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Cuando finalmente llegué de darle la vuelta a la manzana, mamado, ya algunos se habían olvidado -o no se habían percatado- de que yo me fui a correr maletas en mano. Es que uno ya no está para esos trotes, literalmente. Hace unos años les habría hecho la San Silvestre con una mano amarrada a la espalda.

Agüeros hay montones, cada año me entero de uno nuevo. Nuevo para mí, quiero decir. Yo no suelo ser de los que los “practican” porque no creo en eso. No estoy convencido de que el hecho de hacer “algo” el último día del año me defina el siguiente, o de que el primer minuto del año vaya a marcar lo que serán los 525.599 restantes. Para mí la cosa es más de proponerse objetivos, propósitos o metas y procurar cumplirlas. Cosa que tampoco hago. Creo que mi propósito de cada año, al ver la emoción con que cada uno hace su lista es “carajo, ¡¡este año sí hago lista de propósitos!!”. Parafraseando a mi amigo Sebastián (@sebasjuantian): “Este año sí. ¿sí qué? No me pregunten, pero este año sí, ¡¡juepuerca!!”

Es verdad, este año sí. Este año haré el ejercicio de hacer propósitos, que no tienen que ser antes del minuto 1 del día 1. Pueden ser el primero, o el dos, o cualquier día. Lo importante es hacerlos. Al menos funciona para los no tan entusiastas como yo. Tengo pensados algunos pero no los he escrito así que me daré a la tarea más tarde, luego de que juegue un rato xbox, vea un par de películas y lave la loza -entre los propósitos están ver menos televisión, leer más y escribir mucho más-.

Por supuesto no puedo dejar de mencionar las cabañuelas (wikipedia) que, bajito bajito, son de 1840. Si hacemos la matemática, son 170 años de tradición. Y aún hay gente que lo cree. Hagamos el ejercicio: Si es por eso, basándonos en lo que uno ve por estos días, el 1o de enero va a tener mucho sol, como quien dice, Enero puede ser berracamente soleado. Ahora, si eso es cierto, de aquí al 31 va a hacer sol. Yo me pregunto: si hace sol hasta el 31, quiere decir que del 1 al 12 hará clima seco, por tanto todo el año hará sol. Lógica ilógica. ¿O es que las cabañuelas no aplican para Enero? ¿O sólo desde el 13 cuando ya no hay mes que le corresponda? ¿Es una “ciencia” inexacta? ¿O como toda regla tiene sus excepciones? ¿O es que los medios de Dios son misteriosos? En fin, no creo que haya muchas vueltas qué darle. No creo en eso. Aunque les confieso que todos los años le presto especial atención al día 3 de enero, hacia las 4 de la tarde que es cuando coincidiría el 21 de marzo, día de mi cumpleaños. Digo, uno nunca sabe: “no creo en brujas pero de que las hay, las hay”.


El 31 de diciembre está lleno de creencias y supersticiones, y uno no puede apuntarle a todas. Lo digo por experiencia propia. Aunque no creo en eso, el año pasado decidí incluirme en la fiesta, el jolgorio, el ayombe y el güepajé, y me le medí al agüerismo decembrino. Desde el 29 de diciembre compré en la plaza las 7 yerbas para el baño que me daría el 31. Madrugado me levanté para poner a hervir semejante mezcla digna de cualquier bruja de marras y me di el baño cantando “me dejóóó una chiiiiva una burra negraaa” -la parte de la buena suegra la canté duro porque esa sí resultó cierta-. Tras quitarme la última hoja yerbabuena que tenía pegada a la espalda y salir oliendo a cilantro mentolado, me arreglé para la tradicional reunión familiar.

Fuente: http://www.mamanatural.com.mx/

Fuente: http://www.mamanatural.com.mx/

En la mesa del comedor dispuse mi paquetico personal de espiga, debidamente enlazado con cinta roja. Si vamos a hacer algo, pues lo hacemos bien hecho, ¿no?. Al dar las 12 agarré mis 12 uvas y empecé a engullir con cada campanada. No intenten esto en casa, es para profesionales. Como yo no lo soy, por poco muero a la cuarta uva que estaba más grande de lo esperado. Entre uva y uva repartí besos a mis tías, primas, mamá. Incluso creo que alcancé a rumbiarme a mi tío Miguel, pero él dice que no, medio colorado. Supongo que quiere borrar ese episodio. Igual, todo queda en familia.

