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Estoy totalmente de acuerdo con la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, Cristina Plazas Michelsen, quien esta semana, según registraron varios medios, insistió en que los abusadores sexuales de menores de edad deben pagar su delito con cadena perpetua.
Sé que una cárcel no es el lugar indicado para ningún ser humano y que la vida y los tratos en las prisiones son lamentables, pero las sociedades no han encontrado otra fórmula para que quienes cometen delitos atroces puedan reintegrarse a la vida de los demás sin causarles más daño. De hecho, se ha investigado y escrito mucho sobre aquellas personas que por su condición psiquiátrica no tienen clara la noción del bien o del mal o no son capaces de sentir empatía y los estudios han concluido que en estos casos no hay nada que hacer, seguirán delinquiendo, jamás se van a regenerar. En dónde terminen estos delincuentes es un problema que todavía deben resolver los expertos para guiar a los dirigentes.
Pero lo que sí debemos buscar todos como sociedad es saldar la deuda de desprotección que tenemos con los menores de edad. Las cifras son aterradoras: en febrero de este año, la senadora Nohora Tovar presentó cifras de Medicina legal según las cuales en el primer trimestre de 2015 se recibieron cerca de 11.000 denuncias de abusos contra menores y el 83 por ciento de estos casos correspondieron a niñas entre 10 y 14 años. Y lo que es peor, el 42 por ciento de los casos de violencia sexual se cometieron en los propios hogares de los niños.
Hace menos de un mes, la Organización Mundial de la Salud, OMS, informó que mil millones de niños sufrieron abusos físicos, sexuales y psicológicos en 2015, y que una de cada cinco niñas sufre abusos sexuales una vez en su vida.
Uno de los argumentos de quienes se han manifestado en contra de la cadena perpetua es que ya la legislación colombiana establece penas de hasta 60 años de prisión lo cual equivale a una cadena perpetua y que, además, como estos abusos sexuales los comenten muchas veces miembros de las familias de los niños o personas conocidas por ellos, las víctimas no van a denunciar si saben que el castigo será para toda la vida. Me parece un poco ingenuo creer que la no denuncia se debe a la extensión de la pena cuando el silencio de las víctimas está más relacionado con las amenazas, con el miedo, con la presión familiar, con esos secretos que no se hacen públicos porque avergüenzan y porque la situación suele ser muy confusa para el menor, porque lo más doloroso en estos casos es que se mezcla el imaginario de lo que debe ser un padre, un tío o un hermano, con lo que es en realidad como abusador.
Otro argumento en contra de la cadena perpetua es que los castigos deben ir acompañados de “medidas psiquiátricas”. Obviamente la sola legislación no cambia un país, es necesario cumplirla y educarnos a todos, pero pregunto: ¿Cuáles medidas psiquiátricas son las que evitan que quien abuse de un menor de edad no reincida? Estoy segura de que si esta fórmula existiera ya los países desarrollados la estarían aplicando.
El debate sobre establecer la cadena perpetua para abusadores de menores de edad en Colombia debería ser una prioridad de los congresistas del país, pero claramente no están interesados en ello y menos ahora cuando se puede avecinar una firma de la paz con miembros de las Farc que han abusado sexualmente de muchas niñas, como se confirmó también hace pocos días. Ya la ausente senadora Gilma Jiménez, quien le entregó su vida a la defensa de la infancia en nuestro país, logró dar la batalla en 2009 por un referendo al respecto que fue declarado inexequible por errores de procedimiento. En 2011 el debate volvió al Congreso y el proyecto se hundió. Ahora, la directora del Icbf quiere volver a dar la pelea.
Tal vez tengan razón quienes afirman que una pena de 60 años equivale a toda una vida, pero creo firmemente que las leyes les envían mensajes a los ciudadanos y establecer en Colombia la cadena perpetua para quienes abusan sexualmente de los menores de edad es devolverles a los niños un lugar en el país y es decirnos a todos que estamos dispuestos a evitar que sean víctimas y a castigar con todo a los victimarios cuando los haya. Creo que la cadena perpetua también es necesaria como un mensaje de que este es el peor crimen que alguien puede cometer. Como dice Cristina Plazas “los violadores son los peores criminales de la humanidad, el abuso sexual infantil es el delito más atroz, cruel e inhumano y sobre estos delincuentes debe caer todo el peso de la ley, más aún cuando se trata de una persona que debe velar por la protección de los derechos de nuestros niños”.
Creo que es una obligación como sociedad separar a los abusadores de sus víctimas, aislarlos por completo de aquellos a quienes les pueden arruinar su vida para siempre.

