Cerrar Menú Blogs
Las opiniones de los blogueros son de su estricta responsabilidad y no representan la opinión de este portal.
Profile image

Ingresa o regístrate acá para seguir este blog.

Seguir este blog

La clase de justicia que se debe aplicar a los combatientes en el conflicto después de un muy posible acuerdo con las Farc, volvió a ser tema de debate después de que la premio nobel de paz, Jody Williams, afirmara que “pueden poner a todos los combatientes de la guerrilla en la cárcel. También a los paramilitares y a los del Ejército que han cometido crímenes de lesa humanidad. Y ya que están en eso, pueden poner a los narcos que les venden armas. Pero, entonces ¿quién va a quedar en las calles?”.

El dilema está en aplicar una justicia retributiva (la del castigo mediante la prisión, como la conocemos), o la restaurativa (transicional), que busca reparar y restaurar tanto a la víctima como al ofensor mediante la verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición.

Cada día son más los expertos en resolución de conflictos en el mundo que creen que la cárcel como castigo es poco beneficiosa para aplicar justicia después de un acuerdo de paz, cuando el fin último de este es buscar el perdón y la reconciliación entre una sociedad.

Así lo entendieron los líderes surafricanos Nelson Mandela y el arzobispo Desmond Tutu, quienes optaron por la justicia restaurativa para crear confianza y hacer posible la convivencia entre las víctimas y los victimarios, con “la necesidad de buscar entendimiento, en lugar de venganza, reparación, en vez de retaliación, y sanar, en lugar de victimizar”, afirmó Tutu.

En concepto del clérigo, la justicia retributiva no cumple con estas condiciones, ya que tiene como única misión castigar al individuo a través del Estado, sin consideración por las víctimas individuales o los ofensores.

El caso de Ruanda es un ejemplo, en donde, en la peor atrocidad de la historia de la humanidad, murieron 800.000 personas en tan solo 100 días.

Después del holocausto, los ruandeses aplicaron ambas clases de justicia. Con la retributiva, instaurada, debido a la presión internacional, desde 1997 al 2012, se juzgaron solo 60 casos, con un costo cercano a los 1.000 millones de dólares. En cambio, con el método tribal ruandés de la ‘Gacaca’, se logró juzgar, en ese mismo lapso de tiempo, más de un millón de casos, no solo relacionados con el genocidio, sino también con otros crímenes y toda clase de problemas comunales, a un costo de 40 millones de dólares. Y Ruanda es ahora un país más pacífico que antes del conflicto.

Algo similar a Ruanda sucedería en Colombia si se aplica la justicia retributiva, con un sistema judicial desbordado por los miles de procesos, los cuales, en su mayoría, prescriben en la mayor impunidad. El problema sería que aún si se envían a la cárcel los culpables, estas personas estarían poco dispuestas a colaborar en un proceso de reconciliación, ya que creerían que ya están pagando con creces sus faltas. En cambio, con el sistema de justicia restaurativa, mediante el servicio comunitario como el desminado, la erradicación de cultivos ilícitos o guardabosques, se les daría, como ofensores, “la oportunidad de reintegrarse a esas comunidades a las que causaron daño”, explica Tutu.

Los colombianos deben aprender que no todo se soluciona con cárcel, que es una forma de venganza y retaliación: lo que en últimas ha perpetuado nuestra guerra.

(Visited 163 times, 1 visits today)
PERFIL
Profile image

Pedro Vargas Núñez. Periodista y magister en Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana. Posgrado en Resolución de Conflictos y Negociaciones de American University en Washington DC, (USA). Interesado en el periodismo, resolución de conflictos, construcción de paz y reconciliación, relaciones internacionales, política, historia y literatura.

    Sigue a este bloguero en sus redes sociales:

Más posts de este Blog

Ver más

Lo más leído en Blogs

1

Si quieres conocer más de mi vida y a lo que me dedico, sígueme en:

https://www.youtube.com/@Immiland

https://www.instagram.com/eddy.ramirez21/

-->Tequilera, bar tender, lavaplatos, cocinera, mesera, estos son muchos de los trabajos de primera línea a los que se puede enfrentar un inmigrante, iniciando su nueva vida en Canadá. Así lo hice yo.

