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Un sistema de salud para atender dos enfermos

El uribista que viene a brillar toilets en Miami dice que el sistema de salud colombiano es tan bueno que con solo entrar a la consulta el médico lo recibe a uno con la receta en la mano: Sin importar qué le aqueje ya le tienen listo el ibuprofeno.

En cambio el petrista de a pie dice que el sistema es tan malo que los únicos que se pueden dar el lujo de curarse el cáncer en Colombia son Alejandro Gaviria y Roy Barreras. En este punto cabe decir que ambos compatriotas están enfermos, enfermos de rabia a causa de años de manipulación por parte de los noticieros, la radio, la prensa y la política. Y ambos se justifican sacando cifras debajo de la manga, ejemplos a medias, casos aislados y reflexiones amañadas presentadas de una manera convincente para defender su punto de vista. Conseguir un arsenal de argumentos para defender al político de turno bajo la excusa de la salud es bien sencillo, baste entrar al Facebook de Julián Román, el grupo de whatsapp de Pirry, el Instagram de Marbelle, el tik tok de Rodolfo Hernández o el tuiter de Miguelito “también come” Uribe. Argumentos útiles para separar a los buenos de los malos y a los ingenuos de los listos, porque en el medio no puede haber nada. Porque la gente no puede tener una opinión propia diferente a la del líder. O están conmigo o están contra mi.

A la distancia he seguido el pobre debate que se ha dado respecto al Sistema de Salud Colombiano. Desde mi limitada experiencia he llegado a unas conclusiones que de seguro a nadie interesan, pero que me gustaría compartir por este medio ya que como usuario por 45 años del sistema de salud colombiano me vi sometido al chantaje que implica usar ese sistema, a la burocracia implícita para acceder a salud y salario al ser “independiente” –todo gracias a la magnífica invención del contrato de prestación de servicios– y de la pobre atención recibida por parte de las empresas dedicadas al negocio de mantenerlo a uno Enfermo Pero Sobreviviendo, o EPS. Después de esa experiencia y por los últimos 3 años he estado viviendo fuera del país, y he tenido la oportunidad de ser atendido bajo el sistema de salud gringo, que aunque no conozco ni entiendo muy bien, he podido usar desde hace dos años. Y aclaro que no lo uso como inmigrante ilegal o indocumentado, sino como ciudadano que trabaja y paga impuestos. Para alguien indocumentado la experiencia debe ser distinta.

El chupacabras rolo

 

Lo primero que debo decir es que darse un descanso de esa jungla de violencia llamada Colombia es un alivio para el cuerpo y el alma.

Visitar cualquier sitio donde no toque esconderse el celular entre las entrañas gracias a una ingeniosa cremallera cosida en el escroto, donde se pueda andar en bicicleta sin que un ser parecido al chupacabras con camiseta de millos intente quitársela, y donde en general no da miedo ver a alguien con una camiseta de un equipo del FPC sube la autoestima y hace sentir que la vida vale algo.

El cochino dinero

Ya entrando en materia les cuento que la primera diferencia que veo entre los dos sistemas de salud es el dinero que se paga. En Colombia me tocaba pagar el 16 % de lo que me ganaba al mes por salud y el 12.5 % por pensión. Ni que fuera Shakira. Aquí con el seguro que me consiguieron -porque hay muchos tipos de seguros médicos con diferentes planes y coberturas- pagaba el 1 % por salud y odontología, porque se pagan por separado. Este año con el fin de los auxilios por la pandemia debo pagar el 2 % de lo que me gano, o sea unos 60 dólares al mes por ambos. Esta diferencia es notable y me parece que es un pago más justo porque en realidad uno no usa el servicio médico tan exhaustivamente. El personaje que tiene el afiche de Papuchis con collar de perlas finas en su cuarto vociferará que es que entre mejor servicio más hay que pagar, y en parte tiene razón. Aquí se consiguen todo tipo de seguros, unos cubren más enfermedades y tratamientos que otros, más especialistas, visión, pero aún así los costos no se comparan con los de la medicina prepagada en Colombia. Menos si se compara el servicio.

