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A punto de llegar los Foo Fighters a Colombia y tengo el suelo abarrotado de recuerdos de la década de los noventa. Todos ellos se alborotaron como hojas secas cuando recorría el parque Simón Bolívar el domingo pasado, mientras oía una selección de clásicos de rock alternativo. No me interesa lo hipster, ni me reconozco en esa pendejada, nunca tuve melena ni la tendré, tengo camisas de cuadros a kilos en mi casa y unas botas de Adidas que homenajean a Star Wars. La queja fue inmediata ¿por qué no encuentro un lugar para disfrutar de esta época?

Por un lado, llevo más de 20 años acumulando la energía para ver piedras angulares de la música rock de aquella época, y lo he cumplido con cierta cabalidad: conocí a Incubus, me perdí los discretos shows de Stone Temple Pilots, Green Day y Smashing Pumpkins, aprecié con cierto recelo la vista de Jane’s Addiction y aguardo la prometedora visita de Pearl Jam y, a lo mejor, Collective Soul. La visita de Foo Fighters es, en cierto modo, la posibilidad de encontrarme de lo que fue el grunge: Seattle, camisetas, desaliño, majadería, algo de rencor. Va más allá del desencanto por el acné. El documental Hype! del realizador Doug Pray, producido en 1996arroja algunas pistas de esa efervescencia

Mudhoney, Soundgarden, Alice in Chains, entre otras bandas de la primera mitad de los noventa, crecieron a la sombra del fenómeno de Nirvana y el inicio del declive de Guns N’ Roses. Basta ver en You Tube los cientos de videos donde, una y otra vez, fanáticos crean extenuantes playlists en el que es inevitable transportarse a un frenético pogo o el barullo formado por el choque constante de botellas de cerveza. De hecho, en mi época universitaria tuve la fortuna de conocer un pequeño bar por la calle 45 llamado Porch. Más estrecho que una caja de fósforos, fue el refugio de borracheras, toques y animadas conversaciones sobre el tema.

Ahora, gracias a las redes sociales tuve la posibilidad de charlar con el bogotano Luis Felipe Jiménez (@felipepoet en Twitter) y allí descifré otra realidad: la de la movida rockera en Bogotá entre 1990 y 1999.

La propuesta Grunge -inicia Luis Felipe- fue un reto para la estética glam que adornaba mucho. Si uno ve el comienzo de Pearl Jam nota todavía algo de influencia glam, pero con ganas de decirle al mundo que ahora lo que importaba era más el bajo perfil a favor de música y letras por un lado nostálgicas, crudas, melancólicas pero potentes. Y por otro, alejarse de las figuras pop superestrellas. Eso caló muy bien en los adolescentes de los noventa y por eso tuvo el alcance que tuvo. Era también una respuesta al movimiento de electrónica europeo con el que tuvo que convivir, pero como alternativa para las personas que querían sonidos más reales y humanos. Digamos que parte también de una postura de inconformismo que le hacía espejo al rebelde punk, pero con alcances más curtidos. Con arte más elaborado.

En Colombia el impacto no fue muy grande. Aunque Nirvana movió mucho a la gente acá, en general la cosa no tuvo mucho eco. Al menos no al punto de generar movimientos fuertes con bandas de ese tipo acá. El metal ya estaba consolidado y le ganó ese pulso. Sin embargo, ahora vemos a mucha gente que cerca a sus 30 años confiesa que le encantaba la onda grunge. En ese entonces no nos articulamos tal vez por ser muy jóvenes para organizarnos. Si uno mira, no hay muchas bandas que hicieran música parecida a la de Pearl Jam, Nirvana, Alice in Chains o Soundgarden en Colombia. 

Evidentemente el rock anglo (inglés o no) calaba muy poco en el país. El rock en español hacía lo suyo y precisamente no puede dejar de mencionarse a Soda Stéreo en sus facetas antes de su primera despedida. Los que ahora son “lugares comunes” en el rock “de nuestro idioma” dieron paso a respuestas locales que aún se conservan refrigerados en la memoria de rockeros alternativos ¿Cuáles asomaron a la de Luis Felipe?

