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Hola gordita, hace ya un año y 8 meses que no te veo y te quiero contar cómo me ha ido aquí en Estados Unidos. Te lo cuento porque me diste la razón y la fuerza para soportar un proceso tan difícil, y aunque yo no quería comenzar de nuevo en otro país, tampoco quería volver derrotado a Colombia.

Este viaje ha sido muy difícil, tanto física como emocionalmente, gordita. Nunca me imaginé que la soledad, la culpa, la tristeza y la nostalgia pudieran manifestarse de una manera tangible, que se pudieran tocar con la mano y hacerte doler el alma de esta manera.

En medio de todo he sido afortunado, llegué en un avión y no caminando 15 días como el señor Juárez y su hija. Al llegar me ayudaron a alquilar una pieza y me prestaron una mesita de noche, un colchón de aire en el que dormí varios meses y una cubetica con botellas de agua. Nunca he tenido que dormir en la calle, no he aguantado hambre ni frío, no me han discriminado ni han tratado de aprovecharse de mí. Muchas de las personas que he encontrado en mi camino me han dado la mano de una u otra manera, y eso ha hecho que esto no sea tan tortuoso. He tenido que hacer muchas cosas de manera informal, cortar pasto, instalar rociadores, lavar carros, recoger basura y limpiar yardas, y aunque no me ha faltado el dinero, la pandemia si me golpeó con fuerza y las cosas no salieron como esperaba.

Afortunadamente, en Colombia aprendí a vivir sin plata.

Improvisando un plan

Cuando salí del país no sabía qué iba a hacer, gordita. No tenía idea de qué hacer, a quién recurrir o dónde empezar. Afortunadamente, la esposa de Edgar me recibió y me llevó a alquilar el cuarto. Con don Filiberto tuve algo que hacer casi a diario hasta el primer diciembre y, aunque los latinos te humillan mucho en el trabajo, tú y Nico me daban fuerza y renovaban mi energía. Dominic, Mike y Arnel siempre fueron muy amables conmigo y pasamos unos días bonitos recién llegué, hasta que don Filiberto decidió convertir la casa en un inquilinato. Donde antes vivíamos 5 personas terminamos 15. La convivencia se volvió muy difícil porque el señor Juárez era muy odioso y quería convertir la casa en su iglesia. Como casi todos los centroamericanos que he conocido aquí se autodenominaba pastor, y les hacía la vida imposible a los gringos con su desorden y su suciedad. Por eso me fui de ahí apenas pude.

No sé si te acuerdas gordita, pero una de las cosas que averigüé fue cómo sacar mi licencia de conducir. Una persona que conocí en Colombia y que ahora vive en Miami me dio el link de la oficina de licencias de conducir e hice todo el proceso yo solo. Estudié para los exámenes teóricos y los pasé, luego me prestaron un carro y pude ir a hacer el examen de manejo. Y aunque Edgar y la esposa siempre me dijeron que no hiciera eso, lo hice, y conseguí la licencia que me ha servido como documento de identificación. Después aprendí a manejar camión en un día, en una semana aprendí a ensamblar carpas y un mes después manejaba desde Miami hasta Carolina del Norte. He estado de paseo manejando en Florida, Georgia y las Carolinas. He visitado Orlando, la costa espacial, cabo Cañaveral, el Daytona International Speedway, he estado en Savannah, Charleston, Turbeville, las ferias de Harlystas en Myrtle Beach que es un lugar hermoso. He ido al norte hasta Calabash a la casa de unos hippies californianos muy buena gente y muy amables conmigo.

El gringo a diferencia de lo que le dicen a uno es generoso y muy educado. Ojalá un día puedan venir y conocer.

Cuando se acercaba el vencimiento de mi visa comenzó la pandemia. Me había quedado sin nada que hacer, no tenía dinero y lo único que pude hacer para reunir algún dinero fue ayudar a lavar carros por las propinas. Ese fue un momento muy difícil para mí, porque como te decía antes no quería volver derrotado, sin haber conseguido nada. En ese momento apareció una abogada colombiana, le conté lo que hacía en Colombia y porque me había ido, y ella se ofreció a ayudarme a tramitar un proceso de asilo. Nuevamente, Edgar y la esposa me decían que no hiciera eso, pero la abogada me dijo que así podría trabajar de manera legal y sostenerme mucho mejor que como lo había hecho hasta ese momento, así que lo hice. Yo salí del país de un día para otro, sin un plan, sin saber qué hacer pero con una meta clara: conseguir lo suficiente para comprarte una casa y casarnos. No quería volver sin haber dado ni un solo paso en esa dirección y, aunque sentía que podía hacerlo, vi que me iba a tomar mucho más de los 6 meses que inicialmente presupuesté, así que me decidí a pedir el asilo. Pensaba estar el tiempo suficiente para esperar una mejora en la situación y para reunir lo de la casa. Al volver esperaba que todo estuviera bien nuevamente, pero no haberte consultado, tomar las decisiones de manera egoísta, no haberte sabido dar tu lugar como mujer, entre muchos otros errores, me llevaron a perderte definitivamente.

