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Me sentí un poco mal cuando el sol ardiente del mediodía de Cartagena me llevó a refugiarme en Cafe Stepping Stone; su nombre inglés implicaba que seguramente fuera la antítesis de un auténtico restaurante costeño. Me parecía como un café del sur de Londres; muebles de madera áspera, plantas de interior y la promesa de falafel. Sin embargo, este café sirve para superar la brecha cada vez más grande entre los turistas y las comunidades locales de Cartagena, en vez de exagerarla.

“Stepping Stone” se traduce como peldaño, y el café pretende ser exactamente esto. Es una iniciativa social que ofrece entrenamiento en el servicio y enseñanza del inglés a gente costeña e indígena de la ciudad que, de otro modo, tendría pocas oportunidades. La meta es darles experiencia y habilidades prácticas que les ayudarán a conseguir empleo en el futuro.

Con sólo 6 semanas de haberse inaugurado,  Cafe Stepping Stone no es mucho mayor que el gatito de tamaño hámster que patrulla la entrada. Vanessa y Tom, dos australianos, empezaron a elaborar el concepto del café hace dos años en un bus mientras viajaban por Europa. Vanessa se había graduado recientemente de la universidad con un grado de estudios de Latinoamérica y había pasado 6 meses en Colombia; mientras que Tom siempre había soñado con tener su propio restaurante; y así, gracias a una amistad entre sí de 15 años, crearon Cafe Stepping Stone.

Vanessa, Tom y Hannah: el equipo directivo

La pareja decidió dar luz a su iniciativa en Cartagena después de que Vanessa visitara este lugar y se quedara impactada por la exagerada desigualdad que existía; es lo que ella llama: “Las dos Cartagenas”. Mientras que el centro histórico es la sede para hoteles de 7 estrellas, boutiques de diseñadores y bares muy lujosos, “a pocos kilómetros de distancia; es peligroso salir por la noche, la gente lucha para alimentar a su familia, algunos viven en zonas inundadas, los edificios apenas se sostienen. Hay muchos  indígenas desplazados en esta ciudad y los niveles de educación son muy bajos. Es chocante lo drástica que es la desigualdad, y en una zona tan pequeña” explica Vanessa.

Esa problemática es en gran parte invisible a las turistas que hacen el viaje corto del aeropuerto a la Ciudad Amurallada para pasar el fin de semana. Ahora, con la ayuda de Hannah, un nuevo integrante del grupo de dueños, que también es australiana, los tres esperan despertar conciencia acerca del desequilibrio social que existe,  desde ese pequeño café que está escondido en una calle colorida del barrio Getsemaní.

Al llegar a la Costa Caribe, contactaron varias fundaciones y su idea recibió muchos comentarios buenos. Pero para que su programa fuera lo más beneficioso para la comunidad local, colaboran con la Fundación por la Educación Multidimensional (FEM), una organización que trabaja para generar el empoderamiento de comunidades afro e indígenas en Cartagena.

“Damos formularios de solicitud a cualquiera que los desee, a fundaciones y organizaciones que luego los distribuyen a los miembros de las comunidades locales y a personas que piensan que podrían beneficiarse realmente de nuestro programa”, comenta Hannah.

Oberto es uno de los seis empleados del café. Él es de una comunidad indígena, Zenu, y su familia sufrió de desplazamiento forzado  debido al conflicto armado que ha vivido en el país. Su padre es analfabeto y su hermana de 15 años está en condición de discapacidad cognitiva y tras la muerte de la madre de Oberto, él junto a su padre se han dedicado a cuidar a la más joven de la familia.

Uno de los sueños de Oberto es ser psicólogo y aunque ha terminado la escuela secundaria, todavía está luchando con aprender a escribir mejor en español. FEM ha ayudado a su familia a obtener beneficios del gobierno para ayudar a cuidar a su hermana y los ingresos adicionales del trabajo de Oberto en el Café Stepping Stone son muy útiles en este proceso de salir adelante.