El Zut (mi preferida), MarloHabil, Morfonia, Danny Dodge, Vértigo, Séptimo Aposento. Y un bar: Kalimán

Que un bar de rock tuviera ese nombre me pareció kitsch. No tenía otra salida, si detrás de él estaba el cerebro de Héctor Buitrago, la otra mitad de Aterciopelados. Un bar al norte de Bogotá (cerca al Centro Comercial Andino) del cual otras personas hacen menciones en estas crónicas que recomiendo: este de el  Blogotazo  y la citada por F-Arias escrita en este diario por Andrés Zambrano y Mauricio Silva “La Rumba Sin Alternativas”

Curioso que el rock alternativo siga así de huérfano en cuanto a sitios en la capital. No me soporto un bar que se promueva como “bar retro” o “Rock de los 90” y se solazen en poner más bandas del nuevo milenio, martilleando hasta la saciedad The Reason de Hoobastank, o en el más ofensivo de los casos I Kissed A Girl de Katy Perry o el horrendo cover de Britney Spears de I Love Rock n Roll de Joan Jett & The Black Hearts. Si no tuve en cuenta alguno ¿me podrían avisar? En otras ciudades ¿qué hay? ¿Dónde puede ir uno a escuchar rock alternativo en Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga o Pereira?

A la fecha no encuentro un lugar como Porch, si bien hay esfuerzos por ambientar un poco la escena como Blossoms  y una seguidilla de pequeños bares cercanos a la Javeriana, o el Ozzybar, un poco más retirado.

En cualquier caso seguiré buscando dónde celebrar el postconcierto de Foo Fighters. Recomiendo el blog del colega @Migmar75, Autopista Rockosa,  y su expectativa ante este evento.

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MI película colombiana de la semana es Que viva la Música, inspirada en el libro de Andrés Caicedo, la cual dirige el caleñísimo Carlos Moreno (el mismo de Perro come Perro) Ya está en Sundance. Para los que la están esperando ¿cómo se la imaginan? Acá el primer teaser que se conoció de la misma

@juanchoparada

juanchopara@gmail.com 

 

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Periodista y filósofo. Máster en Dirección de Marketing Digital y Comunicación Web 2.0. Social Media Manager. Escritor cine, cultura, televisión, entretenimiento, sexualidad y tecnología.