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PERFIL
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Después de escribir por más de 20 años en revistas, periódicos y páginas web sobre lo que opinaban, decían y hacían los demás, decidí dar mis propias opiniones. Ahora trabajo como periodista independiente y como profesora universitaria. Escribí el libro "Mi bipolaridad y sus maremotos" como una forma de luchar contra el estigma hacia la enfermedad mental.

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-->Tequilera, bar tender, lavaplatos, cocinera, mesera, estos son muchos de los trabajos de primera línea a los que se puede enfrentar un inmigrante, iniciando su nueva vida en Canadá. Así lo hice yo.

¿Devolverme a Venezuela o quedarme en Canadá? Esa era la pregunta que retumbaba en mi cabeza mientras ese ángel que encontré en Migración hacia mi aplicación, la cual me permitió como estudiante de idiomas y con mi nuevo status llamado Destitute Student (‘Estudiante Indigente’) conseguir una visa de trabajo Después de pensarlo por tres días, decidí quedarme a trabajar en Canadá para poder pagar mis estudios y como decimos los venezolanos’’echarle bolas’’, porque definitivamente en esta vida no se escoge dónde se nace, pero sí dónde vivir.  Bienvenidos a la segunda parte de mi historia, donde les presento un momento fundamental de mi pasado y mi presente en este país. Debo confesarles que nunca pensé que fuese a ser tan difícil, pero ahí estaba yo, aventurándome a un mundo desconocido, con el único objetivo de reunir, en poco tiempo (4 meses), el dinero para pagar el cincuenta por ciento (15.000 CAD) de mi maestría, pero no solo eso, debía pagar también la renta y mis gastos personales y lo sé, suena descabellado, pero lo asumí con mucha planificación y meticulosidad.
’’Uno nunca sabe lo fuerte que es, hasta que en realidad tiene que ser fuerte’’
Conseguí el primer trabajo de mi vida. Este quedaba en el Viejo Puerto, una zona muy turística de Montreal. Allí aprendí lo que es ser multitask: servir diferentes tipos de cervezas, hacer pizzas, fajitas, poutine, alitas de pollo, hamburguesas, de todo. No era mi único trabajo, tenía que reunir el dinero suficiente, así que de domingo a domingo y durante esos meses mi rutina se resumía en: tomar órdenes, cargar montañas de platos y limpiar baños como a muchos inmigrantes nos toca al inicio. 
’Y es que en las adversidades es donde nacen nuevos guerreros’’
Creo que jamás en mi existencia he trabajado tanto. No tenía más vida: todas las tardes salía del Viejo Puerto, a iniciar mi siguiente turno en un restaurante italiano en el que más que salario trabajaba por comida. El dueño amablemente me brindaba lo que no se vendía y así yo podía ahorrar gastos. Ese señor se convirtió como en mi abuelo, mi abuelo italiano.
 
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Además del trabajo, yo seguía estudiando francés todas las mañanas hasta el mediodía. Al terminar el verano comencé el máster. Un año más tarde, me gradué de abogada en Derecho Internacional de Negocios, LL.M de la Universidad de Montreal, con un GPA de 3.8, demostrándome que en mi vida no habría obstáculos más grandes que mis ganas de crecer y de superarme. Inspirada en esto, apliqué a la Residencia Permanente.  Al cabo del tiempo, empecé nuevos estudios, pero esta vez, en Inmigration consulting y logré culminarlos también. La vida comenzó a sonreír un poquito más, después de tantos sacrificios, todo estaba dando los mejores frutos. En medio de esta travesía, comprendí que no estaba sola en esta situación, ni era la única con un sueño por cumplir. Somos miles de migrantes a diario dejando todo atrás y buscando una mejor vida, así que algo detonó en mi cabeza, era el momento de que Eddy Ramírez pusiera en práctica sus estudios, experiencia y todo lo que aprendí de mi mamá.  Finalmente, llegó el día de materializar y darle vida a esta Tierra de Inmigrantes.    Continuará… Con amor, Eddy.   

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3 Comentarios
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  1. monicalosada0812

    Por favor hay que ir a las carceles de este pais para darse cuenta que están llenas de inocentes que han sido condenados simplemente porque una mujer decidió poner en su contra a su propio hijo, y las autoridades con el ánimo de mostrar que se imparte justicia no vacilan en declarar culpable al que no lo es. Un ejemplo claro fue mostrado en el programa Septimo dia “pastorcitos mentirosos”

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