Los primeros integrantes de Cafe Stepping Stone

Por otro lado, tenemos el caso de Francisco, que fue despedido recientemente de su trabajo en la tienda de comestibles donde laboraba durante 15 horas diariamente y un solo día libre. Él acaba de tener un bebé con su esposa y está muy motivado para aprender inglés y conseguir mejores  oportunidades para su familia y su nueva hija. Quiere ser ortodontista, pero no ha tenido la oportunidad debido a razones económicas.

Hay tres madres que trabajan en Cafe Stepping Stone. Heidy es una madre soltera de 3 hijos que tiene 25 años y es su primer empleo formal. Su abuela la maltrataba y la forzaba a vender cosas en la calle desde una temprana edad. Las otras dos mamás tienen dos hijos y, hasta ahora, dependieron económicamente de sus maridos que trabajan como taxistas.

Todos estos individuos ahora están en sus primeras 6 semanas de una pasantía de 3 a 6 meses. La duración varía dependiendo de la preparación de cada uno para otro empleo.

Desde la izquierda, Oberto, Yoenis, Francisco, Heidy, Alfonso, y Mayra

“Diferentes personas toman una cantidad diferente de tiempo para adquirir ciertas habilidades. A algunos les cuesta más aprender el inglés que a otros,  algunos les cuesta más acercarse a las mesas que a otros. Así que vemos dónde están, y luego tratamos de empujarles a aquellos que lo están haciendo muy bien a salir y encontrar trabajo,” dice Tom.

Después de unos meses aquí tendrán habilidades como ser camarero, preparar cafés y cócteles, cocinar, hablar inglés y tendrán un nivel de servicio de atención al cliente internacional. Una vez que estén listos, Vanessa, Tom y Hannah los ayudarán a conseguir un trabajo; ayudarán con la creación de un currículum y la preparación para una entrevista. “Esperamos darles una base buena para conseguir otro trabajo, y la confianza para solicitar empleos que de otra manera no podrían pensar que se podría hacer,” dice Vanessa.

La lección acá es no juzgue un café por su letrero y pan tostado con aguacate. El trío australiano ha aprovechado astutamente un mercado extranjero para promover el desarrollo local, un medio para empezar a integrar a “las dos Cartagenas”.

Cafe Stepping Stone se encuentra en la Calle de San Andrés en el barrio Getsemaní.

 

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Esa es exactamente la idea.

Me encanta Sigur rós, no lo voy a negar. Por lo tanto, es difícil que yo diga que no me gusta alguna parte de su música. Pero sucede que yo casi nunca le pongo cuidado a la letra de la música que oigo, en caso de que esa letra exista. Lo que dice Gudmundur (el autor del blog) me parece concluyente; como no somos islandeses ni hablamos islandés, no nos hace diferencia alguna oír a alguien cantando cosas sin sentido, pues sin importar lo que diga parece estar cantando en un idioma desconocido.

Parece ser que no creamos barreras ante lo que se diga en otros idiomas, y puede llegar a sonar igual de bien un poema en ruso que una sarta de ofensas pronunciada en el mismo idioma (claro está - si comos completamente ignorantes ante este lenguaje). Sabemos que se trata de otro idioma, y (como en el caso del islandés) si no tenemos idea acerca de éste, más uniforme será la impresión que produzca lo que se diga.

Entonces, ¿por qué es molesto oír "hopelandic" siendo islandés? Supongo que Gudmundur no será el único que sienta lo mismo, aunque seguramente habrá quien disfrute más cualquier pista de ( ) que otra que lo siguiera o precediera, y en su mismo idioma. Esta es la clase de cosas que siento que no se puede llegar a conocer del todo; supongo que habría que nacer islandés para entender.


Si quieren oír más de Sigur rós, les recomiendo Svefn-g-englar, Flugufrelsarinn y Gobbledigook.

En ese orden.


dancastell89@gmail.com
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Quizás no conozcan a Sigur rós. Esta puede ser una buena introducción a ellos, según lo que yo creo. Lo que sigue se llama Inní mér syngur vitleysingur, lo que significa algo así como "junto a mí canta un loco":




Sigur rós es una banda islandesa que existe desde hace casi catorce años (desde 1994). Los oí por primera vez en el cine, pues se utilizó su música en el trailer de la película Children of men (2006) - lo que suena es Hoppípolla ("saltando charcos"). Luego de eso me he enterado de lo reticentes que son sus integrantes a comercializar su producción, y he desarrollado un gusto inmenso por su trabajo. También tengo una afición irracional por Islandia, y no sé muy bien por qué.

