Los latinoamericanos dieron su génesis al órgano legislativo, basados e inspirados en el constitucionalismo francés, norteamericano e inglés del siglo XVIII.
Sin embargo, no se han generado las grandes transformaciones que reclama la sociedad. Siendo así que, en temas relacionados y enfocados hacia la participación democrática, sí se ha evidenciado un desarrollo evolutivo, como lo ha sido: el voto de las mujeres, el incremento de los representantes en las cámaras, que los ciudadanos puedan votar sin atender a razones de estrato o riquezas, la representación de las circunscripciones especiales de las minorías.
Todos estos instantes históricos han ignorado un factor vital, que debería ser el protagonista en todos los estamentos de la sociedad: el principio de transparencia en el actuar público y privado.
Las duras críticas ciudadanas y de diferentes sectores de la sociedad hacia el legislativo, que desde las últimas décadas se ha visto envuelto en diferentes escándalos de tipo nacional e internacional, que nacen en la gran degeneración de la sociedad, llamada corrupción, hasta la desidia de sus integrantes con sus sillas vacías en un órgano que representa la democracia deliberativa; han sido factores que envuelven los escándalos históricos de los padres de la patria.
El congreso debe superar esa separación que vive con sus electores y con la realidad del país y transformarse.
Ya existe legislación desde el año 2014 que serviría como una gran herramienta para mejorar la situación que se vive actualmente, la Ley 1712 de 2014, ¨Por medio de la cual se crea la Ley de Transparencia y del Derecho de Acceso a la Información Pública Nacional y se dictan otras disposiciones¨.
El cumplimiento de esta norma y la influencia por las nuevas tecnologías, encaminados a espacios de difusión amigables de fácil acceso y cercanos con la comunidad, prefiriendo por qué los colombianos tengan a su disposición elementos de participación y deliberación que se enfoquen a cumplir con los principios constitucionales, rompería las barreras que se han impuesto para que los ciudadanos puedan estar cercanos a las decisiones que se toman en el ¨ágora¨, donde nace el principio de democracia participativa.
Así las cosas, recuperar la legitimidad política del Congreso de la República no es tan solo estar consagrado en una norma de rango constitucional, sino la real participación de todos los sectores de la sociedad en la construcción de una razón pública y de una confianza otorgada por el pueblo, que permita la creación de las agendas legislativas acordes a la realidad social del país.
“Una gran democracia debe progresar o pronto
dejará de ser grande o democracia”
Theodore Roosvelt
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