¿Devolverme a Venezuela o quedarme en Canadá? Esa era la pregunta que retumbaba en mi cabeza mientras ese ángel que encontré en Migración hacia mi aplicación, la cual me permitió como estudiante de idiomas y con mi nuevo status llamado Destitute Student (‘Estudiante Indigente’) conseguir una visa de trabajo Después de pensarlo por tres días, decidí quedarme a trabajar en Canadá para poder pagar mis estudios y como decimos los venezolanos’’echarle bolas’’, porque definitivamente en esta vida no se escoge dónde se nace, pero sí dónde vivir.  Bienvenidos a la segunda parte de mi historia, donde les presento un momento fundamental de mi pasado y mi presente en este país. Debo confesarles que nunca pensé que fuese a ser tan difícil, pero ahí estaba yo, aventurándome a un mundo desconocido, con el único objetivo de reunir, en poco tiempo (4 meses), el dinero para pagar el cincuenta por ciento (15.000 CAD) de mi maestría, pero no solo eso, debía pagar también la renta y mis gastos personales y lo sé, suena descabellado, pero lo asumí con mucha planificación y meticulosidad.
’’Uno nunca sabe lo fuerte que es, hasta que en realidad tiene que ser fuerte’’
Conseguí el primer trabajo de mi vida. Este quedaba en el Viejo Puerto, una zona muy turística de Montreal. Allí aprendí lo que es ser multitask: servir diferentes tipos de cervezas, hacer pizzas, fajitas, poutine, alitas de pollo, hamburguesas, de todo. No era mi único trabajo, tenía que reunir el dinero suficiente, así que de domingo a domingo y durante esos meses mi rutina se resumía en: tomar órdenes, cargar montañas de platos y limpiar baños como a muchos inmigrantes nos toca al inicio. 
’Y es que en las adversidades es donde nacen nuevos guerreros’’
Creo que jamás en mi existencia he trabajado tanto. No tenía más vida: todas las tardes salía del Viejo Puerto, a iniciar mi siguiente turno en un restaurante italiano en el que más que salario trabajaba por comida. El dueño amablemente me brindaba lo que no se vendía y así yo podía ahorrar gastos. Ese señor se convirtió como en mi abuelo, mi abuelo italiano.
 
Ver esta publicación en Instagram
 

Una publicación compartida por Eddy Ramirez (@eddy.ramirez21)

Además del trabajo, yo seguía estudiando francés todas las mañanas hasta el mediodía. Al terminar el verano comencé el máster. Un año más tarde, me gradué de abogada en Derecho Internacional de Negocios, LL.M de la Universidad de Montreal, con un GPA de 3.8, demostrándome que en mi vida no habría obstáculos más grandes que mis ganas de crecer y de superarme. Inspirada en esto, apliqué a la Residencia Permanente.  Al cabo del tiempo, empecé nuevos estudios, pero esta vez, en Inmigration consulting y logré culminarlos también. La vida comenzó a sonreír un poquito más, después de tantos sacrificios, todo estaba dando los mejores frutos. En medio de esta travesía, comprendí que no estaba sola en esta situación, ni era la única con un sueño por cumplir. Somos miles de migrantes a diario dejando todo atrás y buscando una mejor vida, así que algo detonó en mi cabeza, era el momento de que Eddy Ramírez pusiera en práctica sus estudios, experiencia y todo lo que aprendí de mi mamá.  Finalmente, llegó el día de materializar y darle vida a esta Tierra de Inmigrantes.    Continuará… Con amor, Eddy.   

Si quieres conocer más de mi vida y a lo que me dedico, sígueme en:

https://www.youtube.com/@Immiland

https://www.instagram.com/eddy.ramirez21/

2

Si usted, apreciado lector, es amante del buen vino y de(...)

3

[caption id="attachment_18348" align="aligncenter" width="640"] Gustavo Petro - foto EL TIEMPO[/caption] Intentamos(...)

0 Comentarios
Ingresa aquí para que puedas comentar este post
Reglamento de comentarios

ETCE no se responsabiliza por el uso y tratamiento que los usuarios le den a la información publicada en este espacio de recomendaciones, pero aclara que busca ser la sombrilla de un espacio donde el equilibrio y la tolerancia sean el eje. En ese camino, disponemos de total libertad para eliminar los contenidos que:

  1. Promuevan mensajes tipo spam.
  2. El odio ante una persona o comunidad por su condición social, racial, sexual, religiosa o de situación de discapacidad.
  3. Muestren o impulsen comportamientos o lenguajes sexualmente explícitos, violentos o dañinos.
  4. Vulneren o atenten contra los derechos de los menores de edad.

Además, tenga en cuenta que:

  • - El usuario registrado solo podrá hacer un voto y veto por comentario.
Aceptar
¿Encontraste un error?

Para EL TIEMPO las observaciones sobre su contenido son importantes. Permítenos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de EL TIEMPO Casa Editorial.


Debes escribir el comentario
¡Gracias! Tu comentario ha sido guardado
Tu calificación ha sido registrada
Tu participación ya fue registrada
Haz tu reporte
Cerrar
Debes escribir tu reporte
Tu reporte ha sido enviado con éxito
Debes ser usuario registrado para poder reportar este comentario. Cerrar