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Miguel Hernández por Antonio Buero Vallejo

Retrato de Miguel Hernández dibujado por Antonio Buero Vallejo en 1940 cuando coincidieron en la cárcel Conde de Toreno

Al tiempo que Miguel se dedica a cuidar ganado empieza a crecer en él la poesía. Tiene 14 años y su padre, a pesar de que Hernández es un alumno aventajado, lo ha retirado del colegio para obligarlo a trabajar, en su opinión de comerciante y ganadero el joven ya está en edad de producir. Al muchacho le quedan entonces las noches, en ellas empieza a escribir sus primeros versos, también a leer, a escondidas por supuesto, los libros que le prestaba Don Luis Almarcha, canónigo de la catedral de Orihuela por aquellos días y a la postre uno de sus grandes amigos.

Autodidacta y entre cabras recorre sus días Miguel hasta que se topa con “La tertulia de la tahona”. Etapa en la vida del poeta que ha generado una disquisición odiosa y que solo atañe a los estudiosos que se pelean al respecto de cuánto tiempo duraron aquellas reuniones, cuántas personas asistían a ella y si se pueden denominar “tertulia” o no.

La historia cuenta que lo que allí pasaba era esto:

«Solíamos reunirnos por las tardes en el alcabor —estancia situada sobre el horno, donde disponían el pan sobre paños de madera para la leuda [fermentación]—. Se estaba muy calentito y nadie nos molestaba. Nos reuníamos allí porque yo no podía ausentarme. Además, Sijé era novio de mi hermana. […] Allí leíamos nuestros versos en voz alta, los discutíamos, comentábamos libros de poesía, contábamos chistes y tomábamos tortas de pan y aceite […]. Miguel llegaba en mangas de camisa y se ponía a cantar “El café de Chinitas”» (Palabras de Carlos Fenoll reproducidas en el libro “Oficio de poeta. Miguel Hernández” de Eutimio Martín. Aguilar 2010)

Tertulia o no, lo cierto es que Miguel Hernández se conoció allí, y trabó una estrecha amistad, con Carlos Fenoll y José Ramón Marín Gutiérrez, más conocido como Ramón Sijé. En esta tahona se fraguarán los primeros textos que el poeta publica en periódicos locales y nacerán incipientes los que, luego de su primer fracaso en Madrid donde le llamaron en tono medianamente despectivo “el poeta pastor”, terminarán encontrando forma en su primer libro: “Perito en lunas”, publicado el 20 de enero de 1933 por gracia de Don Luis Almarcha e impreso en los talleres “La Verdad” de Murcia bajo el cuidado editorial de Ediciones Sudeste.

Es justamente en Murcia, en un viaje que atañe al trabajo propio de la edición de su primer libro, donde Miguel Hernández se conoce con Federico García Lorca. En este primer encuentro acontece la conocida anécdota que a continuación les referiré: al ser presentados por Raimundo de los Reyes, editor de Hernández, Miguel no puede evitar leer unos poemas a manera de homenaje a su poeta admirado. Una vez ha terminado García Lorca elogia los textos que acaba de escuchar. Es entonces cuando Hernández dice: ¡Ya soy el primer poeta de España! Expresión que obliga a Federico García Lorca a contestar prontamente: Hombre, no tanto, no tanto.

Casi un año después de su primer encuentro vendrá un intercambio de cartas entre estos dos poetas que pondrá fin a su amistad. La cuestión se da porque presa de la ansiedad, y recordando las palabras de García Lorca en la oficina de su editor, Miguel Hernández no entiende por qué nadie habla de su libro, ni siquiera el mismo Federico que tenía en buen concepto los textos y ya se lo había expresado. Hernández le escribe pues para pedirle el favor de que le de un espaldarazo a “Perito en lunas”, pero la respuesta que obtiene de García Lorca es que su libro es tan bueno como cualquier otro primer libro y agrega: “Escribe, lee, estudia. ¡LUCHA!” Los dos poetas no se volverán a hablar y en el transcurso de sus vidas cada vez que coincidieron en un evento García Lorca hizo lo imposible por evitar a Hernández.

Sin embargo, vale la pena comentarlo aquí a manera de curiosidad, la última relación que se da entre estos dos poetas sucede en marzo de 1940, justamente cuando Miguel Hernández es condenado a pena de muerte. Resulta que por aquellos días José María de Cossío y algunas otras personas, entre ellas Don Luis Almarcha, logran que el Ministro del Ejército se entreviste con Franco y le exponga el caso de Hernández, tras escuchar los argumentos Franco solo atina a decir una cosa: Otro García Lorca, ¡no!

La condena del poeta fue conmutada entonces por la inmediata inferior: 30 años de cárcel. Convendrán conmigo en que de alguna extraña manera Federico García Lorca terminó evitando la muerte por fusilamiento de Miguel Hernández.

