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Por: Sebastián Zapata Callejas

A la reconfiguración de la violencia y el panorama inquietante que se le viene al país en materia económica, se le debe sumar la incertidumbre en materia política que se anda gestando en la nación, y que puede volverse una bomba de tiempo por cuenta de los populismos y las ansias de algunas figuras de socavar el régimen político colombiano que, aunque defectuoso, ha tenido un funcionamiento democráticamente “aceptable” en la historia republicana.

Para muchos es impensado que, en plena crisis decantada del covid-19, en lugar de buscar pactos y acuerdos para consensuar ideas para afrontar los actuales efectos nocivos de la pandemia- y que se seguirán viendo en los años venideros-, muchas figuras públicas estén pensando exclusivamente en quién será el elegido para reemplazar a Iván Duque en la silla del Palacio de Nariño, en las próximas elecciones del 2022.

El problema real de todo este cinismo y oportunismo político no radica en que se haga campaña con dibujos o mapas conceptuales sin sentido en medio de una pandemia, se busquen titulares con ideas “taquielleras” o se perfilen para ser presidentes publicando memes, como lo hacen algunos que han jugado a la política por décadas pero que se disfrazan en las redes de alternativos. El meollo del asunto y el que debería prender las alarmas es que parece haber una estrategia sistemática de un sector concreto, el ala más radical de la extrema izquierda del país que no se limita a postulados “antielites” o “antipolíticos”, sino que propende en el fondo y de manera evidente por la desinstitucionalización y desestabilización de Colombia.

Es claro que Colombia es una nación que se asemeja poco a la perfección del país ideal, pero de llegar a caer en un gobierno tan errático y perturbador como lo está buscando la izquierda radical puede ser un craso error histórico, más si se llega a dimensionar lo mucho que va a estar golpeada la nación, en todas las esferas sociales, en los próximos años gracias a la pandemia que se expande sin tregua por estos días.

Ahora bien, se puede estar de acuerdo con que la invención del mito “castrochavista” no fue más que una herramienta de campaña del expresidente que más se ha apegado al poder en las últimas décadas y su sequito de erráticos seguidores de extrema derecha. Si de algo se puede estar seguro es que Colombia nunca será la Cuba o la Corea del Norte de este lado del continente.

Pero lo anterior no quita la alerta roja ni puede enceguecer a los colombianos que la extrema izquierda está armando toda una estrategia para incendiar al país en todos los aspectos de la vida social con fines exclusivamente electorales. Un camino similar fue tomado hace años para timonear a países como Argentina, Venezuela, entre otros, y ya se puede sacar conclusiones.

De llegar a triunfar en el 2022 un gobierno disfrazado de alternativo, pero totalmente ideologizado de extrema izquierda, se van a tener resultados totalmente negativos que perdurarán en el mediano y largo plazo. Algunos de ellos serán: ahuyentar al sector privado y la inversión extranjera, hacer populismo con los recursos primarios, desequilibrar la economía, desbalancear la política migratoria, jugar con las necesidades de las personas mediante la implementación de subsidios innecesarios, el encogimiento del sector productivo y el empleo, mutar el sistema político a favor de los poderes emergentes, desequilibrar la balanza democrática, instaurar una política de lucha y antagonismo de clases obsoleta, establecer una reconfiguración de los aliados internacionales ampliamente ideologizada, alienar a la ciudadanía hacia el populismo de izquierda y minar la libertad de expresión.

En este orden no queda más que hacer un campanazo para que no se siga tragando entero las mentiras y utopías que están prometiendo los populistas de extrema izquierda para llegar al poder, los cuales ya tienen de candidato presidencial al perdedor de la segunda vuelta de 2018.

@sebastianzc

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Son un grupo de jóvenes que dan su visión particular sobre el acontecer político, cultural y social ante todo tratando de generar una reflexión critica.

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Esa es exactamente la idea.

Me encanta Sigur rós, no lo voy a negar. Por lo tanto, es difícil que yo diga que no me gusta alguna parte de su música. Pero sucede que yo casi nunca le pongo cuidado a la letra de la música que oigo, en caso de que esa letra exista. Lo que dice Gudmundur (el autor del blog) me parece concluyente; como no somos islandeses ni hablamos islandés, no nos hace diferencia alguna oír a alguien cantando cosas sin sentido, pues sin importar lo que diga parece estar cantando en un idioma desconocido.

Parece ser que no creamos barreras ante lo que se diga en otros idiomas, y puede llegar a sonar igual de bien un poema en ruso que una sarta de ofensas pronunciada en el mismo idioma (claro está - si comos completamente ignorantes ante este lenguaje). Sabemos que se trata de otro idioma, y (como en el caso del islandés) si no tenemos idea acerca de éste, más uniforme será la impresión que produzca lo que se diga.