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Sin perder un ápice de su derroche en producción y calidad actoral, vuelve a poner en el tapete la amplitud en esas “licencias artísticas” para recrear los acontecimientos de una de las épocas más cercanas a la memoria colectiva global: la presencia de Diana Spencer, cuyo matrimonio con el príncipe Carlos marcó un gigantesco punto de inflexión en la reputación de la estirada corte de la reina Isabel II. Su creador, Peter Morgan, se solaza en dejar bien claro cuál fue el papel de cada personaje en una historia que comenzó como un cuento de hadas, pero aderezado de abundante magia negra, pues las motivaciones de la prestante familia inglesa resultan tan desconcertantes como maquiavélicas. Y a la debacle sentimental se le suma el cariz político con la introducción de Margaret Thatcher, cuyo gobierno no estuvo exento de tensiones tanto con la ciudadanía como con la misma reina. Esa composición de cotilleo con intriga política hace irresistible el conjunto, casi al nivel de un placer culpable, pues no interesa si sentimos empatía por alguno de sus protagonistas. Los ricos también sufren y acá la pasamos bomba entre tanta maledicencia e intromisiones de los monarcas en la vida de sus familiares. Ni siquiera lástima: los hechos verídicos que tantos periódicos vendieron en su momento lucían tan superficiales que se devoraban como si se tratasen de una revista de chismes. Así que el riesgo que toma The Crown en esta temporada es no convertirse en un relato de pasillo, y el resultado ya se ve con la abierta incomodidad de la familia real y varios de los biógrafos que califican como una falta de respeto y un completo despropósito tanta rienda suelta en los diez capítulos que conforman esta entrega, los cuales abarcan el período de 1979 a 1990. Puede que la adaptación de los hechos sea cuestionable, y en esto no hay quien se salve. Casi nadie de los personajes reales que se mantienen vivos comparte lo visto (aunque lo hayan pensado). No obstante, debo destacar que las mujeres de este episodio se llevan los aplausos. Olivia Colman, Emma Corrin y Gillian Anderson encarnan sus respectivos roles con gran solvencia, más para Corrin, que capta la esencia de Diana tanto a nivel gestual como en aproximarse a su drama personal. Un trabajo notable de apropiación del personaje. En el caso de Anderson, si bien la caracterización y ademanes se ven exagerados, creo que logra un semblante de la Dama de Hierro lleno de altivez, nada fácil de interpretar, pero tampoco un desatino como otros lo han percibido. Sus escenas con Colman van de lo divertido a lo emotivo, especialmente en el capítulo final. Las tres estarán en el ojo de las próximas entregas de premios. En suma The Crown mantiene los elementos básicos de una bioserie que hasta este momento fue complaciente con los hechos. Ahora se atreve a contarnos una historia de la cual conocemos tantos detalles que en este caso la vemos navegar entre los intereses de sus creadores en escandalizar para atraer audiencia o el compromiso con un punto de vista de los sucesos, más cercanos a lo que en realidad ocurrió, dejando al espectador la interpretación de los mismos. Como sea, insisto en que la distancia que marca el mundo de la realeza con el de la gente común hace que se revise la serie casi a un nivel morboso, digno de un folletín, que de un momento histórico. The Crown no nos va a dar clases en la materia, pero sí un platillo lleno de grasas y carbohidratos que engulliremos sin mayores ascos. Nueva música: Eddie Stofe & Maricela ft. Mario Castillo y Jeyluz y la banda Binovich Los artistas nacionales continúan más activos que nunca. Por ese motivo esta semana comento dos trabajos. El primero de ellos es el del proyecto musical cartagenero Eddie Stofe & Maricela, quienes preparan el lanzamiento de su nueva pieza musical llamada Espejismos, del cual se desprende el sencillo Háblame, en el cual unieron su talento con el cantante Mario Castillo y la intérprete Jeyluz. Desde el 2019 vienen colaborando en este ejercicio colaborativo que los llevó a México a través de Dreamer Agencia y a sumar participaciones especiales de otros músicos que se identifican con su propuesta. Acá pueden ver el videoclip de Háblame. Pueden seguirlos en Instagram y Facebook como @eddiestofeymaricela Por los lados del rock encontrarán a la banda de rock alternativo bogotana Binovich, conformada en el 2017 por Nicolás Valencia (Bajista), Sebastián Ruiz (Guitarrista y Vocalista) y Santiago Roncancio (Guitarrista). Tras su debut en el 2019 con un EP de tres sencillos, este 2020 nos presentan Tápense los oídos, un álbum dividido en dos partes, del cual promueven el sencillo Tú, Fuego del lado B de este trabajo. Los pueden encontrar en Instagram @binovich_ y en Facebook como BinovichRock En ambos casos podrán encontrar su música en las principales plataformas de streaming como Deezer, Spotify y Apple Music. Mauricio Rosero, un promotor de la esperanza En el podcast de Radiodistractor agregamos una entrevista al colombiano Mauricio Rosero, un influenciador que dedica su atención a promover mensajes de positivismo y transformaciones personales. Su experiencia y ganas de ayudar han llevado a este joven de 29 años a hacer parte de distintas organizaciones no gubernamentales. En el 2018 su trabajo fue reconocido en la ONU (Organización de las Naciones Unidas), reconocimiento que lo llevó a ser partícipe de una importante cumbre sobre ODS. ¿Qué hace un orador motivacional? ¿Cómo desempeña su labor? Los invito a conocer su experiencia de vida en el siguiente audio.   Pueden seguir en Instagram como @Mauriciorg8. Charlando con Pachoman Para cerrar este post, les comparto una interesante charla que anticipa algo de mi acostumbrada lista de lo mejor del año 2020 en cuanto a series y películas que pude ver. Gracias a la invitación de Francisco Córdoba, Pachoman, por compartir con su audiencia mis percepciones al respecto. Lo pueden seguir en @pachoman en todas las redes sociales y seguir sus lives en Facebook, Twitter y YouTube de lunes a viernes a las 7:00 p. m. juanchopara@gmail.com @juanchoparada www.juanchoparada.com 