Aún con dos uvas entre la boca agarré par maletas y me di a la carrera. En el barrio de mi abuelita las cuadras son un poco más grandes de lo normal, porque el barrio es una serie de “conjunticos” residenciales, pero como ahí viví toda mi infancia no sería la primera vez que lo hacía. Salí cual raponero de la 13 con sendas maletas y empecé mi recorrido a lo que me daban las piernas. Ahí fue cuando recordé que ya no tengo veinte años y a la media cuadra ya estaba sacando la lengua. Pero el problema fue cuando al llegar a la cuadra siguiente para darle la vuelta a la manzana noté que el conjunto estaba enrejado -y no como en mi infancia- y tenía las puertas cerradas. Mi vuelta a la manzana se convirtió en dos manzanas del tamaño de una papaya saludable y bien formada, pero me dije a mí mismo: “bueno, con esto mínimo me voy a Dubai, lo vale, lo vale”. Ok, no me lo dije, jadeé tres palabras y el resto me limité a pensarlo, pero también cuenta.

Fuente: vamosacorrer.com

Fuente: vamosacorrer.com

De regreso me fui por la paralela de la autopista así que varios carros me pitaron emocionados y celebrando -eso pensé- aunque para mí fue como escuchar las cornetas del Apocalipsis. Creo que vi la luz y todo. Aturdido como estaba decidí parar faltando media cuadra a tomarme el pulso. ¿Recuerdan que en una media maratón murieron dos personas? Bueno, yo sí y no me iba a arriesgar. Además muchos vuelos tienen escalas, la corrida con maletas bien pueden tenerlas también. Llegué caminando a la casa no sé cuánto tiempo después. Nadie lo habría notado porque nadie me extrañaba.

Tras varias preguntas de familiares entendí un par de cosas. Les aconsejo, antes de meterse en estos cuentos, que se documenten bien. Sépanlo: no hay necesidad de llenar las maletas para dar la vuelta a la manzana y, sobre todo, los cucos amarillos van por dentro.

¡Feliz 2015!


 

¿Ustedes creen en agüeros? ¿Les han funcionado? A mí no mucho, como se pueden dar cuenta, pero estoy dispuesto a creer alguito si me cuentan cómo les ha ido a ustedes con eso. ¿O tienen otras tradiciones de fin de año? Sé que hay quienes queman papeles con deseos, por ejemplo. O esa de guardar plata en la billetera para que el año venga lleno de billetes.


Ya que es la última entrada del año aprovecho para agradecerles mucho a todos los lectores, a los que comentan y a los que comparten. Lo que más se disfruta de escribir es saber que hay alguien que lee. Prometo muchas historias de “Le pasó a un amigo”, ya tengo un par listas para salir el jueves 8 de enero. Les deseo feliz año nuevo, mucha felicidad y muchos éxitos en el 2015. Hagan su lista de propósitos y metan entre esos invitar a almorzar al autor. ¡Chau!


Entradas anteriores: “Gracias señor taxista por ser amable“, “Le pasó a un amigo: La cocinera“, “Le pasó a un amigo: Un día Juliana llegó


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Soy un consultor apasionado por el Social Media y los contenidos digitales. Trabajo mejorando la Reputación Digital de marcas y personas. Conferencista y profesor universitario. Director de los Premios TW, a lo mejor de las Redes Sociales en Colombia, emprendedor en los ratos ocupados, melómano y escritor en los ratos libres. Bogotano por nacimiento, ingeniero de sistemas por educación (Universidad Nacional) y tuitero por gusto.

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14 Comentarios
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  1. Hola que bueno saber que todavía sigues escribiendo. Se que nunca lo has dejado de hacer sólo que perdí mucho el interés cuando no volvieron a salir las publicaciones
    Le paso a un amigo.
    Pero nada espero algún día volver a reír y soñar con tan maravillosas aventuras dios te bendiga y un maravilloso año

  2. Omar, te felicito, no solo este sino tus otros escritos son bastante buenos y agradables de leer. Soy de las personas que piensa que no es necesario recurrir a madrazos para agregarle “sabor” a las cosas… Existen tantas palabras en nuestro idioma que realmente no lo justifica, pero entre gustos no hay disgustos 😉
    Pdta: sigo esperando el próximo relato de “Le pasó a un amigo”
    Feliz año 🙂

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