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Del tradicionalismo ignorante, al mercadeo de la fé.
Por Esteban Alvarán Marín
Como se sabe, Colombia surge como una nación independiente luego de su emancipación del poder español que controlaba sus tierras, su gente y sus recursos.
Pero, aunque muchos habrían querido lo contrario, la influencia cultural española  del siglo XIX logró una tergiversación de los imaginarios de quienes han habitado y hoy en día habitamos el territorio colombiano. A ellos debemos  mucho de lo que actualmente constituye nuestras vidas.
Vestimenta, armas, viviendas, conocimientos, entre muchos otros detalles que vinieron a imponer, y que nuestra gente indignadamente recibió, para adoptarla con el fin de recomponer nuestra cultura. Comprendiendo las consecuencias o no, igual lo lograron. Pasamos de nuestra naturaleza india, a una híbrida sociedad de inconscientes y materialistas. 
Pero, tal vez una de las herencias españolas que el colombiano más ha sabido apreciar, fue la religión. Claro está, antes de la colonización los pueblos indios de los que venimos adoraban la naturaleza, y la consideraban, elemento por elemento, como algo divino y digno de apreciar. No estaban exentos de la necesidad humana de atribuirle a un ser superior, los fenómenos a los que no daban explicación. Fue entonces cuando la religión cristiana  católica llegó a nuestras tierras para convertir al pueblo, castigar los rebeldes y quedarse para siempre, o al menos hasta los tiempos contemporáneos.
La religión católica fue de lo único que no nos independizamos. Incluso, no bastó con dejarla sobrevivir en la nueva nación, sino que además la incluimos en nuestros procesos administrativos y políticos. Durante más de un siglo, en Colombia no se tomaba una sola decisión, sin el consentimiento previo de la institución religiosa. Ya entrados en la época moderna, obispos y cardenales aún seguían intercediendo en las decisiones económicas y sociales que implicaban al país. Además, por ejemplo hasta hace pocos años la Iglesia levaba mejores registros de nacimientos y muertes en Colombia, que el mismo Estado.
Pero es un aspecto de nuestra historia que a nadie se le puede condenar. Realmente la mayoría de Estados europeos, por ejemplo, mantenían el manifiesto eclesiástico como uno de los más importantes para el desarrollo de sus sociedades. Para el ámbito político era imposible  proseguir, ni muchos menos ser pro activos sin el permiso divino, el de Dios.
Sin embargo, tanto en Europa como en Colombia (en momentos distintos)  la secularización hizo sus efectos. Con el desarrollo industrial y los grandes avances científicos, junto a un capitalismo salvaje, carente de cualquier tipo de ética, al que no le importa los medios con tal de llegar a su fin, el hombre moderno comenzó a entender que no todo dependía del designio de un  Dios, ni de sus supuestos portavoces (la Iglesia).
La institución católica comenzó a perder terreno, en un país que a partir de la segunda mitad del siglo XX empezaba a prepararse para el neoliberalismo económico que hoy nos acoge.  Por supuesto que, aunque fuera del poder político (del Estado), la Iglesia no perdería su poder sobre las masas,  es decir sobre la nación.
Y es que no tenía cómo perder a sus feligreses. La sociedad colombiana, incluso hasta hoy, conserva una cultura de fé, en la que nada pasa o deja de suceder, si no es un deseo del gran “señor”. Tengo que hacer la aclaración para no entrar a generalizar, con lo anterior hablo de la mayoría; sin lugar a dudas una porción pequeña de ésta sociedad cree en la ciencia, en sí mismo y en sus capacidades para lograr con éxito sus objetivos.
EL fenómeno que se pretende investigar y analizar en este escrito, es el que hace alrededor de tres décadas comenzó a hacerse evidente: posterior al proceso de secularización en Colombia, en los años 70’s surge un lento re-afianzamiento del sentido religioso de la nación. Pero lo más raro aún, el fenómeno surge con otros protagonistas diferentes a la iglesia católica: la llegada del protestantismo, los pentecostales y la gestación del neopentecostalismo.