  • Colombia

    Sobre el fin de una era periodística y documentales sobre videojuegos

    Cuando Jeff Bezos, el multimillonario presidente de Amazon, compró The Washington Post en el 2013, todos imaginaron que el legendario periódico estadounidense que –entre otros hitos- destapó el sonado caso Watergate que dio al traste con la presidencia de Richard Nixon, se diluiría en su paso al entorno digital y vería menoscabada su independencia editorial. En una carta de su puño y letra que envió a los empleados del diario, divulgada posteriormente, varios medios extrajeron una frase que hoy aún navega entre ser una oportuna visión o una astuta justificación: “Necesitaremos inventar, lo que significa que necesitaremos experimentar”. Desde entonces TWP mantiene su prestigio y reconocimiento que, en principio, poco se ha visto alterado por la alargada sombra de su dueño. Y es un escenario ideal, si bien no guste mucho la concentración de los medios en manos de empresarios poderosos. Pero esa no es la cuestión principal. El anuncio de Bezos partió, como ha ocurrido con otras adquisiciones de conglomerados en la industria de la comunicación, tanto de satisfacer alguna vanidad personal como de encontrar la fórmula de la rentabilidad que haga frente a los desafíos impuestos por el avance desaforado del mundo virtual. Traigo este caso a colación pues el caso de la revista Semana, medio que seguí durante mucho tiempo, abre múltiples cuestionamientos no solo sobre esa alquimia para elaborar la fórmula perfecta para gestionar medios de comunicación comprometidos con la divulgación de contenidos de calidad con un modelo de negocio que les permita solvencia. Traslada y aumenta la preocupación sobre la dignificación del oficio periodístico que tanto se proclama en la academia, pero que en la vida real se traduce en convertir la banalidad como cebo, el protagonismo de los comunicadores como bastión por encima de la credibilidad y la dictadura del clic como referente de calidad. Si ese es el destino de los medios de comunicación, si esa es la frecuencia en la que deben sintonizarse para aumentar unos cuantos ceros a sus cuentas bancarias, pues no vale la pena formar futuros periodistas a los que se les despierte una auténtica vocación. Si el afán por el show o la firme intención de polarizar con información escasamente analizada son los propósitos que guían ahora las empresas periodísticas, entonces que cada quien arme su tribuna en la plataforma que desee y, si tiene éxito, termine cooptado por alguien que encuentre atractivo su mensaje para servir a sus propios intereses. Al carajo la verdad, el servicio ciudadano, la investigación, los rostros de las tragedias que importan o de las acciones que cambian para bien su realidad. Bienvenida la calumnia disfrazada de valentía, los puntos de vista con personajes irrelevantes y la obsesión por alimentar las redes sociales con el veneno de ser la tendencia número uno a costa de la manipulación de los sentimientos de algunos que circundan por allí con ganas de cargarse lo que sea. No niego que estamos viviendo un cambio. Que aun resulte incierto el rumbo para los valientes que intentan apalancarse en la virtualidad para ser portavoces de distintas historias es también un hecho innegable. Pero que ese escenario digital no se convierta en una excusa para sacrificar convicciones o que estimule cambiar posiciones porque el que pone el billete manda. Lamento de verdad el fin de la era que brindó una