Ahora ya no tengo ninguna razón para volver.

Un año y 8 meses

Gordita, te cuento que hace un par de días recibí el permiso de trabajo y mi SSN. Tengo una propuesta de trabajo en una galería de arte, además de participar en el proceso de creación de una compañía nueva aquí como director de marketing, y ya puedo renovar mi licencia, que se venció al tiempo con la visa. Ahora sí puedo empezar a hacer lo que debí haber hecho hace un año y 8 meses. Un año y 8 meses me tomó ubicarme, y eso que aquí al menos me ayudaron a alquilar el cuarto, no comencé de ceros totalmente. Un año y 8 meses lejos de las personas que quiero, lejos del amor de mi vida, de mi hija, de mi mamá, de los amigos que me olvidaron o que ahora hablan mal de mí. Este viaje me ha hecho reencontrarme, enfrentar mis miedos, mis vergüenzas, reconocer mis errores, mis adicciones como el alcoholismo y la adicción al sexting que me han costado que mis últimas relaciones de pareja terminen mal por ese motivo. Aquí dejé de tomar, dejé de fumar, llevo un año y 8 meses sin sexo ya que como adulto disfuncional que soy no se me facilita conocer gente, hacer amigos o hablar con las personas. Además ya no quiero hacerlo, al menos por un buen tiempo.

Como decía Jorge Oñate, se fue el amor de mi pecho.

He estado muy solo, sobre todo los últimos meses porque estoy en otra ciudad, empezando de nuevo. Confiar en un pastor centroamericano que me había ayudado en otro momento me llevó a quedar varado en Georgia. Aquí tuve que guerrear duro, la señora Neli ha sido un gran apoyo y afortunadamente nos hemos entendido muy bien. Además el señor Fernando, Samuel el que alquila la mobile home, las señoras de la comunidad y todos me han dado la mano cuando la he necesitado. Cuando me robaron los documentos en Brunswick con mi maleta se me complicó todo, porque hace ya meses que debía tener mi licencia renovada, pero por no tener la carta que se robaron no había podido hacer ese trámite. Si hubiera sabido hacer las cosas desde el primer día hubiera sacado mi asilo y tendría permiso de trabajo hace más de un año, pero no. Aquí nadie te dice las cosas, nadie te ayuda, los latinos como Edgar, muchas veces sin mala intención, se ríen en tu cara mientras te ven con las manos entumidas y la ropa puerca después de un día de trabajo, y te dicen que si creías que aquí uno venía a recoger la plata del piso. Este país vuelve a la gente metalizada, esclava del dólar. Los latinos, en especial los centroamericanos, te tratan mal en el trabajo. Te quieren ver fallar, te recargan con las tareas de otras personas, te dicen cosas como que los colombianos son todos maricas o ladrones, que no sirven para nada, que son flojos y perezosos, que mejor te devuelvas porque aquí te va a ir mal. Pero todo eso lo superé, y en gran medida fue gracias a ti.

Hasta pronto

Pronto te escribiré de nuevo, gordita, espero que con noticias más bonitas. Aparte de todo el esfuerzo físico, el golpe de sentir que te perdía para siempre casi me mata de la depresión y la tristeza, porque literalmente estuve a punto de sufrir un infarto en Orlando en uno de los momentos más oscuros de mi vida. Afortunadamente, este viaje me ha acercado a mi familia y he recuperado la relación con mi mamá, con mis hermanos y mi hija, con mis sobrinos también, he aprendido a superar mis errores y he comenzado tratamientos para dejar atrás esas adicciones y esa manera retorcida de relacionarme con la gente que adquirí durante tantos años de soledad y alcoholismo en Colombia. Siempre he pensado que te conocí antes de tiempo, pero como dije antes, te esperaré.

Siempre tuyo,

Frank.

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Jorgito Macumba es escritor amateur y mamagallista consumado. A sus años, y sin saber ya si es rolo, costeño, valluno o camarita juzga desde su ignorancia todo lo que se le cruza enfrente. Bienvenidos.

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