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Fabián Salazar Guerrero. PhD. Doctor en Teología. Asesor en Belleza Espiritual

La sala de espera de un aeropuerto es un verdadero laboratorio de humanidad y una metáfora de la vida. Es un lugar de tránsito, donde experimentamos un continuo ir y venir esperando el vuelo que nos llevará a nuestro destino.

Levanto la mirada y observo con detenimiento a tantos desconocidos, que me rodean. Unos se encuentran absortos en sus celulares, otros corren con enorme prisa buscando la sala que le corresponde, algunos pasean en círculos esperando que el tiempo se les pase, no falta quien parece intentar dormir y quienes toman un café mientras conversan. Apenas se puede intentar adivinar de sus vidas por su ropa, sus movimientos, sus acompañantes, o sus equipajes, pero cada uno de ellos continúa siendo un maravilloso misterio.

A pesar de proceder de tantas partes, hoy sin proponérnoslo, nos encontramos en este momento y en este espacio para apropiarnos la experiencia común de “esperar” juntos a que prosigan nuestros respectivos viajes. Estamos en este mundo, al igual que en el aeropuerto, solo de paso, esperando a que llegue el momento de partir, nadie va a quedarse, pero es nuestra decisión elegir cómo deseamos vivir nuestra temporal existencia.

Mientras sigo mi espera, de un vuelo que se retrasó, comparto las siguientes reflexiones, dejando que surjan de manera espontánea:

• En este plano somos finitos y si fuéramos más conscientes que estamos con un tiempo limitado lo aprovecharíamos en aquello que es más valioso, bondadoso y bello.

• Podemos tener propiedades y muchos bienes, pero al final únicamente nos llevamos lo que alcanza en una pequeña maleta con recuerdos, experiencias y crecimientos.

• La espera puede ser fantástica mirando los detalles, aprendiendo con los demás y disfrutando de lo que nos rodea, o puede ser, por otra parte, una sensación que nos produce ansiedad, enojo y cansancio. Las circunstancias son las mismas pero la actitud ante ellas depende de nuestro sentir interior.

• El esperar en compañía es mucho mejor, y aunque vengamos solos y nos iremos solos de la vida, estos espacios son una enorme oportunidad de conocer a otros, de disfrutar de su presencia, de amar, de servir y de compartir.

• Para tener un buen vuelo de salida, es muy importante aprovechar el momento de espera para dejar resueltas los asuntos pendientes, disponernos para abandonar aquello que no necesitamos, y de sentirse libre para no apegarse a nada.

• Soltar el afán, optar por no encerrarnos en nosotros mismos y en nuestros problemas, en nuestros enojos o frustraciones y permitir que el mundo nos sorprenda, y nos posibilite reconocer que valió la pena estar aquí, en esta experiencia vital, y en este momento que será único e irrepetible.

• Ser conscientes que tarde o temprano llegará la hora de irnos, pero mientras tanto hay que vivir intensamente, disfrutar del amor, quitar aquello que nos hace daño y aprovechar cada instancia como un increíble presente.

Ya escucho el llamado a abordar, dejo de digitar y les deseo que estas letras sean una inspiración para decidir vivir en felicidad mientras esperamos. Hasta pronto queridas lectoras y lectores de este blog Diálogos Espirituales.

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