casa periodística a la que he respetado desde que la conozco, así como a los cientos de colegas que han pasado por allí y los que acaban de dejarla como si se les hubiera venido encima. Si sus nuevos propietarios reflexionan sobre cada uno de estos aspectos, tal vez, su nueva cara no resulte tan chocante, pero si sus reacciones inmediatas son cada vez más erráticas, terminarán por enterrar inmerecidamente todo un legado y su permanencia se verá altamente comprometida. Qué triste es sobrevivir a una situación tan extrema como esta pandemia y ver cómo quedan atrás las cosas que admirábamos, o se transforman en algo irreconocible. Peor aún si nos queda la sensación de un periodismo agonizante, conectado a un respirador artificial de click bait, videos de Tik Tok o los gritos de ‘influencers’. El 2020 nos cambió, pero no pensé que se le iría la mano. ¿Qué recuerda sobre la era de los videojuegos? Aunque reconozco que mi destreza con los videojuegos es muy limitada, me ha resultado apasionante revisar el impacto en la cultura popular de esta industria creativa, que particularmente en Estados Unidos y Japón vivió un crecimiento exponencial en sus orígenes, consolidó emporios rivales y definió a los líderes en la carrera por atraer la mirada de los consumidores. Dos producciones que recomiendo ampliamente para analizar dicho impacto se encuentran vigentes en HBO y Netflix respectivamente. Les hablo de Console Wars y High Score, un documental y una serie que nos sumergen en los intríngulis que se tejieron alrededor de juegos de gran recordación, compartiendo en común entrevistas con sus creadores, dueños del negocio y, en contados casos, a verdaderos competidores. La primera, producida por Seth Rogen y Evan Goldberg, pesos pesados de la comedia americana en la actualidad, revisa con bastante sentido del humor, como se podía esperar, la confrontación entre Nintendo y SEGA en la última década del siglo XX. Un amplio material y entrevistas a todos los implicados revelan no pocos secretos corporativos, estrategias osadas de mercadeo y el precio que pagaron por decisiones que cambiaron el rumbo del negocio. De verdad es de lo mejor que he visto este año, así que la pueden ver en HBO GO o en algunas de las repeticiones del canal. Por su lado, High Score no solo revisa ese episodio, sino que se da el lujo de ir más atrás y golpear la nostalgia ochentera al contactar y entrevistar a creadores de juegos como Space Invaders, Pac-Man, o los pioneros de los juegos de rol. En esa medida se convierte en un complemento ideal del documental de HBO para armar un viaje de casi cuarenta años de desafíos galácticos, torpezas creativas e incomprensibles disposiciones que sepultaron algunas buenas iniciativas. Capítulos de 40 minutos en promedio que se devoran de una sentada en Netflix. Tonny Pro 7, el productor audiovisual de los famosos Radicado en Miami, este joven realizador venezolano ha construido un nombre alrededor de su propuesta audiovisual. Antonio Chávez, su nombre de pila, ha sido consultado por diversas personalidades del ambiente artístico, deportivo o digital para retratar algunos de sus mejores momentos, por lo que lleva su vida profesional en medio de eventos o actividades donde captura la esencia de cada personaje que lo contacta. Mientras espera venir a Colombia pueden conocer su trabajo en su cuenta de Instagram: @tonypro7, seguirlo en Facebook en @tonypro7 o escucharlo a través de Spotify https://www.instagram.com/p/B6w7crBHlPN/

