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Por: Tatiana Jaramillo

Con la presencialidad respirándole en la nuca a muchos ante la reactivación económica que se ha puesto en marcha, entran en contraste dos conceptos que han hecho parte de nuestro lenguaje con frecuencia desde que empezó el aislamiento a causa del covid-19 en marzo de 2020: ‘‘Volver a la normalidad’’ y ‘’la nueva realidad’’, y con ellos se derivan dos modalidades laborales: la presencialidad y el teletrabajo. Lo que nos hace preguntarnos, ¿ahora qué nos deparan las nuevas medidas decretadas frente al ejercicio de nuestro trabajo?

El covid-19 con las medidas adoptadas para evitar riesgos y el incremento de contagios nos obligó a dar un salto tecnológico, acelerando nuevas realidades inminentes con las que estábamos rezagados y ante las cuales pienso que no debería haber retorno: pagos y transacciones digitales, trabajos que está demostrado que se pueden hacer desde la casa, reuniones virtuales que permiten optimizar el tiempo y el gasto en desplazamientos.

La normalización del teletrabajo como una práctica laboral popular en nuestra sociedad marcará la historia de esta época como un punto de quiebre que determina un antes y un después en la forma de trabajar y producir, tal como lo fue la invención de la máquina de vapor y su implementación masiva para cambiar el modelo productivo en la revolución industrial.

El teletrabajo se convirtió en una opción como excusa del covid, pero con el panorama que va a requerir “retornar a la normalidad’’ muchos trabajos volverán a exigir la presencialidad, pese a que a la fecha (22 de junio de 2021) nos encontramos con el más alto índice de contagios y muertes desde que empezó la pandemia en el país.

Irónico, el 18 de abril de 2020 había 75 casos positivos y las medidas eran excesivas para la contención. Hoy, más de un año después, nos dimos cuenta de que el estallido social y la crisis económica como consecuencia de las medidas preventivas implementadas ante la pandemia eran peor incluso que contagiarse, pues solo un 14 % de quienes padecen covid-19 desarrolla síntomas graves, como lo indicó la OMS y la tasa de letalidad en Colombia es solo del 2,5 % de los contagiados.

La salud es vida, pero la economía también lo es, la cual se afectó con los cierres y límites de aforos en varias actividades que no se podían desarrollar remotamente. El teletrabajo se encargó de garantizar la supervivencia física de muchos trabajadores salvaguardándolos del riesgo de contagio que implica desplazarse en transporte público o de convivir con varias personas en espacios pequeños, así como la supervivencia económica de muchas empresas que sí pudieron adaptarse al desarrollo de sus actividades virtualmente. Eso dentro de la cara positiva.

Pero, mientras el teletrabajo ha sido una alternativa muy positiva para personas como yo, encargadas de labores de cuidado de pacientes en condiciones de discapacidad o de quienes se están estrenando como papás y quieren compartir tiempos con sus bebés, porque facilita el desarrollo profesional, mientras brinda la posibilidad de cercanía, para otros tantos se ha convertido en una condena en la que se les ha invadido el Oikos, su espacio íntimo de descanso, para adaptarlo en el lugar donde se vive, se convive, se entretiene y se trabaja.

Es importante tener en cuenta que muchos colombianos no cuentan con una vivienda con espacios aptos para que los distintos miembros de una familia puedan estudiar y trabajar cómodamente durante todo el día, porque viven en espacios insuficientes en los que se aglutinan más de 4 personas tratando de adaptarse a la ‘‘nueva realidad’’, esa que parecía un futuro lejano y caricaturesco como en los Supersónicos, pese a que en este país la realidad de muchos se parece más a la de los Picapiedra, debido a la falta de electricidad, conectividad, acceso a un computador o móvil y hasta a la carencia de muebles para el desarrollo de actividades académicas y laborales como sillas, mesas o escritorios que permitan trabajar o estudiar cómodamente y mucho menos que cumplan con las normas de salud ocupacional.

Sumado a estas condiciones deplorables de infraestructura y estructuras para el teletrabajo en nuestro país, por lo menos ese que sigue siendo rural y abandonado, estar 24/7 en casa juntos, por ejemplo, puede terminar siendo hostigador para una pareja, sin contar que para ciertas familias se eleva la probabilidad de que el hogar se convierta en un espacio de violaciones y maltrato. Tan solo en mayo se reportaron ante las Comisarías de familia de Bogotá 1.904 casos de violencia intrafamiliar y la cifra total en el país entre enero y abril de 2021 llegó a 36.185, según reporte de la Policía.

Volver a la  ‘‘normalidad’’ en medio de la nueva realidad nos llevará a sopesar impactos positivos y negativos en nuestra vida cotidiana: vivir todo el día sumergidos en pantallas sin socializar más allá de un chat, con nulo contacto humano entre compañeros de trabajo o de clase, sin ver ningún paisaje real distinto al de nuestras redes sociales y con una vida sedentaria en donde tal vez lo más lejos que nos desplazamos es a la cocina o cuando estamos de buenas a la portería o al shut de basuras; quienes tengan mascota, quizá, con el paseo matutino a algún parque.

Esclavos de una sobrecarga laboral debido al tiempo que resta el exceso de reuniones que se vuelven ineficientes para delegar funciones o explicar tareas; con unas condiciones anímicas a veces no muy buenas que genera el aislamiento y con el riesgo aún latente de contagio, también habrá una serie de beneficios como la comida casera para algunos y ahorrar costos de comer por fuera, así como los gastos de transporte evitando los largos y desgastantes desplazamientos en horas pico.

Asimismo, la reactivación económica y el retorno a la normalidad tendrá que obligar a que las empresas se replanteen mecanismos que permitan un balance entre su productividad y la calidad de vida de sus empleados, tanto para quienes presten sus servicios de forma presencial (30 %) y también para quienes continúen trabajando en casa (70 %), dado que la ciudad y el país continúan en emergencia sanitaria, según lo establece el Artículo 5 del Decreto 199 de 2021 expedido por la Alcaldía Distrital de Bogotá.

Por otro lado, mientras el planteamiento de ciudades de 15 a 30 minutos se hace realidad en la planeación, tal como lo plantea el nuevo POT de Bogotá, el teletrabajo aporta sustancialmente a la movilidad caótica de ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, por eso el reto para el Ministerio de Trabajo será regularlo de modo tal que sus impactos sean más positivos que negativos y lograr una flexibilización del trabajo presencial en aras de procurar la libertad de los trabajadores. Del mismo modo, el MinTIC tendrá que seguir haciendo esfuerzos por brindar mayor conectividad en el país.

Redes sociales: @tajacu7

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