Bien lo describe William Mauricio Beltrán, sociólogo de la Universidad Nacional, en la introducción que da al informe de su investigación ‘De la informalidad religiosa a las multinacionales de fé’ : “En Colombia especialmente en las tres últimas décadas se ha dado un cambio religioso que algunos autores han optado por llamar ‘mutación religiosa’; grandes multitudes han abandonado los caminos de la tradicional iglesia católica optando por nuevas formas de fé”.
Es indiscutible que la cantidad de feligreses que hoy tiene la iglesia católica en Colombia es muchísimo menor a la que estaba acostumbrada a tener, a través de la cultura conservadora y tradicionalista que ya tanto hemos perdido (¿bueno o malo? Juzgue usted),
Lo anterior se debe a una serie de características en la doctrina del Vaticano, que dada su antigüedad se han  desactualizado de la verdadera realidad de nuestra sociedad colombiana. Y su administración es conciente de ello y también comprende a la perfección los altos márgenes de deserción entre sus fieles, que están enfrentando. “En diez años hemos experimentado un descenso del 10% en el número de católicos”, admitió Monseñor Fabián Marulanda López, Secretario de la conferencia episcopal de Colombia, en una entrevista con la Revista Cambio .
Aunque la  cantidad de seguidores del catolicismo esté disminuyendo a pasos agigantados, no pasa lo mismo con la cantidad de personas religiosas. Se podría decir sobre éste última, que es una constante que muy poco ha variado en la actualidad y que si ha cambiado de alguna forma, lo ha hecho creciendo, gracias al aumento de población en urbes y otros aspectos que posteriormente describiré.
Quiere decir entonces, que los religiosos están cambiando de iglesia. Grandes cantidades de personas se han ido convirtiendo a otras creencias e imaginarios, aterrizando en el movimiento religioso que colme sus necesidades espirituales, comparta sus cosmogonías y satisfaga sus deseos metafísicos.
A través de las estadísticas, se logra establecer que las iglesias a las que están llegando todos estos feligreses colombianos corresponden, en su gran mayoría, a movimientos de tendencia protestante, incluyendo las pentecostalistas, las milenaristas y las adventistas.
¿Por qué se aburren de la iglesia católica? ¿Por qué eligen iglesias protestantes para congregarse? ¿Por qué se siente mejor en iglesias más radicales que en la tradicional?  ¿Cuál es el secreto de atracción de fieles, que ponen en práctica las iglesias alternas? ¿Hacia dónde se dirige el catolicismo en Colombia?
Guiándonos por el concepto contextual que se logra entender, a través de la alimentadora entrevista realizada al sociólogo colombiano Fabián Sanabria (publicada por LA LUPA en esta misma edición), en donde queda claro que los colombianos pertenecemos a una cultura completamente permeada por la religión, en ámbitos como el político y el económico, se puede pensar que no sólo hubo un ‘amangüalamiento’ (como él mismo llama al fenómeno) de nuestro Estado con la religión, sino también de nuestras metas y objetivos como sociedad, con las creencias intrínsecas al catolicismo.
Quiere decir que verdaderamente como sociedad estamos constituidos con un alto nivel de imaginarios y cosmogonías, pertenecientes a la creencia popular de la existencia de un ser supremo que nos creó con un fin determinado, que venimos a cumplir en vida. Pero más allá de eso, concebimos en nuestra cultura una serie de comportamientos y juicios aceptados, de alguna manera u otra,  por la misma institución religiosa, que encabezó nuestro crecimiento ‘espiritual’.
Sin que existiera un consenso, y con una experiencia muy ‘biche’ en términos de comportamiento y evolución social, aceptamos sin pero alguno las doctrinas que la misma religión aseguraba transmitirnos directamente desde un dios.
