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Muchas personas creen que ir a un motel es denigrante. Que es un lugar para llevar a la moza o el mozo. Un lugar cochino. Muchas niñas “play” prefieren un hotel o el baño de una discoteca para “darse el gustico”  porque sienten que al sentarse en la cama van a quedar embarazadas de algún desconocido. Pero no. La ignorancia respecto a cómo funcionan estos sitios es total. Y atrevida.

No hay nada más bello que el afecto entre dos seres humanos. Ya sea de “hombre con hombre, mujer con mujer o del mismo modo en sentido contrario”. Es la mayor expresión de amor o, en el sentido colombiano y no venezolano, de “arrechera”. El sexo, sí señor/a, el sexo, eso que con solo decirlo o escribirlo causa conmoción en nuestro país de mojigatos es parte esencial de nosotros como especie. No olvidemos que así tengamos una camándula somos animalitos y, como me decía mi padre, “cuando a alguien le pica, le pica”.

Aclaro que, como en todo, en el mundo motelero es el bolsillo el que determina la calidad del servicio y lo que se puede encontrar. No es lo mismo ir al campo en un Willys que en una camioneta todo terreno último modelo. Aunque al final, ambas cosas nos llevan al mismo lado, ¿no?

A continuación, y no porque me la pase moteliando (ojalá) sino por un trabajo de campo (sí, así no me crean, acá les dejo la evidencia “¿Qué comerse en un motel?“) llegué a las siguientes conclusiones:

1.    Se va a lo que se va: A diferencia de un hotel o algo parecido, cuando se va a un motel la persona sabe a qué va. No es que uno vaya a dormir un ratico (aunque se puede) solamente o a “pasar una noche”. No. Si a usted le aceptan la invitación a un motel es porque “se lo van a dar”. Sencillo.

2.    Variedad en los servicios: El mundo motelero tiene todo previsto: desde la comida hasta los accesorios. En estos lugares la carta ofrece desde platos gourmet hasta juguetes sexuales. ¡Bomba!

3.    El volumen no tiene límites: Cuando hablo de volumen me refiero tanto al de la música que uno puede poner como a lo que la pareja quiera gritar. ¿Se imaginan a sus vecinos escuchando el rechinar de la cama o los gritos en pleno apogeo? Acá todo el mundo puede hacer la bulla que quiera, poner la música que quiera. Se es libre. Nadie se queja.

4.    Decoración exótica: Es poco probable que en el techo de su alcoba usted tenga un espejo colgado. También es difícil encontrar un tubo para el ‘poledance’ en la mitad de una habitación hogareña. ¿Una discoteca privada? Impensado. Por eso, las distintas ofertas hoteleras hacen especial la estadía. Si celebra una fecha especial, tranquilo, allá le ponen flores, chocolates, lo que necesite o quiera.

5.    Limpieza garantizada: Este punto es de los más desconocidos pero no menos importantes. En los moteles las medidas sanitarias son verdaderamente extremas. Todo es esterilizado además de contar con rotación inmediata de sábanas, toallas, etc., así nada haya sido utilizado. Claro, a muchos les da “cus-cus” saber que en esa misma cama han tirado y tirado. Pero, ¿se han preguntado en un hotel cinco estrellas cuántas personas no han hecho lo mismo?

6.    “Juguetes”: Muchos de estos sitios cuentan con una serie de elementos diseñados única y exclusivamente para el sexo. Sillas ergonómicas, columpios, televisores (con todos los canales), sistemas de audio, saunas, jacuzzi, etc. Acá lo único que hace falta es la imaginación, las herramientas están ahí.

7.    Privacidad: A menos de que se encuentre con alguien conocido a la entrada, usted no tendrá ningún problema cuando vaya a un motel. Si le da miedo pagar con la tarjeta no se preocupe, es probable que en el extracto salga “Inversiones RR” o algo así. Además, el poco contacto que se tiene con los empleados del motel sin duda protege la identidad del susodicho o la susodicha, y el propio, claro.

8.    Comodidad:
Esta varía dependiendo del presupuesto. Si usted está ‘botado’ puede incluso tener habitación que tiene aparte una sala para escoltas. Parqueaderos, atención rápida, etc. Todo a la mano para que se concentre en lo suyo.

9.    Cero prejuicios: Seamos claros en algo. A los moteles se va a…Si usted va en un carro, taxi o caminando y al entrar se encuentra con otra pareja, trío o lo que sea, habrá, inclusive, cierta camaradería. En ese momento todos somos iguales, vamos a lo mismo. Nadie lo va a juzgar ni a mirar mal. Todo lo contrario. Habrá apoyo moral.

10.    Romper con la monotonía: Para muchas parejas, ir a un motel es una oportunidad única para romper con la monotonía a la hora de tener relaciones y así mantener las ganas como si fuera la primera vez y no caer en la eterna rutina.

¿Se animan a moteliar?

@andriv87

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Andrés Rivera Mejía es periodista de la Universidad Javeriana. Ha trabajado como periodista y fotógrafo taurino además de ser un enfermo por el fútbol.

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4 Comentarios
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  1. FrankyAlejandro

    La mejor ventaja de los moteles, es poder ir con la esposa; con eso si me ven entrando, saliendo, algún amigo, conocido, no tan amigo o si sale el registro en el extracto de la TC vale h… vamos a lo que vamos!!

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