olvide votar acá por las de la década.

El 23 de diciembre revelaré la lista de lo mejor de la década en un Facebook Live por la cuenta de Facebook de Radiodistractor. 8:00 p.m.

Reviva las series por las que voté en el 2018 acá 

juanchopara@gmail.com

@juanchoparada

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PERFIL
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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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Sin perder un ápice de su derroche en producción y calidad actoral, vuelve a poner en el tapete la amplitud en esas “licencias artísticas” para recrear los acontecimientos de una de las épocas más cercanas a la memoria colectiva global: la presencia de Diana Spencer, cuyo matrimonio con el príncipe Carlos marcó un gigantesco punto de inflexión en la reputación de la estirada corte de la reina Isabel II. Su creador, Peter Morgan, se solaza en dejar bien claro cuál fue el papel de cada personaje en una historia que comenzó como un cuento de hadas, pero aderezado de abundante magia negra, pues las motivaciones de la prestante familia inglesa resultan tan desconcertantes como maquiavélicas. Y a la debacle sentimental se le suma el cariz político con la introducción de Margaret Thatcher, cuyo gobierno no estuvo exento de tensiones tanto con la ciudadanía como con la misma reina. Esa composición de cotilleo con intriga política hace irresistible el conjunto, casi al nivel de un placer culpable, pues no interesa si sentimos empatía por alguno de sus protagonistas. Los ricos también sufren y acá la pasamos bomba entre tanta maledicencia e intromisiones de los monarcas en la vida de sus familiares. Ni siquiera lástima: los hechos verídicos que tantos periódicos vendieron en su momento lucían tan superficiales que se devoraban como si se tratasen de una revista de chismes. Así que el riesgo que toma The Crown en esta temporada es no convertirse en un relato de pasillo, y el resultado ya se ve con la abierta incomodidad de la familia real y varios de los biógrafos que califican como una falta de respeto y un completo despropósito tanta rienda suelta en los diez capítulos que conforman esta entrega, los cuales abarcan el período de 1979 a 1990. Puede que la adaptación de los hechos sea cuestionable, y en esto no hay quien se salve. 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Tras su debut en el 2019 con un EP de tres sencillos, este 2020 nos presentan Tápense los oídos, un álbum dividido en dos partes, del cual promueven el sencillo Tú, Fuego del lado B de este trabajo. Los pueden encontrar en Instagram @binovich_ y en Facebook como BinovichRock En ambos casos podrán encontrar su música en las principales plataformas de streaming como Deezer, Spotify y Apple Music. Mauricio Rosero, un promotor de la esperanza En el podcast de Radiodistractor agregamos una entrevista al colombiano Mauricio Rosero, un influenciador que dedica su atención a promover mensajes de positivismo y transformaciones personales. Su experiencia y ganas de ayudar han llevado a este joven de 29 años a hacer parte de distintas organizaciones no gubernamentales. En el 2018 su trabajo fue reconocido en la ONU (Organización de las Naciones Unidas), reconocimiento que lo llevó a ser partícipe de una importante cumbre sobre ODS. ¿Qué hace un orador motivacional? ¿Cómo desempeña su labor? 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  • Colombia