Lo anterior provocó un choque de trenes, cuando la sociedad colombiana tuvo que empezar a secularizarse en el siglo XX.  Desde el mismo debate, que tantos años hemos presenciado en el ámbito político, conservadores y liberales empezaron un enfrentamiento de ideales, entre los cuales, por supuesto, encontramos el de la participación de la iglesia católica en las decisiones de Estado. Conservadores a favor y liberales en contra.
En el momento en que la iglesia católica encuentra en Colombia un servidor político a su beneficio, decide casarse por obvias razones con dichos ideales ‘godos’, conservadores o como se les quiera llamar. Y no sólo ha ocurrido en Colombia. Fue un movimiento estratégico del Vaticano en la mayoría de países donde se encuentra su influencia, con el fin de salvaguardar su poder. Razón por la cual, muchas de las doctrinas de la misma iglesia no han evolucionado, e incluso como lo afirmó el sacerdote Luis Angel Cuenca, perteneciente a la Arquidiócesis de Bogotá,  “no se han actualizado” a la sociedad moderna en la que nos encontramos.
Por otro lado, esa cultura de atribución a un supuesto ser supremo de todas las cosas que el hombre no daba explicación, nunca ha abandonado la sociedad colombiana (por sólo entrometernos con el país que nos compete). Siempre hemos tenido tabús y siempre hemos conservado el ideal de una influencia superior a nuestras capacidades en nuestras mismas vidas. Incluso mucho antes de que la iglesia católica llegara en el período de la colonización a nuestras tierras, para convertir a nuestros hombres.
Los indígenas tenían no solo uno, sino muchos dioses. Cada cosa que por ciencia no entendían cómo era que funcionaba, se la atribuían a un ser supremo. Los ríos, la lluvia, el sol, la luna, etc. Y hoy pasa exactamente lo mismo. Con la gran diferencia de que hoy contamos con una ciencia bastante avanzada, que sí es capaz de explicarnos muchas cosas.
Pero sólo existen dos cosas que la ciencia no ha podido resolver: la creación de la vida y la muerte misma. Es por eso, que como seres humanos que somos, tenemos la misma necesidad milenaria de buscarle una explicación no forzada, pero a la vez facilista, que nos permita convencernos de algo y dejar de preocuparnos. Es ahí cuando la religión llega y nos dice que ella si tiene la solución al problema.
Por eso, mientras de manera científica la humanidad no logre sacar una conclusión refutable y seria sobre esos dos paradigmas existenciales, la religión siempre va a tener su pedazo en nuestras vidas. Y de hecho, no se debe satanizar las religiones. Ellas tienen una función especial de “dar sentido a la vida de sus fieles”, como lo explica Sanabria, y lo hacen muy bien. Mientras la persona viva convencida de cuál sería su camino después de la muerte, así sea verdadero o falso, va a poder continuar con su vida de una manera alegre y sin preocupaciones.
Además las religiones proporcionan algo que es imprescindible en cualquier sociedad. Transmiten valores. Está comprobado que las personas no sienten respeto por las leyes que un Estado les impone, incluso sabiendo cuál sería la represión de no cumplirlas, pero a lo que sí le tienen miedo es a romper las normas que consideran divinas. Es por eso, que uno ve a ladrones o sicarios, que luego de cometer sus delitos van y se confiesan ante un sacerdote para quedar en paz.
Entonces, como sociedad, así usted sea creyente o no, debe respetar las religiones. Nos dan mucho que no sabríamos reemplazar.
Volviendo al tema que nos concierne, esa desactualización de la iglesia católica que desde hace algo más de treinta años se volvió evidente, fue aprovechada por otras creencias alternas, para captar mayores seguidores y, por lo tanto, mayores recursos y poder.
Se aprovecharon de ése pensamiento pasivo de la iglesia católica para con creatividad y mucho de marketing, convencer a los antiguos tradicionalistas, de que ellos son quienes tienen la verdad.
