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Josué Martínez FPor: Josué Martínez

No sé si una muy mala o una muy buena, pero de terror seguro, o de horror si se quiere. Financiada por los dueños del país, que son a su vez patrocinadores de campañas políticas llenas de sospechas de corrupción y delitos. Proyectada día a día a través de los medios de comunicación oficialistas e indolentes, cómplices, coautores, sin memoria, sin alma, sin responsabilidad social, sin escrúpulos, sin vergüenza; canales de televisión, emisoras de radio, periódicos y plataformas web serviles y leales a presentar esa película de ficción siniestra, esa cortina de humo, ese show, esa payasada que se inventaron para mantener a la gente lejos de la realidad.

Una película con personajes bien definidos, con roles bien logrados, con villanos y héroes convincentes, con una maquinaria bien aceitada, con los diálogos perfectamente aprendidos, con papeles clínicamente pensados e ideados, sin error alguno en los libretos. Personajes como el supuesto presidente, carismático, familiar, honrado, moralista, vanguardista de las nuevas tendencias, ilustrado, divertido, cercano a la gente, joven, tecnológico; hay que reconocer lo bien que les quedó hecha esa caracterización.

El fiscal general, abogado defensor desde siempre de los más poderosos, ideal para el cargo más importante en materia judicial y de investigación del país; no pudo ser mejor, el personaje que más sabe de secretos entre los grandes, cuidando los intereses de esos más grandes, no permitiendo que nadie meta mano en los asuntos más oscuros y más delicados de corrupción; ¡Personajazo!

Revisando la trama puede encontrar coincidencias siniestras, macabras, buenísimas, llegando al clímax en el momento en que los testigos que tenían algo que ver con las sospechas de corrupción en su contra, mueren envenenados con cianuro. Oh, por Dios, con solo estos dos personajes, al menos ya deberían nominar a la lumbrera que se ideó este guión.

Pero qué tal este otro, en un país con un conflicto tan grande como su desigualdad y pobreza, se inventaron un personaje que raya con lo absurdo, pusieron a dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica, a un tipo que niega el conflicto armado en el país y que ahora, según expertos, puede meter mano y controlar a su antojo, todos los archivos de la historia del conflicto. Inimaginable. Qué irreverencia, qué cinismo, eso se llama ir en contra de las normas establecidas, apúntele otro reconocimiento al director a este futuro éxito en taquillas.

Personajes secundarios por cantidades industriales. En la vicepresidencia, la primera mujer que ocupa ese cargo en la historia del país, mujer luchadora y emblema de los derechos de las mujeres, eso sí, de las de su línea política y, hay que decirlo, una de las que más deja que desear por su pobre actuación. Tanto tiempo después y no ha podido aprender que, al verdadero presidente, tiene que decirle ex presidente y al suplente, debe decirle presidente. Es el papel más discreto sin ninguna duda.

En el ministerio de hacienda un personaje controvertido e investigado por haberse lucrado con recursos naturales en detrimento de las personas más necesitadas en diferentes regiones.

Y así podemos seguir con más y más personajes de esta macabra puesta en escena que se llama Colombia, pero hay que hablar también de la excelente fotografía en esta producción, el ambiente, el escenario, los colores. Particularmente ninguno de los personajes de esta película, sean principales o secundarios, responden preguntas a ciertos medios de comunicación, a los que se caracterizan por tener algo de independencia y no ser oficialistas. Cuando son increpados con preguntas que los acorralan se salen por la tangente y repiten una misma frase incoherente una y otra vez, hasta que logran el objetivo de no hablar de lo que no quieren: “creo fehacientemente en la importancia del cerco diplomático”, por ejemplo.

Y ni hablar de la trama, para cerrar con broche de oro una producción que puede pasar a la historia. Todo este gran elenco de lumbreras, dedicadas a tratar de arreglar un país vecino que viene arrastrando un problema de dictadura en su gobierno, escenario muy parecido al de la película. Tal cuál como si les hubiesen dado el papel de policías del vecindario, dedicados 24/7 a cada que vuele una hoja en Venezuela, reportarlo como un acontecimiento de lo más importante.