Eso si, hay que saber asesorarse y elegir entre la oferta existente porque todos son de precios diferentes, pero por ejemplo hay seguros desde 0 dólares. Los hay más caros que el mío también, y no sé cuánto llegarán a costar. Además hay que cubrir a los hijos, los padres, etc y eso debe subir los precios, más si alguno requiere de una cobertura especial. Para mi, que soy relativamente sano, solo y triste, o para personas jóvenes de buena salud, esa es una buena alternativa porque cubre especialistas, odontología, visión, terapias, reembolsos en caso de incapacidad y un largo etcétera. También cubre parte o la totalidad del costo de los medicamentos dependiendo de qué clase de medicamentos sean.

Como les dije no conozco mucho, y de dinero eso es lo que me ha tocado a mi, que soy un tercermundista recién bajado del monte que si no trabaja no come en este país.

La atención

Pero del tema económico pasemos a la atención. Lo primero que uno nota es que las citas se piden de manera diferente. La cita se puede pedir con un médico particular o un médico perteneciente a alguna cadena de clínicas, lo que en Colombia vendría a ser la EPS. Uno lo elige a su gusto y lo único que debe verificar es que reciban el seguro que uno tiene, si no es así lo atienden pero le cobran la tarifa full. En Colombia a uno le toca elegir una clínica y una única localidad y toca acomodarse a lo que la EPS diga. En mi caso particular con FAMISANAR tuve problemas cuando un doctor que me iba a atender me trató mal porque me dieron la cita en la clínica que no era. El tipo me atendió de mala gana y no quiso darme ningún medicamento, y aún así a uno le toca volver a pedir cita allá mismo. El paciente en el sistema colombiano es una molestia y como tal es tratado, así esté pagando por ese servicio (duélale a quien le duela). Y es que dado el arribismo y la necesidad de aparentar que prima en el país lo ideal sería pagar un seguro médico y no usarlo nunca, porque qué oso que lo vean a uno todo enfermo mk. Es como cuando Marge Simpson asea la casa para que la señora que hace el aseo no piense que son unos puercos.

Que oso estar ennfermo

Ahora, en el sistema de salud colombiano resulta que si la empresa de salud no está segura de que ese enfermo o accidentado puede pagar por el servicio que necesita, lo dejan morir en algún potrero o en la calle, así como a los caballos de los cocheros en Cartagena. La diferencia es que Alejandro Riaño no puede traer enfermos eléctricos para reemplazar a las víctimas del paseo de la muerte, que vaina. Esa ventaja de poder elegir el médico tiene otro beneficio adicional, y es que si uno no necesita hacer seguimiento a un tratamiento sino que necesita revisarse algo menor como un sexto dedo que le está apareciendo en los pies, o una marca verde que sale cada noche sobre las costillas como escrita con un alfiler, puede pedirse una cita con otro médico en una fecha mucho más cercana. No hay que esperar tres o cuatro meses por esa cita, sino que se consiguen bastante rápido.

La cita de Gali Galiano

Después de resolver en dónde lo van a atender a uno hay que ir a la cita, y aquí de nuevo hay una diferencia enorme. En Colombia uno llega a su cita y debe hacer una primera fila que un celador administra con rigurosidad militar, justo lo que cualquier persona enferma desea enfrentar. Tras 50 minutos parado derecho como Yanfri y bajo la mirada inquisitoria del cela debe uno identificarse con cédula, carné de la eps, una foto disfrazado de cebra, partida de bautismo, una orden notariada y autenticada y una llamada de la mamá asegurando que lloró lagrimas de sangre pariendo a su guambitico. Además se debe estar 20 minutos antes de la cita y no haberse quejado en la fila so pena de ser expulsado del edificio a puntapiés.

Tras superar este primer paso, un funcionario visiblemente aburrido de la vida a causa de su labor le ordena a uno dirigirse al piso tal y esperar allá. Y allá donde lo mandan a uno a esperar no se puede preguntar nada, ni tocar las puertas, ni asomarse a mirar a pesar que uno no esté seguro que está en el lugar indicado, porque ahí mismo un médico o enfermera de rostro gris y con el alma seca debido a las exigencias de la EPS y la sobrecarga de trabajo lo vacean a uno y lo devuelven a un rincón como el perro que se trago las cortinas. Y así mismo lo atienden a uno en no más de 10 minutos flat, sin recetarle nada  ni remitirlo a ningún especialista porque la orden de la EPS es ahorrar a toda costa. Los médicos que recetan tratamientos, especialistas o medicamentos pasan a juicio marcial para luego ser dados de baja de manera deshonrosa. No se trata de calidad, sino de cantidad, y cuando se está atendiendo gente que sufre por algún dolor, un zarpullido secreto, un achaque de la edad o un accidente, debería ser la calidad lo que prima.