Como se puede comprender en la crónica ‘Cristianismo Renovado’, publicada en en ésta misma edición de LA LUPA, las ceremonias aburridas, serias y tranquilas de las liturgias católicas, fueron reemplazadas por sermones con gritos, chistes y música pesada muy moderna, que indiscutiblemente resultan mucho más atractivas para el ser humano. Y son cambios que la iglesia católica, aunque se encuentre limitada por los pensamientos ultraderechistas del Opus Dei, es conciente de que hacia allá es donde debe ir.
Y una prueba de la gran aproximación de la iglesia  a adoptar lo que otras confesiones le han enseñado, es por ejemplo la creación de su canal de televisión, ‘Cristovisión’. Que la iglesia católica tuviera un canal era algo que nunca se imaginó el poder eclesiástico. Eso fue algo que sólo las iglesias pentecostales comenzaron a hacer, para masificar sus creencias.
Aunque, con respecto al anterior párrafo, se debe aclarar que ésas decisiones no fueron tomadas por el benigno ideal de llevar la palabra de dios a la cantidad más grande de personas posible. De eso no se trata. Tal cosa no es más, que una estrategia mundana de marketing, del que son especialistas las iglesias protestantes en Colombia y el mundo, y del que hasta ahora, la iglesia católica está comenzando a aprender.
Los auditorios impactantes, la decoración atractiva, la vestimenta de los pastores, la música moderna, los regalos que le hacen a los principiantes, las transmisiones de milagros a través de emisoras de radio y televisión, son todas, puras herramientas de mercadeo, que buscan aproximar la religión a las experiencias personales, para captar no sólo muchos más fieles, sino también segmentos sociales que antes se habían apartado de la religión, como los juveniles.   
Si uno se pone a analizar cualquier religión todas tienen una estructura organizacional, que funciona como cualquier empresa  en el mundo capitalista. Hay sistemas de gobierno episcopal, como el de la iglesia católica; gobierno presbiteriano, propio de la iglesia presbiteriana; gobierno congregacional, utilizado por iglesia como la ‘Bautista’ y los ‘Discípulos de Cristo’ en Bogotá; y una gran cantidad sin nombrar .
Es decir, todo es un negocio.
Aunque como lo afirma William Mauricio Beltrán en su escrito ‘De la informalidad religiosa a las multinacionales de la fé’, no se puede pensar que las iglesias son estafadoras. Algunas, quizás muy pocas, sí aprovechan los recursos de sus seguidores para ayudar al prójimo y cumplir con sus doctrinas de fé.
Esteban Alvarán Marín
Periodista LA LUPA
estebanalvaran@gmail.com
Fuente Fotografía: Revista Cambio. http://www.cambio.com.co/portadacambio/718/IMAGEN/IMAGEN-3499478-2.jpg
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Director ejecutivo de Clout, agencia de influence marketing. Más de diez años de experiencia en consultoría de opinión pública y manejo reputacional para empresas en Colombia y Ecuador.

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  1. La civilización occidental surge después de la caida del imperio romano de la mano del Catolicismo. Fue el movimiento Benedictino y su regla de oro: Ora et Labora la fuerza que forjó hombres y mujeres de Verdad. Si bien es cierto que ahora vivimos en la tribulación esto es necesario para que la grandeza de la Iglesia y su proyecto: El Reino de Dios en la tierra, surja definitivamente en forma gloriosa como fruto de la renovación de la Humanidad apayada en sus tres columnas fundamentales: La Escritura, La Historia, El magisterio y todos ellos iluminados por la solmne presencia de Pentecostes. Entonces todos subirán de nuevo a la Nave de Pedro

  2. Gracias a la religion catolica, todos los paises en donde hace presencia son los mas atrasados del planeta y es logico porque un mandato de esta religion es obligar a sus feligreses a mantener la fe y como se hace? entre mas ignorante sea usted, mas se le aumenta la fe.

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