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¡Mochilero! Hoy quiero presentarle la historia de John Durango, un viajero y emprendedor paisa que, a pesar de tener una limitación física, nos enseñará que basta con tener una fuerza de voluntad enorme para lograr todo lo que se proponga. Tuve la oportunidad de formar parte de su logro junto con el grupo de viajeros de #NUESTRACHIVA y realmente, ver a alguien cumplir sus sueños es algo que te mueve mil fibras. ¡Bienvenidos!

¿Quién es John Durango?

[caption id="" align="aligncenter" width="600"]jhon durango Jhonsito en Curazao, uno de sus primeros destinos. Foto: cortesía[/caption] Un 21 de Septiembre de 1980 en Liborina (Antioquia) el Universo nos premió con un ser humano extraordinario. Nació alguien que se convertiría en un ser multi-talento, honesto, humilde y, sobretodo, con el alma llena de gratitud. John es, además, un hombre demasiado espiritual, que lleva las enseñanzas de la Virgen a todo lugar. De pequeño le fue diagnosticado distrofia muscular -causante de debilidad y pérdida de masa muscular-, sin embargo, esto no le ha impedido ser un verdadero ejemplo para todos los que lo rodean. Luego de enfrentar varios obstáculos de salud, la misma vida le dio un mensaje claro: "saldrás de esta". Así fue como creó su fundación Más allá de la distrofia y su emprendimiento Jhon Durango Accesorios. Ambos proyectos son su impulso para despertarse en el día a día.

Más allá de la distrofia

[caption id="" align="aligncenter" width="1495"]Jhon y su fundación Jhon y su fundación. Foto: cortesía[/caption] A través de su fundación John llena de felicidad el alma de otras personas que tienen su mismo diagnóstico. Gracias a talleres, seminarios, cursos y  terapias empodera la creatividad de los asistentes mientras los inspira a través de la inclusión. Asimismo, les transmite un mensaje de fe, de que sí es posible llevar una vida perfectamente normal: trabajando, viajando y cumpliendo cualquier propósito que se desee. Puede conocer su fundación aquí.

Jhon Durango Accesorios

Aparte de ser un líder social admirado por su comunidad, John tiene un emprendimiento de accesorios. Con la venta de bolsos, maletines y tulas, este paisa berraco se gana la vida y, a la vez, comparte su pasión con miles de personas: la moda y el estilo. Luego de 10 años de crear su marca, espera llevar su producto a diferentes comunidades que busquen un producto ideal para llevar al trabajo, hacer ejercicio e, incluso, ir de compras. Puede conocer su empresa aquí.

Guatapé: sueño cumplido

Luego de conocer un poco de la historia de John, uno de esos sueños que Jhon tenía pendiente por tachar en la lista era conquistar la cima de Guatapé. Luego de cinco visitas a este importante atractivo turístico, por fin esta meta estaba más que cerca. Lo que él no sabía era que su sueño se iba a cumplir a manera doble: volando en helicóptero y subiendo los 740 escalones que separan el suelo de la cima mística del morro.

Vuelo en helicóptero

[caption id="" align="aligncenter" width="960"]Jhon Durango John en los cielos de Guatapé. Foto: Juanito Viajero[/caption] Creíamos que una buena dosis de adrenalina era perfecta para John y sí, divisar el embalse desde el cielo infinito era lo ideal para él. El helicóptero era el medio elegido para semejante hazaña y nuestro pasajero estrella se emocionó a tal punto que una que otra lágrima cayó de repente. Sin lugar a dudas, se sintió como un verdadero astronauta por un rato, mientras contemplaba una de las vistas más hermosas del mundo desde lo más alto. [caption id="" align="aligncenter" width="944"]John Durango El cielo es el límite. Foto: Juanito Viajero[/caption] Por si fuera poco, uno de los viajeros de #NUESTRACHIVA se vistió de superhéroe para hacer un letrero imponente con la frase John, el cielo es el límite, con el fin de que mientras disfrutaba del vuelo en helicóptero, John se llevara este mensaje en sus adentros, y se logró.

