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Viajar desde Australia hasta Colombia implica literalmente cruzar medio mundo. Esta vez, cambié de avión cuatro veces y, después de dos días de viaje, por fin llegué a mi querida Bogotá.

Mientras el avión descendía lentamente hacia la pista, sentía cómo mi corazón palpitaba fuertemente en mi pecho, inundándome de emoción, anticipación y recuerdos de lo que me esperaba al pisar tierra colombiana.

El sonido de los motores y el murmullo de las conversaciones a mi alrededor parecían desvanecerse mientras me perdía en mis pensamientos. Esta vez, la alegría de estar allí se mezclaba con la sensación agridulce de tener que asistir al funeral de mi abuelita Crisanta, quien murió inesperadamente mientras yo volaba en el trayecto de Sídney hacia Los Ángeles.

Habíamos planeado encontrarnos ese domingo, pero su cuerpo de 91 años entró en un sueño plácido, profundo y durmió para siempre ese viernes 19 de febrero. A pesar de la tristeza, sentía una profunda gratitud por tener la oportunidad de despedirme de ella y honrar su memoria junto a mi familia.

Una vez más pude ver cómo la muerte nos brinda la posibilidad de reconocer el legado que dejan quienes ya no están en nuestra vida. Es un recordatorio de la importancia de valorar cada momento con aquellos que amamos y de apreciar el impacto que han tenido y tendrán en nuestras vidas.

Mientras el avión se acercaba a tierra, pensaba en las mujeres de mi familia: mi madre y su tenacidad inquebrantable, mi hermana y su generosidad desinteresada, mis tías amorosas y mis primas pujantes, cada una de ellas con su propia historia, pero todas compartiendo un hilo común que se remontaba a mi abuelita y las mujeres que nos precedieron. Reflexionaba sobre cómo cada una de sus historias reflejaban el legado de fuerza, determinación, valentía, amor y resiliencia que nuestros antepasados habían dejado grabado en nuestras vidas.

Me pregunte por un momento cómo continuaría con esta idea de legado si no tenía hijos, y pensé que para mí y para muchos otros, el legado puede estar en las relaciones que cultivamos, en las conexiones profundas que formamos, en las vidas que tocamos con amor, y generosidad. Es posible dejar un impacto a través de nuestras acciones, nuestras contribuciones a la sociedad, y nuestra dedicación a causas que nos importan.

Finalmente, con un suave golpe, el avión tocó tierra y sentí la alegría de regresar, de reencontrarme con personas y lugares que siempre he llevado en mi corazón. Cada paso que daba hacia la salida del avión me acercaba más a las personas que amo y a los recuerdos que atesoro, a las vivencias que este mes mágico en Colombia tenía reservado para mí.

Así fue el comienzo de mi más reciente aventura. Visité Boyacá y me enamoré de nuevo de sus imponentes paisajes, donde las montañas se alzaban majestuosas y los campos verdes se extendían hasta el horizonte. Respiré el aire fresco de la naturaleza y me sentí revitalizada por la energía de la tierra, el lago de Tota y sus cultivos de papa y cebolla.

Luego, me sumergí en la alegría del Carnaval de Barranquilla, donde los colores vibrantes y la música contagiosa se apoderaron de mi cuerpo. Bailé con marimondas y me dejé llevar por el ritmo desbordante de cumbias y garabatos.

Finalmente, recorrí las calles del barrio donde crecí en Bogotá, cada esquina me recordó de dónde vengo y los sueños que tenía. Revivir esas memorias fue un reencuentro con mis raíces, una conexión profunda y significativa que me recordó de dónde vengo y me llenó de gratitud por el camino recorrido.

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PERFIL
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Caro Monroy es empresaria, migrante, psicóloga y coach. Colombiana con experiencias de vida en diversos países, incluidos Australia, Argentina, Colombia e Inglaterra. Ha experimentado de primera mano los desafíos, incertidumbre, la presión, los logros, la alegría, el crecimiento y todas las demás emociones posibles, que experimentan los migrantes al embarcarse en la aventura de descubrir y conquistar nuevos mundos. Es Psicóloga, completó un MBA, está certificada en Programación Neuro Lingüística y actualmente está terminando una especialización en Counselling.

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  1. jaimenougues0519

    Muchas gracias por compartir esa emoción, esa sensación, ese palpitar del corazón cuando visita nuevamente su patria, su ciudad, su barrio. Sientes que lleva a su amada Colombia en el corazón, que así vivas lejos de ella, el pensamiento la hace tener cerca. Que lindo. Éxitos. Mucha suerte.

  2. Que forma de sentir en el corazon tan diferente, cada vez que viajo a Australia, podria decir que muero un poquito, pero cuando inicio el regreso en Tullamarin, cuando aterrizamos a en Tocumen a 45 minutos de llegar a Colombia y despues aterrizamos en el cortizzos MUERO del todo, que desgracia regresar!

  3. Apreciada Caro,en Australia es complicado para los compatriotas,me preguntó que hacen nuestros diplomáticos para ayudarlos a un empleo,salud,bienestar,bien los sabes que así seas un cirujano le toca cargar bultos para sobrevivir, ojalá tu puedas encauzar a esos Miles que necesitan ayuda mental,saludos.

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