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Los debates sobre el periodismo son buenos para las audiencias y la ciudadanía en general. Recientemente, nuevos medios han elaborado secciones y cubrimiento de medios con críticas muy profundas a la estructura y la línea editorial de algunas empresas informativas.  

La Silla Vacía es pionera en la nueva crítica de medios que en Colombia hacía, hasta hace algún tiempo, con maestría, Omar Rincón. Esa crítica de medios es necesaria para que las personas tengan mejores herramientas a la hora de escoger sus fuentes de información para formarse ideas y decisiones en el día a día. 

Sin embargo, no pude ser sesgada ni selectiva y tampoco mediocre. Con esto quiero decir que la única forma de hacer análisis y crítica de medios es a partir del conocimiento sobre cómo funcionan los medios y sobre un profundo análisis detallado de los contenidos durante un largo periodo al medio específico al que se quiere analizar. 

Si la crítica de medios parte de combates personalizados por competencia o con sesgos de origen sobre cuál debería ser la línea editorial correcta, está condenada a fracasar. Recientemente, en Colombia la crítica a los grandes medios está dirigida solo hacia empresas como Semana o El Tiempo. Pero pocos cuestionan errores y sesgos en El Espectador o en Noticias Uno, que existen.

La Silla trató de equilibrar recientemente con un artículo muy bien elaborado sobre el contenido de Canal Capital, que está parcializado sin equilibrio a cuestionar las políticas del gobierno nacional y al uribismo en general, pero con muy poca critica a la administración de Bogotá. 

Istock.com

Esto tiene un problema adicional. El periodismo está empezando a cobrar mucha relevancia en las redes sociales. Ya lo hacía desde tiempo atrás, pero hoy es innegable que los periodistas estamos cada vez más presentes en las redes como canales de información o de construcción de opinión. Allí hay toda una nueva definición de audiencias que se informan y edifican en su criterio de acuerdo a las opiniones de periodistas. 

Marty Baron, el exdirector del Washington Post y reconocido por haber dirigido el Boston Globe en el momento de la publicación del escándalo sobre sacerdotes pederastas en la Iglesia de Boston y más tarde en todo el mundo, dijo en una entrevista con Semana que los periodistas que trabajan para grandes medios no deberían ser una rueda suelta en sus redes sociales. (https://www.semana.com/nacion/articulo/no-creo-que-un-periodista-por-estar-en-redes-sociales-pueda-estar-autorizado-para-decir-lo-que-quiera-marty-baron/202100/)

Esto significa, en criterio de Baron, que no bastaría con colocar en el perfil que las opiniones personales en Twitter no representan a la empresa con la que trabaja un periodista para que su opinión pueda validarse de forma pública. Dice Baron que en el Washington Post los periodistas solo tienen permitido trinar lo que pueden perfectamente publicar o sostener al aire en los diferentes formatos del periódico. Eso en la comparación con las redes tiene una diferencia enorme y es la falta de editores. 

Un periodista en Twitter, es mi caso, no tiene editores, y sin editores no hay periodismo. En Twitter no hay consejos de redacción, ni editores que supervisen las publicaciones. La condición natural y sine qua non para que exista el periodismo es la edición. Y los editores son de hecho los cargos más importantes en cualquier medio porque su trabajo es el de curadores de la información. Esto tiene una consecuencia en la realidad y es que nadie controla lo que los periodistas opinamos y decimos en nuestras redes y que termina dándole forma al debate público y a las discusiones de sociedad.

Sin editores que puedan comprobar que los datos sobre una publicación son correctos, equilibrados, veraces, acertados, sin sesgos y sobre hechos, los periodistas terminamos opinando de todo sin filtro. Yo mismo he caído en ese error desde hace años y hoy creo que no está bien. 

El camino debe ser opinar cada vez menos en las redes, y limitarnos a entregar hechos novedosos y ciertos sobre situaciones que puedan ser relevantes para las decisiones de los ciudadanos todos los días. 

En esa lógica surge una nueva pregunta. ¿Hay entonces que otorgarle el espacio de la opinión a los activistas o políticos para que estos formen criterio en las redes con sus agendas privadas? La respuesta es no. En un momento como este, de total difusión de mentiras y de estrategias políticas de ambos lados de los extremos, y en algunos casos pagadas, para que la sociedad se forme ideas sobre cosas que no corresponden a la verdad, es un deber ético de los periodistas que conocemos en profundidad los hechos corregir a quienes mienten; desautorizarlos y exponerlos públicamente. 

No hay opinión en que un periodista le diga a un político que en una publicación previa dijo algo que no correspondía a la verdad; que no está concluido con comprobación o que es una noticia falsa. Los periodistas somos los que mejor conocemos la exactitud de lo que pasa todos los días en nuestro país y en el mundo porque tenemos acceso a todas las fuentes de información. Es una obligación asegurarnos de que esos hechos con los criterios del método periodístico sean conocidos de forma exacta por la sociedad, sin la previa desconfiguración de quienes tienen intereses electorales, de destrucción o de dinero en las redes. 

Hoy el periodismo es más importante que nunca por la facilidad que tienen los populistas para acceder a sus audiencias y mentir. No se puede permitir que el debate público esté atravesado por la mentira, la exageración, la anulación de quien piensa diferente y la modificación selectiva de los hechos. 

En cualquier caso, la opinión sobre coyuntura no es lo que convierte a alguien en periodista. El genero opinión existe, por supuesto. En la enorme mayoría de casos quienes han ganado premios de periodismo de opinión en Colombia y en el mundo han sido periodistas con una larga trayectoria en la dirección o edición de medios. Una cosa es ser periodista y opinar con una columna. Otra cosa es ser opinador y creer que eso nos hace periodistas.  

La línea que divide a los periodistas del activismo es delgada. En todos los ángulos. Desde aquí hago un mea culpa por opinar sobre todo sin criterio periodístico y la promesa de que habrá cada vez menos opiniones y más hechos limitados en las redes sociales. Todos deberíamos hacer un esfuerzo por desopinizarnos y hablar más de hechos ciertos no ligeros que harían el debate más tolerante, inteligente y menos radical.

@santiagoangelp

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