Subida de los 740 escalones

[caption id="" align="aligncenter" width="640"]John John contemplando el Embalse de Guatapé. Foto: Expreso Mochilero[/caption] Luego de un increíble vuelo en helicóptero, John creía que las sorpresas se habían acabado -tema que tuve que mantener discretamente, ya que el joven trataba, en cada llamada, de sacarme algún tipo de información-. Sin embargo, no contaba con que allí, junto con él, habían personas dispuestas esta vez a llevarlo a la cima del morro de Guatapé para así disfrutar de semejante vista, como él tanto soñaba. Fue así como luego de 740 escalones, relevos, gritos de apoyo y energía increíble, logramos que este viajero, emprendedor y ser único, y luego de 5 visitas, por fin pudiera disfrutar del embalse de Guatapé en todo su esplendor.
Verlo divisar el imponente embalse de Guatapé es una sensación que siempre se guardará en los adentros de todos los que estuvimos allí con él. A nivel personal pienso que dejar huella en las personas debería ser nuestra misión todos los días, bien sea desde un gesto, una sonrisa, un apoyo en lo que podamos; para eso vinimos al mundo, para ser un instrumento en la vida de los demás.
"Pies para que los quiero si tengo alas para volar" - Frida Khalo
¿Qué le pareció la historia de John Durango? Todo un ejemplo de superación, resiliencia y ganas de comerse el mundo a pesar de la adversidad. Siempre la fuerza mental es más grande que la física, y qué mejor si ésta va acompañada de las personas con las que coincidimos en el día a día. Gracias a todos los que formaron parte de esta hazaña, de este sueño cumplido de un maravilloso ser humano que, desde su valentía, se ha ganado un lugar en nuestro corazón. Nos leemos pronto. Leo Carrillo - Bloguero de Viajes | EL TIEMPO | @expresomochilero

12 Comentarios
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  1. El rock tiene el mismo destino como la musica disco. Tuvo su aparicion a finales de los 60s su auge a mitad de los 70s con su emblematico grupo bee gees y su estilo de musica repetitiva pero fue quienes popularizaron a nivel mundial ese genero, su decadencia fue a inicios de los 80s porque otros generos musicales mas modernos comenzaron s ganarle terreno, la musica disco trata de reinventarse en techno, el rock es como lo dije muy similar sus inicios son en los años 60 elvis presly lo popularizo y con los beattles se hizo masivo, en los 80s se reinvento con un sonido mas pesado y nacieron subgeneros con bandas de renombre mundial conocidas como rock de estadio, en los 90s fue que alcanzo su cuspide con nirvana con el grunch, el vestuario, tuve la oportunidad de escuchar a bandas como limp bizkit linkin park foo fighter blink 182 papa roach entre otras a finales de los 90 los backstreetboys nsync y la onda pop empezaron a imponerse y aprox en el 2003 empezo su verdadera decadencia, al igual que mi papa recuerda con nostalgia su era disco yo tambien recuerdo mi era rock pero tambien ambos coincidimos que tanto disco y rock solo viviran en el recuerdo y no creo que regresen a estar de moda. Solo queda vivir el presente…saludos

  2. sergiomartelli883416

    Colombianos- un consejo. Usen las bandas anglosajonas como muetras o ejemplos, pero no intenten ser los Led Zeppelin del subdesarrollo. En serio. No solo que quedarian ridiculos, sino que el fracaso seria un tatuaje permanente. EN Nueva York existian varias bandas que intentaban ser “pesados” como Led Zep, o “britanicos” como Copia Estereo, digo, Soda Stereo. Sin duda, nunguno de Uds. puede nombrar ni siquiera UNA banda de estas. Pasaron para el olvido, y ni para el recuerdo.
    Las bandas mexicanas o argentinas, o chilenas o colombianas – todas que se pueden contar con una mano y sobran los dedos, existieron y perduraron por dos razones importantes: (1) Las canciones eran BUENAS – aunque los odies y (2) Usaron a los gringos como inspiracion, pero no como modelo a seguir ciegamente. EL primer disco del grupo chileno La Ley, suena como una copia exacta de Talk Talk, hasta la voz! El cantante de Mana suena como el doppelganger de Sting (The Police), [pero el resto… Copia Estereo copiaba casi nota por nota, arreglos y temas de otros – pero en esa epoca -pre-internet, quien se hubiera enterado no?
    Vean como lo lograron Aterciopelados, y aprendan, pero no copien exactamente, su modelo.
    Una ultima cosa: Jevis, replicas de Soda, vallenateros, ya sobran, y peor aun – aburren. No son modelos para imitar.
    Lo que ve a pegar en el futuro aun no se ha inventado – A inventar se ha dicho!!
    Eventualmente, hasta los colombianos se van a cansar de la mierda de Nirvana y Green Day – que no aportan NADA a tu vida ,por mas que lo intentes.