Un enfermo merece un poquito de consideración, eso hasta la iglesia lo sabe. Por eso no paga impuestos.

The appointment

Aquí en la tierra donde la roca es el hada de los dientes y Terminator es político (Me recuerda la alcaldía de Bogotá), uno llega a su cita y también lo atienden en una ventanilla, siempre es igual. Hay que decir el nombre y la hora de la cita (así se haya llegado tarde lo atienden) y le dan una hoja para llenar datos. Se entrega el papel y uno se sienta a esperar. Al cabo de un rato lo llaman a un consultorio donde una enfermera o enfermero le toma la presión, le pregunta su edad, si sufre de algo en particular, si desayunó bien que ahí hay café y galletas y adelanta un perfil para que cuando el médico llegue sepa a qué se enfrenta. Se va el enfermero y queda uno ahí en el consultorio otro rato hasta que llegue el médico, y cuando entra lo trata a uno con amabilidad, se interesa, le pregunta qué le pasa o qué le duele, si ya se vacunó, que porqué esa ojeras y ese peso tan bajito. Le recomienda esto o lo otro, que por su edad debería hacer esto, se toman un tiempo para entender porqué está uno ahí.

Al final el doctor no tiene la orden del ibuprofeno lista, sino que de verdad mira qué es lo mejor para ayudarlo a uno a curarse. Y se lo receta.

Esto puede parecer lo lógico, pero en mi caso durante muchos años estuve pidiendo a la EPS la información para una cirugía que debía realizarme en la nariz, sin lograr nunca que aprobaran el papeleo necesario para realizarla. Esto me frustra porque entre más pasa el tiempo más difícil y más riesgosa es la cirugía que ahora debo pagar yo solo, porque ganando en dólares es más rentable pagármela allá cuando regrese con el cirujano de las barbies. Lo mismo sucedió con mis ojos. Por años sentí la misma molestia, el mismo ardor en los ojos, la sensación de cansancio para la que la respuesta era “Usted está bien, tiene buena vista y eso debe ser resequedad. Cómprese unas gotas y úselas”. Aquí la doctora me mandó al oftalmólogo y el oftalmólogo concluyó que hace años tenía una irritación de los párpados que se trata con antibióticos. Me los recetaron, junto con unas gotas especiales, una terapia, y una cita para regresar en un mes, y ya estoy sintiendo el cambio en mi vida. Ya no me despierto cansado, con los ojos rojos como los de loquillo y con esa sensación de no haber dormido nada.

Una cita de 25 minutos me quitó años de mala vida cortesía de mi EPS, pero no sea malagradecido que mire que ya se puede pasear por carretera otra vez.

Los pacientes según el dueño de la EPS

No me importa ni quiero defender o atacar ninguna postura política, lo que espero es que algún día el sistema de salud  colombiano deje de ser esa fábrica de salchichas donde la gente que sufre no le importa a nadie. Me imagino que aquí el sistema de salud pública también debe estar lleno de defectos, pero en vez de buscar índices internacionales o acomodar titulares para decir que es mejor que o peor que, comparto lo que he vivido esperando que de pronto alguien logre darle un enfoque humano a la salud en Colombia, sabiendo de antemano que esa persona no fue ni será Alejandro Gaviria. Y no hablo de ese enfoque publicitario de la Colombia Humana, sino un enfoque en realidad humanista, orientado a terminar con el dolor con el que debemos vivir constantemente por el mero hecho de haber nacido, pero que se agrava al haber nacido en Colombia.

 

@jorgitomacumba

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PERFIL
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Jorgito Macumba es escritor amateur y mamagallista consumado. A sus años, y sin saber ya si es rolo, costeño, valluno o camarita juzga desde su ignorancia todo lo que se le cruza enfrente. Bienvenidos.

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