    Sobre el fin de una era periodística y documentales sobre videojuegos

    Cuando Jeff Bezos, el multimillonario presidente de Amazon, compró The Washington Post en el 2013, todos imaginaron que el legendario periódico estadounidense que –entre otros hitos- destapó el sonado caso Watergate que dio al traste con la presidencia de Richard Nixon, se diluiría en su paso al entorno digital y vería menoscabada su independencia editorial. En una carta de su puño y letra que envió a los empleados del diario, divulgada posteriormente, varios medios extrajeron una frase que hoy aún navega entre ser una oportuna visión o una astuta justificación: “Necesitaremos inventar, lo que significa que necesitaremos experimentar”. Desde entonces TWP mantiene su prestigio y reconocimiento que, en principio, poco se ha visto alterado por la alargada sombra de su dueño. Y es un escenario ideal, si bien no guste mucho la concentración de los medios en manos de empresarios poderosos. Pero esa no es la cuestión principal. El anuncio de Bezos partió, como ha ocurrido con otras adquisiciones de conglomerados en la industria de la comunicación, tanto de satisfacer alguna vanidad personal como de encontrar la fórmula de la rentabilidad que haga frente a los desafíos impuestos por el avance desaforado del mundo virtual. Traigo este caso a colación pues el caso de la revista Semana, medio que seguí durante mucho tiempo, abre múltiples cuestionamientos no solo sobre esa alquimia para elaborar la fórmula perfecta para gestionar medios de comunicación comprometidos con la divulgación de contenidos de calidad con un modelo de negocio que les permita solvencia. Traslada y aumenta la preocupación sobre la dignificación del oficio periodístico que tanto se proclama en la academia, pero que en la vida real se traduce en convertir la banalidad como cebo, el protagonismo de los comunicadores como bastión por encima de la credibilidad y la dictadura del clic como referente de calidad. Si ese es el destino de los medios de comunicación, si esa es la frecuencia en la que deben sintonizarse para aumentar unos cuantos ceros a sus cuentas bancarias, pues no vale la pena formar futuros periodistas a los que se les despierte una auténtica vocación. Si el afán por el show o la firme intención de polarizar con información escasamente analizada son los propósitos que guían ahora las empresas periodísticas, entonces que cada quien arme su tribuna en la plataforma que desee y, si tiene éxito, termine cooptado por alguien que encuentre atractivo su mensaje para servir a sus propios intereses. Al carajo la verdad, el servicio ciudadano, la investigación, los rostros de las tragedias que importan o de las acciones que cambian para bien su realidad. Bienvenida la calumnia disfrazada de valentía, los puntos de vista con personajes irrelevantes y la obsesión por alimentar las redes sociales con el veneno de ser la tendencia número uno a costa de la manipulación de los sentimientos de algunos que circundan por allí con ganas de cargarse lo que sea. No niego que estamos viviendo un cambio. Que aun resulte incierto el rumbo para los valientes que intentan apalancarse en la virtualidad para ser portavoces de distintas historias es también un hecho innegable. Pero que ese escenario digital no se convierta en una excusa para sacrificar convicciones o que estimule cambiar posiciones porque el que pone el billete manda. Lamento de verdad el fin de la era que brindó una casa periodística a la que he respetado desde que la conozco, así como a los cientos de colegas que han pasado por allí y los que acaban de dejarla como si se les hubiera venido encima. Si sus nuevos propietarios reflexionan sobre cada uno de estos aspectos, tal vez, su nueva cara no resulte tan chocante, pero si sus reacciones inmediatas son cada vez más erráticas, terminarán por enterrar inmerecidamente todo un legado y su permanencia se verá altamente comprometida. Qué triste es sobrevivir a una situación tan extrema como esta pandemia y ver cómo quedan atrás las cosas que admirábamos, o se transforman en algo irreconocible. Peor aún si nos queda la sensación de un periodismo agonizante, conectado a un respirador artificial de click bait, videos de Tik Tok o los gritos de ‘influencers’. El 2020 nos cambió, pero no pensé que se le iría la mano. ¿Qué recuerda sobre la era de los videojuegos? Aunque reconozco que mi destreza con los videojuegos es muy limitada, me ha resultado apasionante revisar el impacto en la cultura popular de esta industria creativa, que particularmente en Estados Unidos y Japón vivió un crecimiento exponencial en sus orígenes, consolidó emporios rivales y definió a los líderes en la carrera por atraer la mirada de los consumidores. Dos producciones que recomiendo ampliamente para analizar dicho impacto se encuentran vigentes en HBO y Netflix respectivamente. Les hablo de Console Wars y High Score, un documental y una serie que nos sumergen en los intríngulis que se tejieron alrededor de juegos de gran recordación, compartiendo en común entrevistas con sus creadores, dueños del negocio y, en contados casos, a verdaderos competidores. La primera, producida por Seth Rogen y Evan Goldberg, pesos pesados de la comedia americana en la actualidad, revisa con bastante sentido del humor, como se podía esperar, la confrontación entre Nintendo y SEGA en la última década del siglo XX. Un amplio material y entrevistas a todos los implicados revelan no pocos secretos corporativos, estrategias osadas de mercadeo y el precio que pagaron por decisiones que cambiaron el rumbo del negocio. De verdad es de lo mejor que he visto este año, así que la pueden ver en HBO GO o en algunas de las repeticiones del canal. Por su lado, High Score no solo revisa ese episodio, sino que se da el lujo de ir más atrás y golpear la nostalgia ochentera al contactar y entrevistar a creadores de juegos como Space Invaders, Pac-Man, o los pioneros de los juegos de rol. En esa medida se convierte en un complemento ideal del documental de HBO para armar un viaje de casi cuarenta años de desafíos galácticos, torpezas creativas e incomprensibles disposiciones que sepultaron algunas buenas iniciativas. Capítulos de 40 minutos en promedio que se devoran de una sentada en Netflix. Tonny Pro 7, el productor audiovisual de los famosos Radicado en Miami, este joven realizador venezolano ha construido un nombre alrededor de su propuesta audiovisual. Antonio Chávez, su nombre de pila, ha sido consultado por diversas personalidades del ambiente artístico, deportivo o digital para retratar algunos de sus mejores momentos, por lo que lleva su vida profesional en medio de eventos o actividades donde captura la esencia de cada personaje que lo contacta. Mientras espera venir a Colombia pueden conocer su trabajo en su cuenta de Instagram: @tonypro7, seguirlo en Facebook en @tonypro7 o escucharlo a través de Spotify https://www.instagram.com/p/B6w7crBHlPN/

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