Entonces, ¿por qué es molesto oír "hopelandic" siendo islandés? Supongo que Gudmundur no será el único que sienta lo mismo, aunque seguramente habrá quien disfrute más cualquier pista de ( ) que otra que lo siguiera o precediera, y en su mismo idioma. Esta es la clase de cosas que siento que no se puede llegar a conocer del todo; supongo que habría que nacer islandés para entender.


Si quieren oír más de Sigur rós, les recomiendo Svefn-g-englar, Flugufrelsarinn y Gobbledigook.

En ese orden.


dancastell89@gmail.com
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Quizás no conozcan a Sigur rós. Esta puede ser una buena introducción a ellos, según lo que yo creo. Lo que sigue se llama Inní mér syngur vitleysingur, lo que significa algo así como "junto a mí canta un loco":




Sigur rós es una banda islandesa que existe desde hace casi catorce años (desde 1994). Los oí por primera vez en el cine, pues se utilizó su música en el trailer de la película Children of men (2006) - lo que suena es Hoppípolla ("saltando charcos"). Luego de eso me he enterado de lo reticentes que son sus integrantes a comercializar su producción, y he desarrollado un gusto inmenso por su trabajo. También tengo una afición irracional por Islandia, y no sé muy bien por qué.

Pero eso es otro asunto; vamos al grano.

Esta es la dirección de ojos de mosca, un blog sobre música islandesa escrito en castellano por un islandés. Hace un tiempo leía allí mismo una pequeña reseña que hacía el autor acerca de Takk..., el tercer álbum de estudio de Sigur rós. Y me pareció muy interesante la opinión que presenta la entrada. A ver si esta vez sí me puedo explicar.

El segundo álbum de Sigur rós se llama ( ). Sí, así se llama. Le debe su nombre tanto al hecho de que ninguno de los cortes que lo componen posee título (las ocho pistas se llaman Untitled 1, Untitled 2 y así sucesivamente - aunque luego del lanzamiento del álbum, los seguidores del grupo contribuyeron a nombrar las pistas una a una) como a una particularidad característica de Jónsi, el cantante; quisiera que trataran de descubrirla ustedes primero. Para eso, otro video; lo que sigue se llama Untitled 4, o Njósnavélin (la máquina espía):




¿Lo notaron?

Yo tuve que leerlo para caer en cuenta; no sólo usan un arco de chelo para tocar la guitarra eléctrica (lo que produce ese sonido tan intenso de vez en cuando), sino que Jónsi no canta en un idioma en particular. Lo que dice no está dicho en islandés; ninguna de las canciones que componen el disco lo está. Han llegado a llamarlo un lenguaje aparte (que no lo es): "vonlenska", o "hopelandic". Y esa es sólo una de las interesantes particularidades de este grupo.

Vuelvo al blog del islandés. Luego de tener un poco de idea acerca del grupo, transcribo (con estilo corregido, porque el hombre escribe ligeramente mal el español) su opinión sobre el disco que siguió a ( ):

Su nuevo álbum Takk... ("Gracias..."), ha salido hace poco. A mí me parece una maravilla, mucho mejor que ( ), que no me ha gustado tanto (...). No sé que opináis, pero para mí, el hopelandic nunca ha funcionado, es demasiado pretencioso y un poco tonto. A lo mejor no fastidia tanto a extranjeros que quizás no oigan la diferencia entre islandés y hopelandic, pero a mí me fastidia tanto que casi no lo aguanto.


Esa es exactamente la idea.

Me encanta Sigur rós, no lo voy a negar. Por lo tanto, es difícil que yo diga que no me gusta alguna parte de su música. Pero sucede que yo casi nunca le pongo cuidado a la letra de la música que oigo, en caso de que esa letra exista. Lo que dice Gudmundur (el autor del blog) me parece concluyente; como no somos islandeses ni hablamos islandés, no nos hace diferencia alguna oír a alguien cantando cosas sin sentido, pues sin importar lo que diga parece estar cantando en un idioma desconocido.

Parece ser que no creamos barreras ante lo que se diga en otros idiomas, y puede llegar a sonar igual de bien un poema en ruso que una sarta de ofensas pronunciada en el mismo idioma (claro está - si comos completamente ignorantes ante este lenguaje). Sabemos que se trata de otro idioma, y (como en el caso del islandés) si no tenemos idea acerca de éste, más uniforme será la impresión que produzca lo que se diga.

Entonces, ¿por qué es molesto oír "hopelandic" siendo islandés? Supongo que Gudmundur no será el único que sienta lo mismo, aunque seguramente habrá quien disfrute más cualquier pista de ( ) que otra que lo siguiera o precediera, y en su mismo idioma. Esta es la clase de cosas que siento que no se puede llegar a conocer del todo; supongo que habría que nacer islandés para entender.


Si quieren oír más de Sigur rós, les recomiendo Svefn-g-englar, Flugufrelsarinn y Gobbledigook.

En ese orden.


dancastell89@gmail.com

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SPACEPLAN está disponible en la App Store, Google Play y Steam.(...)

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