  3. sergiomartelli883416

    Hay muchas menciones de grupos anglosajones, bla bla bla, que en Colombia pergaron, que no pegaron, etc…en realidad, who gives a flying fuck? Colombia TENIA bandas/artistas que la pegaron bien fuerte internacionalmente, pero, como el, 5-0 que le metieron a Argentina en su propia cancha, no supieron mantener el impetus, y desperdiciaron, como buenos argentinos, aun OTRA oportunidad que Dios les mando para que salgan de la miseria, prefiriendo vivir del recuerdo y de la obra de generaciones pasadas. ATERCIOPELADOS – Banda iconica, lideres, amos, gran orgullo para Colombia, desde el principio, pero culminando con “LA Pipa De La Paz”, se sintieron obligados a sacar discos cuando los temas aun no habian madurado lo suficiente – como XTC con Oranges & Lemons – albums de 2 LPS, que, pasados los primeros 3 temas del lado 1, disco 1, el resto era una mierda. Sacaron 2-3 discos, y Andrea Echeverri un par de solistas, con escaso exito. No solo las disqueras apostaron a no apoyar, sino que permitieron lanzar discos inferiores de calidad a los anteriores. A mi no me importa si lo grabaron en el famoso Abbey Road de Londres, o en la panaderia de Pepe cuando no estaban horneando arepas el martes al mediodia. Simplemente, sea por apuro por parte de la disquera, de los acreedores, o por falta de inspiracion, los discos posteriores a LPDLP fueron una mierda total. Ekymosis era y siempre sera una mierda, pero Carlos Vives, tambien la pego fuertisimo con La Gota Fria y La Tierra Del Olvido… pero despues… mierda!! No conozco mas bandas colombianas en este momento, pero estoy seguro que fans colombianos sabran mucho mas que yo – hubieron bandas que en algun momento de los ’90 eran una revelacion y un optimismo al futuro – pero despues por falta o por demasiado exito y apoyo, se fueron a la mierda. Hay un balance en el cual existe la suficiente cantidad de fracaso y exito, depresion y optimismo para sacar discos buenos y duraderos. El pasarse a un u otro extremo es nocivo.

  4. rickiwarrior

    Sin los artistas noventeros que continúan activos, el panorama musical sería bastante triste y decadente. Los noventas viven en todos los que crecimos en la época quienes no cambiamos los clásicos por nada nuevo y cada día que pasa más confirmamos esta convicción. Algo romántica la postura, pero así es.

    Ahora, en la segunda mitad de los noventa también trajo sus desgracias, como el auge del nu metal y tanta basura que aprovechó la coyuntura de la desaparición del underground.

    Ahora, el bar de rock siempre nos lo quedarán debiendo. Alguna vez en Abbot y Costello sentí que estaban haciendo una gran selección musical, pero nada del otro mundo. Siempre hits, siempre los sencillos que sonaron en radio. La mejor prouesta de DJ de rock se la escuché a Bogotá Soul Club, pero ellos no ponen música noventera sino más vieja. Recomendado.

    Por cierto, para los nostálgicos de los noventa, los invito a seguir el blog EsUnaTrampa. Este 2015 estaremos revisando algunos de los mejores álbumes del 95 que ahora cumplen 20 años. Flipemos juntos con tanta maravilla que se hizo en ése año

    Salud.

    Ah, y vamos Séptimo Aposento!

  5. yovani.gaviria.1

    En Medellín la onda noventera nunca cogió fuerza, o si, pero no pasaba de Nirvana o de Green Day, las emisoras no difundían mas allá de eso y los que nos gustaba el grunge nos teníamos que rebuscar otras bandas con amigos o contactos de USA.A mi personalmente me atrapó el sonido de Candle Box, Live, Better than ezra…en fin. Y en cuanto a bares también graves, no se pasaba se dos ahí en la 33, Vértigo y Montreaux. Que linda época fue los 90 musicalmente.

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