Por último, lo mejor del cuento, el dueño del aviso, la mente de la obra maestra, la lumbrera mayor, el cerebro de la operación, el patrón, oscuro patrón, el gran director de esta película de horror y barbarie. Un autodenominado presidente eterno que no supo pasar la página y dar un paso al costado dignamente, sino que continuó intentando seguir con el siniestro control de un país que se desangra en su corrupción y su conflicto. Oscuro personaje que cuenta en su prontuario con investigaciones y sospechas, que tiene a la mayoría de sus cercanos en la cárcel o investigados por corruptos, que es la mano que dirige todas las marionetas/personajes para distraer a la opinión pública de lo verdaderamente importante. Director de orquesta que desde su enigmático escondite teje y teje y sigue tejiendo la forma de enrolar todo a su justa medida, a su justo beneficio, a su eterna impunidad.

Y mientras que cada día, en cada emisión de noticias nacionales, en cada titular o portada de periódico, todos en Colombia nos desinformamos y asistimos a un show mediático e inventado, a una cortina de humo, a un pasatiempo, a una perdedera de tiempo; la realidad, la verdad, lo que sucede de manera cruda y dura en las ciudades, en las poblaciones, en los corregimientos, en los municipios, en las veredas, en las calles, en las cuadras, en los parques, pasa desapercibido frente a nuestros ojos; la desigualdad, la inequidad, la delincuencia, el microtráfrico, la minería ilegal, la lucha por las rutas de la droga, los abusos, las violaciones, los crímenes, la injusticia, la falta de oportunidades, el abandono del estado, la ausencia de inversión social; se enquista, se adhiere, penetra, corrompe, hiere, se apodera, ciega, irrumpe, llena por completo nuestra existencia, y todo lo que al parecer se puede hacer es resignarse y pudrirse de impotencia y desasosiego.

La única salida que se me ocurre, después de todo, la encontré viendo una entrevista de Gaspar Noé a propósito de su película Clímax, donde dice lo siguiente: “La gente que va a ver películas de cine sabe que es todo magia, que las mujeres que cortas en dos partes sobre el escenario no están muertas, que el sombrero es un globito inflable; es difícil escandalizar a la gente. Para hacer algo realmente escandaloso habría que hacer un documental. Lo que pasa también es que tanto los directores de festivales, como los directores de canales de televisión, los banqueros, todos los que manejan el pre financiamiento de un película y la difusión de una película, no quieren escandalizar, así que si quieres hacer algo realmente escandaloso, tienes que atacar por sorpresa, tienes que cambiar la bobina a último momento.”

Se me ocurren dos moralejas para esta frase descomunal de Gaspar, una es que deberíamos dejar de ver la película que quieren que veamos y buscar más documentales para enterarnos de lo que de verdad pasa y lo segundo, es un mensaje a los medios: deberían dedicarse a presentar documentales, la vida real pura y dura, y dejar la falsa ficción con la que llenan día a día sus parrillas.

@10SUE10

 

 

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Son un grupo de jóvenes que dan su visión particular sobre el acontecer político, cultural y social ante todo tratando de generar una reflexión critica.

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4 Comentarios
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  1. mauricio990183

    Desde mi punto de vista, me gustaría ver la secuela de este escrito, donde hable del otro lado, de pronto sea la salvación o finalice en un horror más espeluznante todavía. Lo cierto es que periodismo no hay hoy en día, y por más que quieran siempre son periodistas o escritores políticos, que solo muestran la verdad que quieren que vean, porque no son lo suficientemente “PROFESIONALES” para ser imparciales, de ese tipo de profesionales que anhelamos tanto, se acabaron hace décadas. Paz en sus tumbas por esas personas que de verdad hicieron periodismo.

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