PortadasLibrosMiguelHernández

Retomemos. En 1936, el mismo año en que estalla la Guerra Civil Española, aparece el segundo libro de Hernández el cual es considerado por muchos su obra maestra: “El rayo que no cesa”. El último poema de ese libro, “Elegía”, está dedicado a Ramón Sijé, su gran amigo que había muerto el 24 de diciembre de 1935 con apenas 22 años, y en él se incluye el verso que le da título al presente texto: “En mis manos levanto una tormenta / de piedras, rayos y hachas estridentes / sedienta de catástrofes y hambrienta.”

El miércoles 23 de septiembre de 1936 es el día en el que Miguel Hernández se enlistó como voluntario en el Quinto Regimiento del Ejército Republicano. Por su condición de poeta muy pronto lo pasaron a la Décima Brigada que era conocida como “El batallón del talento” y cuya misión era hacerle publicidad a la causa. En este periodo se empieza a gestar su tercer libro: “Viento del pueblo”.

Varias cosas llaman la atención de “Viento del pueblo”. Por ejemplo, por vez primera un subtítulo acompaña al título: “Viento del pueblo. Poesía en la guerra”. La edición del libro, que salió publicado en el verano de 1937 bajo el cuidado editorial de Ediciones Socorro Rojo, incluye dieciocho fotografías que acompañan los poemas y que ilustran el dolor de la guerra (se especula que estas fotografías pudieron ser tomadas por Tina Modotti). Finalmente quizá sea éste el libro en el que Hernández plasma en la práctica su idea sobre el poeta. En una copia que le regala a Vicente Aleixandre se puede leer la siguiente dedicatoria:

“Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida, de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo.”

Los poemas escritos por Miguel Hernández desde 1938 hasta el día de su muerte se reunirán en dos libros que aparecerán de manera póstuma: “El hombre acecha” reúne los textos escritos entre 1938 y 1939, pero su publicación se dará solo hasta 1981. “Cancionero y romancero de ausencias” reúne los textos escritos entre 1939 y 1941 durante su estancia en diferentes cárceles. Cronológicamente es su quinto libro pero resultó ser el cuarto publicado tras su aparición en Argentina en el año de 1958.

Luego de su muerte, el 28 de marzo de 1942, la figura del poeta será proscrita y habrá que esperar hasta finales de los años 80 para que su obra pueda ser difundida tranquilamente. Quizá fuera esta prohibición la que impulsó a muchos cantautores a salvar del silencio la obra de Hernández musicalizando varios de sus poemas.

Paco Ibáñez, Enrique Morente, Vicente Montera, Jorge Cafrune y Joan Baez son algunos de los artistas que contribuyen en esta difusión, pero quizá la voz más recordada por todos nosotros sea la de Joan Manuel Serrat que le dedicó dos discos enteros: “Miguel Hernández”, lanzado en 1972 y que incluía diez temas, y el realizado para el centenario del natalicio del poeta en el 2010: “Hijo de la luz y de la sombra”, que presenta trece temas nuevos.

Y así Miguel Hernández se convirtió en viento del pueblo y burló la triple censura: la de su padre, la de su época y la de la muerte. Es muy posible que no lo hayamos leído, pero de canto en canto seguramente más de uno de nosotros nos sabemos sus poemas: “Llegó con tres heridas”, “Menos tu vientre” y “Para la libertad”, son apenas tres de los que se me ocurre en este momento que la mayoría nos sabemos.

Les dejo este excelente documental en caso de que quieran saber un poco más del “Poeta Pastor”

***

Escuche Los Impresentables Radio, nuestra primera emisión está dedicada a Miguel Hernández. (Pueden escucharnos todos los miércoles a las 12:30 del mediodía, con repetición a las 12:30 de la medianoche, o pueden escuchar los podcast del programa)

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PERFIL
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Poeta, editor, coordinador de talleres literarios. Autor de Tintasangre (Casa de Poesía Silva 2003). Fundador de la experiencia literaria alternativa Los Impresentables. Director del Taller de Poesía Ciudad de Bogotá, adscrito a la Red Nacional de Escritura Creativa: RELATA, del Ministerio de Cultura de Colombia. Aparece en las antologías: Desde la luz preguntan por nosotros – entrega I (Fundación Pablo Neruda 2021) Escritores que cuentan – tomo II (Universidad Central 2018); Antología Relata (Ministerio de Cultura de Colombia 2016); El pinta monstruos de mar y otros cuentos (Universidad Central 2011) y Antología del poemario perdido en la geografía venezolana (Fondo Editorial Teatro de Venezuela 2007) Textos, reseñas y artículos suyos han sido publicados en revistas como: Golpe de Dados, Revista Casa de Poesía Silva, Ulrika, Cúpula, Águilas y Moscas y Otro Páramo –en Colombia-; La Jornada Cultural y Círculo de Poesía –en México-; Nuevo Amanecer –en Nicaragua-; Sujeto Almado y Letralia –en Venezuela-; El Amanecer –en los Estados Unidos-.

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