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Apenas iniciando el segundo tiempo del juego del pasado sábado en Tunja me atreví a trinar desde mi twitter que al árbitro del partido se le notaba en la cara las intenciones de pitarnos un penal en contra en cualquier momento del partido. Y es que no había que tener dotes proféticas como Nostradamus para presentir que una situación anómala e injusta podría ocurrir en contra de nuestro equipo.

Era de esperarse que en un medio malsano y corrupto como el que domina la liga profesional de fútbol de nuestro país, la actitud decente y recta como la demostrada por nuestro presidente Felipe Gaitán en el caso del futbolista Jhonny Ramírez -haciendo caso omiso a ese pacto sucio, siniestro y perverso de vetar a los futbolistas que como cualquier otro trabajador lo haría, osen pelear por sus derechos laborales- podía significarle a él en su persona y al equipo que representa, una especie de “venganza criminal” que se ha venido fraguando desde el inicio del conflicto, y que empezó a materializarse tras la decisión de la justicia de negar en segunda instancia la acción de tutela interpuesta por el jugador.

Con la concreción de esta decisión, la DIMAYOR se sintió envalentonada para cobrarle a Gaitán y a Millos el terrible desacato de que estaba siendo objeto el pacto tácito de los dirigentes que al parecer hoy por hoy, dominan en FPC, esos que manejan sus equipos de fútbol más como hatos de reses que como verdadera instituciones deportivas.

DIMAYOR aprovechó la coyuntura para castigar a Millonarios en el bolsillo al ordenar el pago de $500 millones de pesos al Boyacá Chicó; institucionalmente al prohibirle al Club la posibilidad de inscribir nuevos jugadores hasta tanto no se haga efectivo el pago a Pimentel; pecuniaria y disciplinariamente a nuestro técnico y jugadores al imponer sanciones y multas exageradas con respecto a las faltas objeto de la sanción.

Para redondear la “venganza criminal” faltaba la afectación que más nos duele a los hinchas, la deportiva. Y qué mejor que propinar el golpe justo ante el rival del conflicto. Había que evitar a toda costa una victoria azul en Tunja.

El juez del partido  seguramente ya llevaba el encargo en su bolsillo. Se le notaba en la forma en que dejaba pegar a los jugadores locales y en varias jugadas omitió sancionar faltas cometidas sobre los nuestros -de hecho, en el momento de la jugada del supuesto penal Millos tenía un jugador menos en la cancha, pues Leudo debió abandonar tras un codazo aleve recibido de Mahecha, descaradamente ignorado por el juez central-; se le notó en aquel doble cobro de tiro libre que a Dios gracias fue magistralmente desviado por Delgado; se le notaba en la sonrisa con sorna que le hacía a nuestros futbolistas ante cualquier reclamo.

Muchas veces no es necesario que un árbitro que quiera favorecer o perjudicar a uno u otro equipo sancione un penal, anule un gol, o expulse a algún jugador. Sin embargo, en esta ocasión, el fútbol por si solo encauzaba el partido hacia una luchada pero legítima victoria de Millonarios.

El gol de Otálvaro fue concebido dentro de la más absoluta legitimidad, no había formas de no convalidarlo; los embates ofensivos del Chicò, aunque algunos bastante peligrosos, fueron siempre bien neutralizados por nuestros defensas y por la actuación heroica de  Luis Delgado; el tiempo en el cronómetro se extinguía y el juez tuvo que recurrir en últimas a la decisión extrema: sancionar descaradamente un penal ante cualquier contacto en nuestra área. Así lo hizo, así se veía venir, así lo presentí, así lo vaticiné y así sucedió. La “venganza criminal” se acababa de redondear.

Millos jugó para ganar, en justicia Millos ganó el partido pero el árbitro del encuentro quiso otra cosa, el encargo estaba consumado.

De corazón espero que con los castigos infringidos hasta ahora haya sido suficiente para los conspiradores, de lo contrario a punta de pito o de decisiones injustas la institucionalidad del fútbol profesional puede dar al traste con los esfuerzos de un equipo y una junta directiva que lo único que han pretendido es actuar con transparencia, en justicia y priorizando valores éticos y deportivos sobre los valores mercantilistas con que algunos dirigentes ven a sus equipos de fútbol.

Cordial y albiazul saludo

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Profesional en ciencias administrativas y económicas, apasionado por esa hermosa camiseta azul desde aquella tarde que, siendo muy niño, de la mano de mi viejo conocí el Nemesio, cuando aún los hinchas de los equipos se entreveraban unos con otros, y se iba al estadio con la familia y piquete incluido. De aquella época tengo recuerdos de apellidos como Ortiz, Morón, Onega, Irigoyen, Segovia, entre otros, futbolistas que con su juego hicieron que me enamorara primero de este lindo deporte y luego de la institución futbolera más importante del país. Este es un espacio abierto a opiniones y aportes de los foristas que se canalizarán a través de mi correopersonal gmmalaver@gmail.com

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