Pero eso es otro asunto; vamos al grano.

Esta es la dirección de ojos de mosca, un blog sobre música islandesa escrito en castellano por un islandés. Hace un tiempo leía allí mismo una pequeña reseña que hacía el autor acerca de Takk..., el tercer álbum de estudio de Sigur rós. Y me pareció muy interesante la opinión que presenta la entrada. A ver si esta vez sí me puedo explicar.

El segundo álbum de Sigur rós se llama ( ). Sí, así se llama. Le debe su nombre tanto al hecho de que ninguno de los cortes que lo componen posee título (las ocho pistas se llaman Untitled 1, Untitled 2 y así sucesivamente - aunque luego del lanzamiento del álbum, los seguidores del grupo contribuyeron a nombrar las pistas una a una) como a una particularidad característica de Jónsi, el cantante; quisiera que trataran de descubrirla ustedes primero. Para eso, otro video; lo que sigue se llama Untitled 4, o Njósnavélin (la máquina espía):




¿Lo notaron?

Yo tuve que leerlo para caer en cuenta; no sólo usan un arco de chelo para tocar la guitarra eléctrica (lo que produce ese sonido tan intenso de vez en cuando), sino que Jónsi no canta en un idioma en particular. Lo que dice no está dicho en islandés; ninguna de las canciones que componen el disco lo está. Han llegado a llamarlo un lenguaje aparte (que no lo es): "vonlenska", o "hopelandic". Y esa es sólo una de las interesantes particularidades de este grupo.

Vuelvo al blog del islandés. Luego de tener un poco de idea acerca del grupo, transcribo (con estilo corregido, porque el hombre escribe ligeramente mal el español) su opinión sobre el disco que siguió a ( ):

Su nuevo álbum Takk... ("Gracias..."), ha salido hace poco. A mí me parece una maravilla, mucho mejor que ( ), que no me ha gustado tanto (...). No sé que opináis, pero para mí, el hopelandic nunca ha funcionado, es demasiado pretencioso y un poco tonto. A lo mejor no fastidia tanto a extranjeros que quizás no oigan la diferencia entre islandés y hopelandic, pero a mí me fastidia tanto que casi no lo aguanto.


Esa es exactamente la idea.

Me encanta Sigur rós, no lo voy a negar. Por lo tanto, es difícil que yo diga que no me gusta alguna parte de su música. Pero sucede que yo casi nunca le pongo cuidado a la letra de la música que oigo, en caso de que esa letra exista. Lo que dice Gudmundur (el autor del blog) me parece concluyente; como no somos islandeses ni hablamos islandés, no nos hace diferencia alguna oír a alguien cantando cosas sin sentido, pues sin importar lo que diga parece estar cantando en un idioma desconocido.

Parece ser que no creamos barreras ante lo que se diga en otros idiomas, y puede llegar a sonar igual de bien un poema en ruso que una sarta de ofensas pronunciada en el mismo idioma (claro está - si comos completamente ignorantes ante este lenguaje). Sabemos que se trata de otro idioma, y (como en el caso del islandés) si no tenemos idea acerca de éste, más uniforme será la impresión que produzca lo que se diga.

Entonces, ¿por qué es molesto oír "hopelandic" siendo islandés? Supongo que Gudmundur no será el único que sienta lo mismo, aunque seguramente habrá quien disfrute más cualquier pista de ( ) que otra que lo siguiera o precediera, y en su mismo idioma. Esta es la clase de cosas que siento que no se puede llegar a conocer del todo; supongo que habría que nacer islandés para entender.


Si quieren oír más de Sigur rós, les recomiendo Svefn-g-englar, Flugufrelsarinn y Gobbledigook.

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dancastell89@gmail.com

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Desde hace más de un año, en su programa en YouTube, #WallyOpina presenta,(...)

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